CARACAS, jueves 20 de noviembre, 2008 | Actualizado hace
Saramago, de 86 años, considera además que la novela ha dejado de ser "un genero, ha perdido esa definición, sus límites", para convertirse en lo que el llama "espacio literario" donde todo cabe [Efe/Isabel Bastos]
01:04 PM
Lisboa.- José Saramago, un "cervantino"
admirador de Kafka y Borges, cree que la mejor novela surge
de la imaginación y no de las vivencias y se muestra
escéptico con la literatura ibérica, donde apenas
ve con el premio Nobel a dos escritores.
Aunque cuesta arrancarle los nombres, el Nobel portugués,
destaca en el panorama de las letras españolas al extinto
Gonzalo Torrente Ballester que "mereció y no tuvo" el
galardón y que ni siquiera ve suficientemente reconocido
en su propio país.
En Portugal "hay quien aspira al nobel desde antes que lo
tuviera yo -señala Saramago- y todavía lo espera",
pero ve a Gonçalo M. Tavares como el mejor exponente
de una nueva generación, "con la que ha regresado la
imaginación, la invención, el gusto del idioma,
la palabra", y puede conseguir el premio dentro de un par
de décadas.
El apego de Saramago a la ficción como sustento de la
creación literaria se refleja fielmente en su nuevo libro,
"El viaje del elefante", que él describe como una "invención"
de 260 páginas sobre menos de un folio de hechos históricos
y cuya edición en español sale el viernes a la venta.
El escritor se muestra muy crítico con el reciente fenómeno
de la "literatura light", en la que "todo el mundo decide
que tiene algo para contar, que son sus propias experiencias,
y eso quizá permite escribir un libro, quizá dos,
pero después se acaba".
"Lo que cuenta no es tanto la experiencia, lo que cuenta
es la imaginación, la capacidad de inventar", sostiene
Saramago, quien recalca: "Eso es la literatura".
Saramago, de 86 años, considera además que la novela
ha dejado de ser "un genero, ha perdido esa definición,
sus límites", para convertirse en lo que el llama "espacio
literario" donde todo cabe.
La ficción es su razón de ser primordial, pero
también el ensayo, la filosofía, el arte, la ciencia,
"todo puede caber hoy en una novela y de alguna forma eso
está en el Quijote", la narración como espejo, donde
todo se refleja y cuya influencia sobre su último libro,
según admite Saramago con humildad.
"Hay quien dice que yo soy un escritor cervantino -abunda-,
digamos que de tercera o cuarta categoría, porque a Cervantes
no lo iguala cualquiera".
En la historia del traslado de Lisboa a Viena de un elefante
regalado en el siglo XVI por el rey de Portugal al archiduque
de Austria, Saramago recurre a esas técnicas narrativas
y la obra juega con el papel didáctico del Quijote, "de
alguien que tiene algo para proponer, para enseñar".
En su labor literaria hay para él otra presencia poco
obvia, la de Franz Kafka, que considera "el gran escritor,
el gran inventor del siglo XX".
Junto a él admira a Jorge Luis Borges, creador de "la
literatura virtual" con historias sin relación con la
realidad "que a pesar de eso existen, como algo virtual que
no existe pero está".
En materia estilística, en "El viaje del elefante",
Saramago hace una doble afirmación de sus postulados
literarios sobre la figura del narrador, que rechaza de plano,
y la función oral y estética de las mayúsculas
y los signos de puntuación.
"Llevo unos cuantos años en una pequeña guerra
con los teóricos de la literatura. Alguno de ellos ha
inventado esa figura del narrador y yo sostengo desde hace
años que no existe", explica.
Frente a "los distintos narradores que ellos encajan en esa
teoría", como el narrador implícito, Saramago argumenta
que "lo que está allí es el autor" y esgrime a su
favor las obras de teatro: "Si para narrar algo hace falta
un narrador donde está en el teatro", se cuestiona.
En su último libro, el Nobel luso cree haber resuelto
el problema "instituyendo la figura del autor-narrador", que
no sólo se limita a contar la historia sino que interviene
con comentarios, algunos anacrónicos, y revela que dicta
a su antojo en el relato.
Sobre su aversión a seguir al pié de la letra las
normas ortográficas Saramago reconoce que "un lector
crítico o curioso podría preguntar si la falta de
mayúsculas y puntos ha sido deliberada".
Y responde: "Claro que ha sido deliberada, pero a la vez
es algo que de alguna forma me ha sido impuesto desde dentro
por la misma narración. Luego pueden venir otras explicaciones
un poco frívolas". Tras lo cual agrega que "las mayúsculas
afean la página".
Ya en "Las intermitencias de la muerte" (2005) el autor había
pasado a minúscula, recuerda, la letra inicial del nombre
de varios grandes compositores mencionados en la obra.
"En el fondo no cambio nada porque, cuando hablamos, los
nombres propios no se sabe si están en mayúsculas
o minúsculas. La palabra auténtica es la que sale
de la boca, la palabra escrita es una sombra mientras no la
pronuncies, una pequeña momia".
Para "despertar" las palabras, para que asuman su propia
integridad y suenen, para eso, subraya el escritor, no son
necesarias las mayúsculas, indicó Efe.
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