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Histeria en el metro

Cuatro venezolanos se encierran en un vagón para rodar "SubHisteria"

NOELIA SASTRE |  ESPECIAL / EL UNIVERSAL
domingo 23 de noviembre de 2008  12:00 AM

Sonido. Cámaras. Escena 22. Toma 3. "¡Acción!". El director venezolano Leonard Zelig dirige a los 16 actores que protagonizan su primer largometraje, SubHisteria, en un vagón del metro neoyorquino. Estamos en Randall's Island, una isla junto a Harlem donde queda el centro de entrenamiento de bomberos que el ayuntamiento presta a los rodajes. Zelig detiene la grabación. "Es más una respiración profunda. Así, como respirando y tratando de calmarte al mismo tiempo", le dice a la actriz Rebeca Alemán sobre el ataque de pánico que sufre su personaje. "¿Puedes llorar? Porque si no tengo que hacer cambios".

Es sábado. Son las nueve de la noche y diluvia en Nueva York, pero dentro del vagón el calor es sofocante. Tres camarógrafos, los actores (entre ellos cuatro venezolanos: Rebeca Alemán, Isabella Cascarano, Elaiza Gil y Héctor Palma), el director, su ayudante, el fotógrafo, el operador de sonido y el de luces comparten ese agobiante espacio durante ocho horas al día. Eso sí, con mucho entusiasmo. SubHisteria es una producción minúscula que desborda actitud. Todos creen en el potencial de esta película sin guión donde los actores improvisan cada diálogo de las 36 horas en las que sus personajes se quedan encerrados tras un derrumbe, sin comida ni oxígeno ni comunicación con el exterior. Zelig sólo les ha dado una línea de actuación y las pautas de sus estados de ánimo durante los ensayos. Por eso cada uno lleva un color distintivo, como los semáforos: rojo para los que tienen problemas, amarillo para los indecisos, verde para los felices. El resto depende de su capacidad para mostrar el comportamiento humano enfrentándose a la muerte.

"Desde que John Cassavetes hizo Shadows en 1959, la improvisación en el cine se ha olvidado. Y es lo más orgánico que puede hacer un actor. La historia cambia constantemente y estimula la imaginación", dice Zelig.

Este actor y director venezolano de teatro (su gran pasión) vive en Nueva York desde 2002. Y ahora, a sus 34 años, prueba suerte en el cine. "SubHisteria surgió porque tuvimos que suspender la producción de Secrets, un guión que escribí hace tres años. Y como tenía la posibilidad de estrenar en Venezuela, pensé ¿por qué no improvisar?". Dicho y hecho, dos meses después de plantear la idea ya estaba haciéndola realidad.

Nada ha frenado esta película. Ni el escaso presupuesto de 130.000 dólares ni el pequeño equipo, con venezolanos como el director Zelig, el productor Javier Pérez-Karam, el productor ejecutivo Roberto Alcázar o el diseñador de vestuario Tao García, que por cierto utiliza ropa de Missile, la marca de Mauricio Arcas, percusionista de los Amigos Invisibles (sello venezolano hasta en las camisetas). "Lo más difícil es no tener el dinero suficiente, porque aquí todos estamos haciendo de todo. Pero esa es la naturaleza del cine guerrillero al que yo pertenezco", apunta Zelig en un descanso.

Nadie conoce el final de la película. Suspenso total. Tras 10 días de ensayos y otros 10 de rodaje, estará editada el 16 de enero, para estrenar en Venezuela en abril y buscar distribuidores en EE.UU., España, México& "Espero que sea una buena plataforma y que despierte la curiosidad de cineastas que luchan por sacar adelante sus proyectos", añade Zelig, orgulloso de los 16 actores de SubHisteria, un elenco internacional con el mexicano Osvaldo Benavides, la estadounidense Ginger Kroll o la canadiense Sally Gifford, además de los venezolanos llamados para la ocasión.

Alemán, que vive en Chicago pero pasa casi la mitad del año en Venezuela con su compañía de teatro, interpreta a una panameña obsesivo-compulsiva que no soporta viajar más de dos estaciones en metro. "Sólo nuestro vagón queda a salvo tras el derrumbe. Estamos en una situación límite y soy extremadamente sensible", afirma la actriz, que también protagonizará Secrets en primavera. "Espero que este film abra la brecha del cine de improvisación. Aquí el ser humano es el protagonista y todos los personajes se desnudan".

Cascarano, Gil y Palma interpretan a tres venezolanos que vuelan a Nueva York porque han ganado una entrada para el concierto de Sweet Electra. Sólo él habla inglés en la película, y le explica a sus compatriotas en español todo lo que ocurre. "Es un proceso fuera de lo común", subraya Gil. "Los venezolanos en SubHisteria se lo toman todo con más humor, aunque lo que empieza como burla acaba en pesadilla", añade Cascarano. "Yo me siento como un ratón de laboratorio, expuesto a muchas emociones y fuera de mi zona de confort. Es una vuelta al inicio", concluye Palma, recién llegado de Caracas para vivir esta poderosa experiencia en las entrañas de Nueva York.

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