CARACAS, miércoles 07 de enero, 2009 | Actualizado hace
12:18 PM
Barcelona (España).- La periodista
y escritora española Maruja Torres, galardonada anoche
con el Premio Nadal por su novela "Esperadme en el cielo",
confesó hoy que los tres años que ha invertido en
su escritura han sido un tiempo de "catarsis total".
"Esperadme en el cielo", que publicará en las próximas
semanas la editorial Destino, promotora del premio, narra
el reencuentro en el más allá de la propia autora
con dos de sus más íntimos amigos, ya fallecidos,
los escritores españoles Terenci Moix y Manuel Vázquez
Montalbán.
Enmarcada en la tradición de la novela y el cine de
aventuras, los tres protagonistas del relato regresan al pasado
y visitan los escenarios de su educación sentimental
y se desplazan como en un cuento por las calles de Barcelona,
de Alejandría o de Madrid.
Instituido en 1944, el Premio Nadal de novela es el más
antiguo que se otorga en España. Su entrega tiene lugar
cada año en Barcelona, la noche de la festividad de los
Reyes Magos.
En una entrevista con Efe, la periodista reveló hoy
que cuando murieron, en 2003, sus dos grandes amigos, con
tan sólo unos meses de diferencia, se potenciaron las
dos pérdidas."Se convirtieron -dijo- cada vez en más
insoportables, hasta el punto de que me volví, no loca,
pero sí solitaria".
Aunque la idea original de la novela surgió en Alejandría,
cuando un grupo de amigos esparció las cenizas de Terenci
Moix en la tierra de faraones; Maruja Torres comenzó
a escribir el libro en Barcelona y lo concluyó en Líbano,
donde le sorprendió la última guerra con Israel.
En ese viaje atravesado por una "atmósfera mágica",
los tres amigos protagonizan "un cuento de aventuras con un
final que aunque no es feliz, tampoco es resignado".
En la novela, comentó Maruja Torres, "se mezcla la realidad,
el deseo, el sueño y la necesidad de compañía,
la reflexión sobre la realidad" y sobre ella misma, y
todo a través de abundantes diálogos, en los que
la autora ha conservado "la forma de hablar de Manolo y Terenci".
La fantasía en que se ve envuelta la novela permite
piruetas narrativas, como que Terenci y Manolo se intercambien
sus papeles y el primero aparezca como un comunista a ultranza
y el segundo se erija en defensor de la causa "gay".
La protagonista vive una aventura en la que tan pronto es
la Wendy de "Peter Pan" como la Alicia del País de las
Maravillas.
Las citas cinematográficas son inacabables a lo largo
de toda la novela, "aunque sin pedantería", indicó
Maruja Torres.
El tono de la novela se va volviendo paulatinamente más
triste, conforme se acerca la hora dramática de la inevitable
despedida, aunque ello no impide a su autora declarar que
se trata de "una novela divertida en la que la muerte fructifica
la vida".
El relato ha servido de catarsis para Maruja Torres después
de la muerte de sus dos amigos y la reciente desaparición
de su hermana. "Me he pasado las Navidades haciendo espiritismo
para hablar con ella", confesó la autora, que ha admitido
que seguramente esta última desaparición acabará
desembocando en otro libro catártico, reseñó
Efe.
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