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Un albergue al rescate de las mascotas abandonadas en la calle

En Ceprocan, Baruta, vacunan, esterilizan y rescatan a los perros callejeros

Al albergue de Ceprocan llevan los animales que fueron abandonados por sus dueños y también los que se encuentran en las calles del municipio Baruta (KISAÍ MENDOZA)
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JAVIER BRASSESCO |  EL UNIVERSAL
viernes 7 de noviembre de 2008  12:00 AM

Entre los más de doscientos animales que ahora tienen sólo hay perros, gatos y morrocoyes, pero han llegado a albergar zamuros, rabipelados, chivos, puercoespines, llamas, perezas y culebras. Hace pocos días, incluso alguien dejó un caballo abandonado en la redoma de Prados del Este y el pobre animal también fue a parar allá.

En el albergue para animales del Centro de Protección Animal (Ceprocan) de la Alcaldía de Baruta, ubicado en la entrada a la urbanización Coracrevi, no tienen descanso. Vacunan, esterilizan, reciben animales que nadie quiere, recogen perros de la calle, donan mascotas a quien quiera adoptarlas, y todo eso con un solo veterinario y cinco personas más.

"Aquí no le cerramos la puerta a ningún animal, no importa que esté herido o enfermo: siempre encontramos la forma de tratarlo", dice la doctora Yubiry Beitía. A pesar de eso, no es raro que alguien toque el timbre y se largue, dejando en la entrada a una gata recién parida.

Dependen más que nada de las donaciones que les hacen los dueños de las mascotas que son atendidas allí (generalmente artículos de limpieza y comida para animales), y trabajan con las uñas. El local, además, no reúne las condiciones idóneas, y de hecho la mayoría de las mascotas están ubicadas en un lugar que algún día fue la cancha de bolas criollas de un módulo de policía.

Y aunque sólo recogen los perros callejeros que estén en cualquier lugar del municipio Baruta, reciben mascotas de cualquier lugar de Caracas, pues no se pueden poner a preguntarle a cada persona que dona un animal de qué parte viene.

Como si no tuvieran bastante trabajo, también deben atender las denuncias que tengan que ver con algún animal, y para limar diferencias entre vecinos siempre intentan lograr actos armónicos con jueces de paz.

Pero la doctora Beitía no se queja, pues dice que el suyo es el mejor trabajo para un veterinario: haber visto crecer y curarse a miles de animales gracias a sus cuidados, es su mejor recompensa.

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