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Detrás de Vargas Llosa
El escritor peruano se encontró con líderes estudiantiles (Efe/archivo)
  EL UNIVERSAL
domingo 14 de diciembre de 2008  12:00 AM

La visita de Mario Vargas Llosa a Venezuela fue tan breve como un cuento de Monterroso. Llegó el sábado 6 a Maiquetía para salir disparado el mediodía del martes 9 de diciembre, mucho antes de que la diputada oficialista Iris Varela pidiera su expulsión del país.

En esta segunda estancia en Caracas, el autor de Conversación en La Catedral se sintió más confiado por su seguridad personal. Dicen sus allegados que en su viaje para presenciar el montaje de su obra Al pie del Támesis, el peruano salía del hotel Paseo Las Mercedes para entrar en la sala 1 del Trasnocho Cultural tomando todas las precauciones posibles.

Para esta ocasión Vargas Llosa, quien se cuidó de aceptar invitaciones de Venezuela por mucho tiempo, vino a recibir el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Simón Bolívar y a respirar en el país anfitrión. Ya en otro hotel capitalino, el incansable escribidor sólo tuvo tiempo de redactar un artículo periodístico en las pocas horas que se robó en un día.

Cansado de dedicar ejemplares de sus obras, el autor ahorró tiempo de una manera insólita: sólo estampó su firma, sin más, cuando algún admirador le extendía uno de sus textos. Un señor, extrañado de su simple rúbrica en la primera página de la novela ofrecida, le pidió que le colocara "con cariño o algo así". A lo que Vargas Llosa le respondió: "El cariño se lo pone usted en su casa, con mi firma basta, amigo".

Acompañado de su inseparable esposa, Patricia Llosa, el homenajeado tuvo tiempo de salir con el historiador mexicano Enrique Krauze y su mujer. Aprovechó para ir a comer en Galipán, conocer a un par de líderes estudiantiles y estrechar las manos de algunos opositores electos el pasado 23 de noviembre.

Antes de irse dijo reconocer a la arepa rellena de huevos revueltos como su plato preferido. Felicitado por Rafael Cadenas, Manuel Caballero, Antonio López Ortega, Milagros Socorro, Teodoro Petkoff y Simón Alberto Consalvi, Vargas Llosa se despidió con una nueva fecha en agenda y con la sonrisa que le hace enarcar las cejas al instante, no sin antes añorar para esta tierra la aparición de otro ilustre civilista como Andrés Bello.

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