El 23N le ha puesto los límites de la anhelada mayoría a quienes se oponen al Gobierno
El resultado más importante del domingo resulta de sumar
los votos a nivel de gobernación (tomando Libertador,
sin incluir Alcaldía Mayor, para evitar el doble conteo
en Miranda). Visto así, el Gobierno sacó 5.457.630
votos, por 4.107.000 de los candidatos de oposición.
Esta es la cifra que ha repetido Müller Rojas, la que
manoseó Chávez, más de un millón trescientos
mil votos de diferencia. No incluyen allí los 810.257
votos de los candidatos disidentes (Julio César Reyes,
Lenny Manuitt), o de aquellos imposibles de identificar como
gobierno, oposición o disidencia (Claudio Fermín,
Augusto Uribe). Si esos votos se agrupan en dos categorías,
pro gobierno (5.457.630) o antigobierno (4.917.257), la diferencia
se reduce a 52,6% - 47,4%. Ahí, ahí. El deterioro
que se nos viene encima, no tanto por la caída en los
precios del petróleo sino por la mezcla de ignorancia,
irresponsabilidad e improvisación predominante en la
política económica, podría dar ese empujón
final.
¿Es válido verlo así? Depende del tipo de
elección. Quizás no sea un buen espejo para una
presidencial. Pero sí sería válido para cualquiera
de las elecciones que le encantan al nuestro: Chávez
vs. Chávez. En una eventual consulta por la reelección
indefinida ese 47,4% sería un buen piso, pues habría
que sumar (o restar) a aquellos que, aun votando por el gobierno
el domingo, rechazan la presidencia vitalicia. Con quedarse
en su casa tienen. Habrá que buscar otra vía. Si
el domingo se hubiesen elegido representantes a la Asamblea
Nacional, la oposición hubiese quedado a tiro de la mayoría.
El Gobierno ha arrasado en el interior, principalmente con
candidatos y liderazgos surgidos de las regiones. Ese también
es un triunfo de la descentralización. Allí la oposición
tiene que asumir el reto de renovar su liderazgo. Si bien
Antonio Ledezma fue capaz de reinventarse, en muchos otros
casos los candidatos de la unidad resultaron ser verdaderos
cadáveres políticos; se dieron una vuelta por ahí,
para saludar gente y tomarse un marroncito, para salir vapuleados
en varios casos con menos de 30%.
Chávez ha pulverizado a la disidencia, quienes trataron
de venderse como un poco de allá y otro poco de acá
apenas sumaron 7,8% de los votos. Aún así, ese grupo
le hace una falta enorme a la oposición. Queda por ver
si terminan de cruzar al charco (a-la Ismael García),
o si prefieren pagar el altísimo precio que Chávez
les va a cobrar por la traición.
Otros que han perdido mucha credibilidad en este proceso
son los encuestadores. La diferencia con que ha ganado la
oposición sus espacios es mucho mayor que los márgenes
de error de los instrumentos de medición. El jueves en
la tarde dos de las más serios afirmaban que "lo único
seguro era Nueva Esparta". ¿Y entonces?
Comienza un nuevo día. Al igual que en diciembre pasado,
la falsa magnanimidad y gallardía oficial serán
seguidas pronto por un ataque frontal, por un saboteo constante.
Se requiere de un esfuerzo gerencial ciclópeo en los
espacios que se han ganado. Todo queda por hacer. Aún
así, el 23-11 le ha puesto los límites de la anhelada
mayoría a quienes se oponen al Gobierno, si no al alcance
de la mano, sí por lo menos a la vista.
www.miguelangelsantos.blogspot.com
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