El 24 de noviembre nadie querrá estar en la piel de los que se negaron a retirar candidaturas
El 24 de noviembre nadie querrá estar en la piel de
aquellos que se negaron a retirar sus candidaturas y que a
consecuencia de su ego, su terquedad o algún otro juego
perverso permitieron que en esas jurisdicciones ganaran los
representantes del oficialismo.
Y es que no estamos hablando de los llamados "malos ejemplos"
en alcaldías en las que hay más de una opción
opositora pero que al final de cuentas, en la más estricta
visión pragmática, no representan ningún peligro
de pérdida de terreno ante la voracidad oficialista.
Esos casos son dignos de una "plana" en la que los candidatos
escriban 130 veces: "eso no se hace", "eso no se hace", "eso
no se hace", pero al final de la historia, el próximo
23, alguno de ellos resultará triunfador y, al cabo de
unos días, eso ya no será tema de conversación.
No así aquellos personajes que se negaron a pesar de
los números, a pesar de los ruegos, a pesar de toda racionalidad
posible a apoyar a los que estaban punteando las opciones
de triunfo y que necesitaban de "esa otra parte" del electorado
para colocarse "por encima" de sus contrincantes chavistas.
¿Cómo se despertarán esos seres a sabiendas
que por su culpa, por su culpa, por su "grandísima
culpa" durante los próximos años esa gobernación,
o esa alcaldía, será "tomada" por quienes comparten
una visión autoritaria del poder y le pondrán la
mesa a quien, paradójicamente, quiere acabar con las
descentralización. ¿Se podrán ver al espejo
cuando comiencen a darse los resultados y esa parte del mapa
se tiña de rojo? Porque es cierto, la democracia es pluralidad,
diversidad de opciones, comparación de proyectos, pero
el asunto es que no estamos en un "sistema normal", sino "excesivamente
a normal" (los excesos y las injusticias son lo cotidiano)
y ante esa realidad cualquier espacio que se logre preservar
y donde se pueda trabajar para el bien común es una "obligación"
conquistarlo a punta de votos y mantenerlo a través de
una buena gestión.
El "maestro" José Ignacio Cabrujas escribió una
vez un artículo en el que mencionaba uno de los tantos
casos oscuros bajo los auspicios de un ex presidente de la
cuarta y se refería a ese personaje bajo los términos
de: "lo acuso de mala impresión". Bueno, le tomamos prestada
la expresión a quien fuera uno de los más preclaros
pensadores y escritores de la Venezuela contemporánea,
porque esos ciudadanos que no se dan cuenta del "peligro histórico"
que estamos enfrentando o que, a sabiendas, optan por ayudar
a dividir al electorado, dan una pésima impresión
y lo mínimo que levantan son "sospechas".
Aún hay tiempo para que revisen su posición y se
pongan a la altura de las circunstancias. La gente sabe quienes
son y después no habrá excusa posible ni creíble.
mariaisabelparraga@gmail.com
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