La gira por Bejing, Seúl, Japón e Hiroshima transformó la música
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Nadie nunca lo había logrado. Ni siquiera lo habían
intentado en tantas oportunidades. Pero la Orquesta Sinfónica
Juventud Venezolana Simón Bolívar lo consiguió.
Puso de pie al continente asiático en siete conciertos.
Y los enloqueció; los apasionó; en resumen, los
conquistó.
Al punto de conducirlos al extremo de lo políticamente
incorrecto en estos países: llevarse a quién fuera
por el medio con tal de conseguir una de las chaquetas tricolor
que la Sinfónica lanzaba al público al cierre del
concierto; de espera a temperaturas bajo cero al director
Gustavo Dudamel y al maestro José Antonio Abreu; de empujar
una y otra vez para entrar al camerino del director y conseguir
una foto o un autografo.
Esta vez las reglas cambiaron. El público -que se ha
caracterizado por no regalar aplausos sin antes estudiar con
detenimiento las presentaciones de cualquier espectáculo-
en esta oportunidad se dejó envolver por la magia de
los venezolanos.
Esa misma que los empujo a izar banderas tricolores, a gritar
"¡Viva Venezuela!", y a querer por todos los medios experimentar
cómo siente o cómo sonríe un venezolano. Además
de dar interminablemente las gracias y de felicitar a todo
latinoamericano por tener en sus contienente el brillante
talento de la Sinfónica Simón Bolívar.
Incluso, ni siquiera les importó obviar las reglas tradicionales
de sus culturas para demostrar lo que significa sentir las
notas de Ravel, Mahler, Tschaikowsky, Bernstein, Beethoven
y Castellanos a través de la Sinfónica Simón
Bolívar. "La que pone de pie al mundo entero", atinó
a decir una de las asistentes al concierto. Y se le podrìa
acotar que también es la que cambia la historia de la
música.
Aplaudidos por los grandes
No solamente el público se puso de pie delante
de la Orquesta Sinfónica Juventud Venezolana Simón
Bolívar. También lo hicieron las grandes personalidades
de la música asiática.
En cada uno de los conciertos maestros y músicos se
daban cita para apreciar con sus propios ojos y o´ídos
a la orquesta que más ha dado de qué hablar en el
mundo. Fue el caso de Sung Kwak, gran maestro coreano, quien
no ocultó ni por un segundo lo fascinado que estaba por
que la Sinfónica estuviera en su país: "Este ha
sido el concierto más excitante que he visto durante
mi vida, en este teatro. Hoy la recepción de la audiencia
fue la mejor. Yo me siento venezolano y me considero parte
de la familia; mi corazón está entregado a este
proyecto desde el principio hasta el final. El trabajo que
el maestro Abreu ha hecho hasta este punto es un milagro".
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