CARACAS, jueves 27 de noviembre, 2008 | Actualizado hace
Muchos rostros tiene la victoria del 23N. La derrota sólo
uno: el de Hugo Chávez. Los triunfos electorales en la
Alcaldía Mayor, en los municipios metropolitanos de Caracas,
en los estados Miranda, Zulia, Táchira, Carabobo y Nueva
Esparta, y en numerosas ciudades más, son la expresión
contundente de que las nociones de democracia y de ciudadanía
gozan de muy buena salud en Venezuela y de que la sentida
necesidad de un cambio de rumbo mina severamente los pilares
de la propuesta individualista de Hugo Chávez. Cerca
de la mitad de los venezolanos, lo mismo que el 2D, hablaron
con sus votos para decirle no a sus pretensiones autoritarias,
a la inmoralidad de su régimen y a sus políticas
económicas y sociales.
Ese triunfo electoral del 23N tiene un significado mucho
mayor cuando recordamos que durante los últimos diez
años todos los poderes públicos han actuado orquestadamente
para aniquilar a la democracia y a la ciudadanía, y para
instaurar un sistema de gobierno rechazado por el pueblo de
Venezuela en centenares de oportunidades y por medio de miles
de expresiones, entre las cuales se levanta como un faro imponente
el rechazo del 2D a las reformas constitucionales.
Llegado el momento (que llegará), los candidatos del
oficialismo que no obtuvieron el favor de los votos del pueblo
le pasarán a Hugo Chávez la factura por sus fracasos.
Y tendrán razón. Ya lo hizo uno de ellos: Aristóbulo
Istúriz salió rápidamente a responsabilizar
"por ahora", al alcalde José Vicente Rangel por su derrota
en la Alcaldía Metropolitana. Falta poco para que Istúriz
atribuya también a Chávez la culpa de su derrota.
Con o sin lumpia de por medio.
Los gobernadores, alcaldes y demás funcionarios del
poder regional que representaban las fuerzas de la oposición
que salieron victoriosos el 23N, también obtuvieron votos
del electorado chavista que desea vivir en un país en
el que more la convivencia, y que la disidencia vuelva a ser
lo que siempre ha sido entre nosotros. No un delito, como
ha querido hacer, y ha hecho, Hugo Chávez.
La madrugada del martes Chávez habló al país
como el jefe de un partido político que nació contra
natura: impuesto desde las cúpulas, con un líder
que quiere construir militancias a cambio de neveras, colchones,
canonjías. No con un proyecto de país. No tuvimos
esa noche la voz de un Presidente dirigiéndose a los
venezolanos luego de un acto electoral que, a fin de cuentas,
terminó siendo mucho más importante para los electores
que para el Gobierno. No habló desde Miraflores y fue
más importante decir "que ganamos en 17 estados", que
reconocer la decidida voluntad popular de ir a votar, aun
en contra de los groseros ventajismos oficiales y del silencio
cómplice del CNE ante atropellos tales como "mandaré
los tanques a los estados en los que yo no gane". ¿Dónde
están los tanques? ¿Alcanzan para vengar tantas
derrotas?
abenavideslagrecca@gmail.com
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