CARACAS, sábado 27 de diciembre, 2008 | Actualizado hace
Lo que todos los pueblos esperan de sus gobiernos es que
tome las medidas necesarias para que cada uno desarrolle -en
un clima de respeto y libertad- sus cualidades y proyectos.
No esperan los pueblos que el gobierno los sustituya en sus
obligaciones, vulnere sus derechos más elementales, y
les impida -a través de una persecución absurda-
realizar sus objetivos.
Decía Winston Churchill que "el socialismo es la filosofía
del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica de
la envidia. Su defecto inherente es la distribución igualitaria
de la miseria".
El centro de cualquier sistema político es la persona.
Para eso existe: para protegerla, para estimularla, para que
pueda trabajar en paz, para que constituya una familia, para
que eduque a sus hijos como mejor le parezca.
Aunque estos principios fueron claramente expuestos en la
Declaración de los Derechos Humanos de la ONU en 1948,
no comenzaron a regir a partir de ese momento.
Ya existían desde que apareció el primer hombre
sobre la tierra, porque están escritos en la naturaleza
de la persona. Son más íntimos a nosotros que nuestra
propia sangre.
Llama la atención cómo los nuevos gobernadores
se han ofrecido a trabajar con el gobierno. Disposición
que expresa lealtad a la patria, sinceridad de propósitos
y deseos de eficacia: principios de un buen gerente.
Refiriéndose al totalitarismo del entonces gobierno
checoslovaco, Václav Havel, en su primer discurso como
presidente, decía:
"Redujeron la gente autónoma y con talento, que trabajaba
diestramente en su propio país, a tuercas y tornillos
de una máquina monstruosamente enorme, ruidosa y maloliente,
cuyo significado real nadie tiene claro".
El socialismo instrumentaliza a la persona, pues la considera
útil sólo si se pliega a los intereses egoístas
de quienes no conocen ni quieren conocer lo que es la verdadera
libertad.
La libertad en todo lo opinable es un presupuesto para edificar
el desarrollo. A veces la entendemos erróneamente como
simple capacidad de elegir, desligada de la perfección
del individuo.
Cuando el Estado asume un papel plenipotenciario, adormece
la libertad responsable de los ciudadanos, y evita que éstos
prosperen. La verdad es uno de los parámetros de la libertad.
Ella es polifacética y cada uno la puede ver desde ángulos
diferentes, mas no contradictorios.
Todos necesitamos oxígeno para respirar. También
lo necesita la libertad para ser fecunda. El hombre libre
respira a sus anchas con los dos pulmones.
Sin ese oxígeno, y la orientación hacia el bien,
la libertad se malogra. Queda convertida en un bonsai, en
una triste caricatura que envilece los más grandes ideales.
oswaldopulgar@cantv-net
04:05 PM. Economía. El presidente Hugo Chávez indicó que para el primer trimestre de 2010 el Banco Central de Venezuela estima contar con 900 millones de bolívares para fortalecer los planes regionales. Justificó la reforma de la Ley del ente emisor, al destacar que ahora el Estado tiene mayor capacidad financiera.
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