CARACAS, domingo 21 de diciembre, 2008 | Actualizado hace
Rosales advierte que no es justo decir que en la Fiscalía, en el Poder Judicial o en el CNE están todos contaminados. "Buena parte de los poderes funcionan apegados a la ley" (Gil Montaño)
Manuel Rosales debe agradecerle a Hugo Chávez y a los
demás poderes del Estadoel baño de notoriedad
al cual lo expusieron luego de someterlo a sendas comparecencias
ante la Asamblea Nacional y la Fiscalía General de la
República. Contra todos los cálculos oficialistas
el alcalde Maracaibo generó una masiva corriente de apoyo
y solidaridadque dejó constancia de un liderazgo
nacional que mantiene luego de las elecciones del año
2006.
-¿No cree usted que el mejor seguro, capaz de evitar
su encarcelamiento, es el referendo consultivo?
-Mi seguro es la falsedad de las denuncias en mi contra,
todas forjadas, manipuladas y hechas de muy mala fe.
-Usted está seguro de eso, ¿pero lo está
de la rectitud de la justicia en Venezuela?
-La lucha política en Venezuela es muy complicada.
Aquí se quiere criminalizar a quienes no creemos en esa
mal llamada revolución. Y así como se manipula la
justicia, se manipula todo lo demás. Sin embargo, no
es justo decir que todo el poder judicial, todo el Ministerio
Público o todo el CNE están absolutamente contaminados.
Una buena parte de los poderes funciona apegada a la ley.
-En otras palabras, usted tiene confianza en la Fiscalía
y en los tribunales.
-Una cosa es la confianza y otra es la convicción de
la carencia de elementos que puedan conducir a tomar medidas
en mi contra. Pero creo que no podemos generalizar sobre los
poderes y las instituciones.
-¿Tiene sentido someterse al riesgo de que lo encarcelen
y quedar así desactivado políticamente?
-Esa sería una provocación al pueblo venezolano,
una muy mala señal por parte del Gobierno. Estamos dispuestos
a asumir todos los riesgos. Pelearemos hoy y mañana porque
nos favorece nuestra conducta y nuestra obra como hombre público
y dirigente político.
-Al parecer en este momento el Presidente no cuenta con
la mayoría para hacer aprobar la enmienda constitucional,
pero algo similar ocurría en 2003, cuando se propuso
el referendo revocatorio. Chávez logró postergar
un año la celebración del evento y en ese tiempo
volteó la tortilla. ¿No puede ocurrir eso de nuevo?
-Los tiempos son distintos. Esa época representaba momentos
difíciles y muchos venezolanos, tanto de un lado como
de otro, buscaron salidas rápidas a través de formas
de luchas contrarias a la razón. Luego, cuando asumimos
la candidatura presidencial, comenzamos a borrar ese tipo
de procedimientos, privilegiando la vía del voto y la
expresión popular. Fue una lucha muy difícil, librada
en condiciones desventajosas, pero bordeamos el 40% de la
votación. Después vino el referendo, cuya campaña,
inicialmente, revelaba apatía, desconcierto e incredulidad.
Sin embargo, guiados por la convicción de que podíamos
ganar, trabajamos y logramos lo que para muchos parecía
imposible. Ahora venimos de un proceso electoral que el Gobierno
perdió, a pesar de sus intentos por manipular los resultados.
Nosotros avanzamos, crecimos y ganamos espacios.
-¿Por qué dice que los tiempos son distintos?
-En 2004 vivíamos el tiempo de las vacas gordas
y un porcentaje importante del electorado creía en el
discurso de Chávez. Hoy vivimos los tiempos de las vacas
flacas y el discurso de Chávez luce gastado, vacío,
ante un pueblo que ha perdido su fe en él. Como resultado
el Gobierno está perdiendo terreno.
-Pero si comparamos los resultados electorales de oficialismo
y oposición, sumando los sufragios para gobernadores,
encontramos que el chavismo tiene una ventaja de medio millón
de votos.
-Los procesos electorales tienen alguna semejanza
y a partir de ellos pueden hacerse algunos análisis.
El Presidente quiso convertir esas elecciones en un plebiscito,
pero una cosa es elegir gobernadores y alcaldes y otra decirle
al pueblo que decida entre un sistema de alternancia y un
presidente para toda la vida. La gente sabe que la última
de las dos opciones trae aparejado la amenaza contra la propiedad
privada, la educación y la autonomía del Banco Central,
todas cuestiones ya dilucidadas por el electorado. Por eso
asumimos la campaña de Angostura, que refleja el pensamiento
democrático del Libertador.
-En la estrategia de la oposición parecieran persistir
dos discursos. Uno radical, tan flamígero y agresivo
como el de Chávez, capaz de ahuyentar a votantes chavistas
críticos y ni nis, y otro más conciliador e incluyente,
que privó durante la campaña para el 2D. ¿Cuál
debe ser el predominante a la hora de fijar una sola estrategia?
-El discurso violento, de la exclusión y el odio
se está quedando atrás. La gente sueña con
recuperar una sociedad diversa, abierta, donde convivan todas
las posiciones. La Campaña de Angostura implica la participación
de todos por igual. No se trata de crear un comando de partidos,
sino de la confluencia de todos los sectores en distintas
formas de organización que canalicen la lucha hacia el
objetivo democrático e impidan la pretensión de
convertirnos en una réplica del modelo castro-comunista.
Y en eso no puede haber diferencias porque no estamos escogiendo
candidatos presidenciales, sino defendiendo valores de una
democracia con profundo aliento social. Venezuela es un país
rico convertido en depósito de pobres. Ese mal no surgió
en los últimos años, lo vivimos desde hace mucho
tiempo y en época de vacas gordas se puso aun más
en evidencia por el contraste creciente entre opulencia y
miseria que ha signado esta década de Chávez en
el poder.
-¿No cree que ante el reto que tiene la oposición
de convertirse en alternativa de poder se impone la necesidad
de estructurar un movimiento como el creado en Chile, donde
partidos con diferentes concepciones ideológicas se pusieron
de acuerdo sobre un proyecto que funciona desde la salida
de Pinochet?
-No se puede pensar en salidas mágicas o en liderazgos
que terminan siendo, como remedios, peores que la enfermedad.
El objetivo es la consolidación de una sociedad que garantice
la democracia (libertad y respeto a los derechos humanos)
y la lucha contra la erradicación de la pobreza. Todo
eso en un marco de equidad y justicia social soportados sobre
un modelo económico de desarrollo y progreso. Se trata
de construir a partir del debate de ideas y propuestas que
se vienen haciendo. En realidad la propuestas ideológicas
de partidos y organizaciones se unifican en torno a esas dos
ideas de democracia y justicia social. En Un Nuevo Tiempo
estamos dando esa discusión porque no se trata de quitar
a Hugo Chávez para poner a Pedro Pérez. La gente
quiere otra cosa y nosotros lo sabemos.
-El modelo no parece el obstáculo para ponerse de
acuerdo. Pero, ¿no cree que el problema de la unidad
está en las ambiciones personales?
-Creo que sí, pero ya las vencimos una vez. Yo
fui candidato presidencial con el apoyo de casi todos los
partidos y sectores de la oposición. Creo que en ese
sentido hemos avanzado muchísimo. Algunos que no creían
en el voto hoy son protagonistas gracias a las elecciones.
Nosotros vamos a construir esa alternativa y escogeremos un
buen hombre o una buena mujer para que lo lidere.
-¿Un buen hombre llamado Manuel Rosales?
-Eso lo debe decidir el pueblo. Los liderazgos no se decretan,
nacen de la fuerza popular. Y el pueblo alienta el crecimiento
de una alternativa democrática.
-¿No cree que la crisis económica, ya inminente,
exige un acuerdo nacional propiciado desde el Gobierno?
-El Presidente debería invitar a todos los factores
del país a un gran acuerdo nacional, no para repartir
privilegios, sino para afrontar la crisis, como se está
haciendo en otros países. Ahora bien, de no ser eso posible,
la propia sociedad se va a encargar de construir una alternativa
porque aunque somos un país petrolero y eso nos permite
vislumbrar salidas que otros no tienen, vamos a sufrir el
coletazo de la crisis económica mundial y debemos prepararnos
para eso. El Gobierno es prepotente, pero la realidad le va
a bajar los humos y deberá buscar acuerdos, aunque sean
mínimos, para mantenernos a flote en la hora de las dificultades.
rgiusti@eluniversal.com
Roberto Giusti
EL UNIVERSAL
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