CARACAS, martes 13 de enero, 2009 | Actualizado hace
Si hay algo que Barack Obama no abandonó durante su
campaña presidencial y que tampoco prevé hacerlo
después del 20 es su dedicación al entrenamiento
diario. No está en sus planes dejar sus 45 minutos como
mínimo de gimnasio, aunque prefiere una hora o poco más,
seis días a la semana, uno para realizar sesiones de
pesas y otro para cardiovascular.
Durante los 18 meses de campaña el gimnasio fue un asunto
clave para su equipo, que debió buscar establecimientos
deportivos en decenas de estados. En una ocasión, el
17 de julio, Obama asistió al gimnasio tres veces en
sólo 16 horas, reseñó el diario The Washington
Post.
"Cumple con su rutina todos los días como un reloj.
No lo considera una obligación. El gimnasio es el tiempo
que tiene para él solo, una oportunidad para pensar.
Es su break", declaró públicamente Marty Nesbitt,
un amigo del Presidente.
Al igual que muchos deportistas gusta ejercitarse con su
Ipod. En una visita a Berlín a mediados del pasado año,
por ejemplo, en el gimnasio del Hotel Ritz-Carlton, hizo un
poco de ejercicio en la bicicleta estática al ritmo de
la música pop que escuchaba a través de ese dispositivo
y levantó hasta unos 32 kilos de peso en 10 repeticiones
con cada brazo, para luego proseguir con una serie de abdominales
y finalizar con los correspondientes estiramientos, lo que
es fundamental para evitar lesiones.
Obama es de esos que prefiere robarle un rato al sueño
en aras de entrenar. Si no se ejercita se siente mal y si
sólo puede hacer 30 o 40 minutos la sensación de
alegría no es total. Es fundamental ejercitarse al
menos una hora o más, por lo que "debe ser parte de su
agenda", según Jim Cauley, quien dirigió su campaña
a senador en 2004.
A esa rutina diaria en el gimnasio se le suman con relativa
frecuencia sus encuentros de baloncesto, una pasión que
viene desde sus tiempos de adolescente cuando sobre su camiseta
lucía el número 23, el mismo que tiempo después
engrandecería la estrella de los Bulls de Chicago, Michael
Jordan.
A Michelle, su esposa, le gusta igualmente el ejercicio,
y le dijo a la revista People que sus sesiones en el gimnasio
son de 90 minutos, tres veces por semana.
Ernesto Linzalata
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