En una sociedad "normal" sus mejores hombres y mujeres se
ocupan de las tareas importantes, tanto en la producción
de bienes, como en la procura de servicios y actividades estratégicas.
Los mejores lo son porque están preparados para hacer
el trabajo que se requiere para que la vida en sociedad funcione;
los mejores tienen la educación, las habilidades, la
organización y la responsabilidad necesarias para que
cosas tan cotidianas como encender la luz y que ésta
se encienda y permanezca encendida, sucedan, igual, con abrir
un grifo y que salga agua limpia y sin malos olores; que regularmente
se recoja la basura y se disponga de ella sin ocasionar molestias
ni problemas ambientales.
Incluso, en actividades como la política, lo sensato
es que participen los mejores, pero la política es extraña,
no precisamente los mejores gerentes y tecnócratas llegan
a triunfar en la política, sino los más astutos
y hasta los más mentirosos, cosa que no importaría
si dejaran que en las otras tareas, los mejores pudieran hacer
su trabajo.
Y es que para toda la sociedad es vital que empresarios,
funcionarios, gerentes, técnicos y sobre todo los obreros,
sepan lo que están haciendo y lo hagan bien, que dispongan
de las herramientas, medios y equipos adecuados, que sean
bien remunerados, y lo más importante, que cuenten con
un presupuesto con el que puedan hacer lo que tienen que hacer,
entre ellas, prever, capacitarse, planificar y terminar las
obras con calidad.
Pero entra en escena el Socialismo del siglo XXI, y con sus
postulados de un "nuevo hombre", lo que es "normal" en una
sociedad, se convierte en imperialismo y en explotación,
y en lugar de asignarle a los mejores las más importantes
responsabilidades, se nombran camaradas revolucionarios y
partidarios incondicionales del proceso.
La revolución de Chávez ha establecido el imperio
de la mediocridad; por medio del clientelismo político
ha utilizado al Estado como mecanismo para establecer lealtades,
y sin importar la capacitación del individuo, haciendo
caso omiso al sentido común, la gente más inepta
es la que ha asumido el llamado del líder marxista, son
justamente los que tienen el control del país y tienen
la responsabilidad de arruinarle la vida a los ciudadanos,
a sus vecinos y a sus comunidades, como por arte de magia
estos "funcionarios" se convierten en lo que no son,
expertos en áreas del conocimiento y del quehacer humano
por el solo hecho de ser socialistas revolucionarios.
Este fenómeno es el resultado del efecto Dunning-Kruger,
ampliamente estudiado por la psicología según el
cual, las personas con escasos conocimientos tienden sistemáticamente
a pensar que saben mucho más de lo que en realidad saben
y a considerarse más inteligentes que personas mejor
preparadas, esto resulta en el desprecio y la discriminación
hacia los expertos, que comandan los mejores sueldos y las
posiciones de alta gerencia, que hicieron posible una industria
petrolera exitosa, unos servicios públicos manejados
por la empresa privada de manera eficiente, una economía
donde había cabida para empresarios y las iniciativas
individuales.
Los ineptos en el poder han convertido nuestro plantel productivo
en un cementerio de empresas estatales manejadas por unos
vivianes que cobran sueldos millonarios sin trabajar; sindicatos
de obreros que se creen capaces de manejar industrias; consejos
comunales convertidos en firmas de urbanismo e ingeniería
civil; ministros con cinco y más cargos con los que no
pueden cumplir, militares que son felicitados públicamente
por permitir megaapagones en el país.
En los últimos diez años el gobierno militarista
de Chávez ha llevado a Venezuela, de ser un país
de avanzada, a un país donde impera el crimen, la desinformación,
la miseria, la frustración, donde las mismas caras y
los mismos nombres se perpetúan en los cargos importantes;
donde hay que aceptar que ellos y sus familias derrochen el
dinero del pueblo viviendo la vida loca, mientras el pueblo
no encuentra qué comer, y para conseguir un trabajo hay
que jurar lealtad al líder de la revolución hasta
que las llamas del infierno se congelen.
Bien decía Ayn Rand en su novela La rebelión de
Atlas: "Y cuando las personas viven basados en el intercambio,
poniendo como árbitro decisivo a la razón en lugar
de la fuerza, lo que triunfa es el mejor producto, el trabajo
más perfecto, el hombre de mejor juicio y mayor idoneidad.
El grado de productividad de cada uno es también el de
su recompensa. Este es el código de existencia". Pero
en Venezuela, ahora manda la barbarie.
percival367@yahoo.com
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Lo más...
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

