CARACAS, domingo 11 de enero, 2009 | Actualizado hace
Chávez: ¡Vámonos...!
Presidente, aquí entre nos, necesita botar a sus asesores
o buscar otros. O tal vez no los tiene, lo cual es más
grave. Usted ha tenido éxitos políticos, pero, desde
hace algún tiempo, cosecha fracasos. No es que se equivoque,
cosa que suele ocurrirle incluso a quienes, como usted, se
consideran imprescindibles, sino que da la impresión
de estar a merced de sus furias, como si los campos magnéticos
se alteraron y el norte de su brújula sólo lo condujera
al agujero negro que tiene a sus pies.
Sin Norte.
Usted es un caso de librito. Si alguien se propusiera demostrar,
en vivo y directo, la necesidad de los contrapesos institucionales,
allí está su ejemplo para saber a dónde conduce
la ausencia de aquéllos. Recuerde que, al comienzo, Luis
Miquilena lo reconvenía en privado y José Vicente
Rangel en público; existían más medios de comunicación
independientes y los periodistas estaban acostumbrados a no
medirse ante la eventual reacción del poder. Esos factores
no le impidieron cometer disparates, pero operaba una cierta
contención.
Se las arregló exitosamente para deshacerse de los factores
de crítica. En un bolsillo tiene a la Asamblea, en otro
a los supremos magistrados; con el meñique maneja al
CNE, con un movimiento del codo derecho al Alto Mando, con
un meneo de mandíbula a su partido, y con el tic que
le sale cuando dice eh, eh, a Pdvsa. Ya no está Miquilena,
que entonces cumplía el papel tranquilizante del litio;
tampoco José Vicente que funcionó, por un rato,
como el traductor de lo que usted quería decir. La disidencia
chavista ha sido eliminada y queda usted solito sin una voz
que lo modere, dejado al juego de sus humores y a su particular
percepción de los acontecimientos.
Mire, a los presidentes les pasa que se cansan de recibir
malas noticias y algunos colaboradores les agarran el tumbao,
entonces no se las comunican y todo lo convierten en éxitos
de embuste. La falsa crítica se transforma en una manera
inteligente de adular, como, por ejemplo, cuando un funcionario
le dice: "Presidente, yo creo que usted no comprende su extraordinario
impacto mundial" o el otro que le indica "Comandante, a veces
tengo mis dudas sobre si los venezolanos lo merecen". Es la
perdición del poder.
El Maltrato. Observe las piruetas de sus colaboradores. Cuando
usted expresa que la reforma constitucional debe ser para
reelegir sólo al presidente, saltan los sospechosos habituales
a exponer las teorías que así lo sustentan, trocados
en constitucionalistas de primera. Y si algún disidente
protesta, se lo comen vivo porque, ¿a quién se le
ocurre esa tontería de que otros, distintos a usted,
puedan reelegirse en forma vitalicia? A los pocos días
Su Alteza Serenísima recibe un golpe de luna, le viene
un resplandor de adentro, cambia de opinión y decide
anunciarlo. Reúne a la manifestación más o
menos portátil que lo acompaña ahora a los espacios
(cerrados) en los cuales perora, y le anuncia que hay que
reelegir a todos, por siempre. En ese momento, saltan aquellos
que decían que era imposible la reelección, salvo
para usted, con la misma caradura, a decir que era obvio,
que cómo es posible que alguien pensara que sólo
el jefe debía reelegirse, que lo natural era que gobernadores,
alcaldes y diputados también lo hicieran.
Hasta aquí nada nuevo. Sin embargo, hay algo que parece
despreciar. Se trata de la credibilidad. Ustedes la han perdido,
no se les cree; se les ve demasiado el tramojo. Además,
su cambio de posición significa que los que están
pueden volver a postularse indefinidamente, pero, ¿acaso
no advierte que lejos de suscitar simpatías en sus hinchas
lo que le dice a los nuevos aspirantes es que no tendrán
opción? Por cada gobernador o alcalde que quiera reelegirse
hay 50 ó 100 candidatos a los cuales su propuesta les
cierra el paso. Aquí, en confianza, no cree que alguien
debería haberle hecho notar esta torta que ha puesto.
Pero, cero preocupaciones: hoy mismo podría desdecirse
y ya sabemos que sentir vergüenza, en sentido estricto,
no es lo suyo.
La Resistencia vs
la Oligarquía Roja, Roedora y Rica. Presidente:
la idea de arruinar la gestión de las nuevas autoridades
electas es muy mala. No digamos mala para el país que,
a estas alturas, debe ser para usted una abstracción
difícil de concebir, dada su personalidad planetaria,
universal, incapaz de atender minucias locales. Es pésima
para su régimen. Le apunto, mientras más sectario
se presenta y más amplios los que se le oponen, su base
se erosiona con más intensidad.
Usted y su gobierno han decidido que sólo una parte
del país -la que les apoya- existe; lo demás está
condenado a la condición de no-ciudadanía, de inexistencia
institucional, de una nada que nada sobre el vacío creado
por su régimen. Entretanto, los nuevos dirigentes provenientes
de la disidencia, hechos los locos, le dicen a los chavistas
que también caben; no les exigen camisas azules o amarillas
y defienden su derecho a pensar como quieran sin que les cueste
el trabajo. De sobra se sabe que el Gobierno está en
el plan de hacer fracasar las nuevas gestiones, pero ¡fíjese!,
hasta eso se le voltea; tanto los está cercando que un
fracaso de ellos tiene en usted el culpable, pues les negó
los recursos, les suprimió las competencias, los dejó
inermes para enfrentar los desafíos que asumieron.
La descentralización le ha salido como un espanto en
sus madrugadas insomnes. Allí se ha refugiado la resistencia
institucional. Son unas fuerzas enormes que se despertaron
y están despabiladas. Estaban latentes desde el siglo
XIX y se expresaron de muchas formas, hasta que en 1989 adquirieron
rostro institucional. Son las fuerzas de abajo y de adentro.
Son las fuerzas que usted no podrá doblegar porque su
propia gente está allí, salvo el pequeño grupo
de las tres erres, la oligarquía Roja, Roedora y Rica
que lo rodea.
Referendo.
El país parece que asistirá a un referendo anticonstitucional
por su contenido, e ilegal por los rascabucheos del CNE. Se
ha puesto a la sociedad en un nuevo brete, en el cual usted
también está. Si no ordena aplazar la consulta,
la perderá como apuntan las corrientes de opinión.
Si usted pierde, el gallinero se embochinchará y hasta
Petróleo Crudo, el camarada de Las Adjuntas, se lanzará
como candidato para sustituirlo. Si usted pierde y hacen trampa
-como la otra vez, ¿se acuerda?-, se habrá puesto
en marcha la maquinaria para su deposición. Si usted
gana con los votos, decretará formalmente el apartheid
para los no chavistas en el marco de una situación económica
pavorosa en la que no le queda más remedio que adoptar
un paquete neoliberal, aunque sea con tinte rosado. Ante esto,
tal vez le tocaría reafirmar su parecido con Bolívar
cuando en Bogotá, cansado de defecciones y derrotas,
le dijo a su ayudante, José Palacio: "¡Vámonos&
volando, que aquí no nos quiere nadie!"
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