CARACAS, viernes 26 de diciembre, 2008 | Actualizado hace
En una loma Inca en el centro de Quito donde se ha construido un pesebre enorme y colorido, que domina la ciudad durante la época navideña. Hileras de coches suben por las empinadas callejuelas del Panecillo, en cuya cima se levanta el pesebre (Cecilia Puebla/Efe)
09:26 AM
Quito.- El nacimiento de Jesús atrae
a muchos turistas al Panecillo, una loma Inca en el centro
de Quito donde se ha construido un pesebre enorme y colorido,
que domina la ciudad durante la época navideña.
Hileras de coches suben por las empinadas callejuelas del
Panecillo, en cuya cima se levanta el pesebre, adornado con
decenas de miles de pequeños focos de colores, que alumbran
las frías noches quiteñas en esta época, informó
Efe.
Las figuras de José, el Niño Jesús, los tres
Reyes Magos, una vaca y un burro, elaboradas en estructuras
metálicas, brillan con más de 60.000 bombillas eléctricas
pequeñas de colores, mientras que María es el único
personaje que permanece siempre, es decir que trasciende a
la época navideña.
Y es que el pesebre se completa con la gran estatua de la
Virgen María instalada en la loma del Panecillo y que
corresponde a una réplica gigante de la Virgen Alada,
esculpida por el maestro quiteño Bernardo de Legarda
en el siglo XVIII, de tan sólo 30 centímetros de
alto.
Esa estatua, en aluminio, fue realizada en 1976 por el artista
español Agustín de la Herrán Matorras, y posteriormente
donada a Quito.
La Virgen de Legarda se erige sobre una atalaya Inca, instalada
en la cima del Panecillo, conocida por los indígenas
como "Shungo-loma", o loma del corazón.
Esa atalaya, según los historiadores, sirvió a
los Incas, antes de la conquista, como centro ceremonial en
honor a la Luna, aunque también el cerro fue utilizado
para distribuir el agua en la ciudad, pues cerca de la cima
se encuentra la conocida "Olla", un sofisticado depósito
de agua construido por los aborígenes quiteños.
Por ello que ese pequeño cerro, parecido a un pan pequeño,
al cual debe su nombre, atraiga a miles de turistas en la
época navideña, ya que sintetiza el sincretismo
entre la religiosidad católica y la cosmovisión
indígena.
El pesebre de Quito, uno de los más altos del mundo,
porque se encuentra a casi 3.000 metros de altura sobre el
nivel del mar, es un orgullo para los capitalinos, porque,
además, se puede divisar desde cualquier parte de la
ciudad.
El resplandor que causa los casi 60.000 focos de colores,
también provoca un juego de sombras y luces con el cielo
capitalino, que se tiñe de diversos matices.
El pesebre del Panecillo, que cumplió en esta temporada
cinco años, se mantendrá encendido durante varios
días más, para luego ser desconectado hasta el próximo
diciembre.
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