CARACAS, miércoles 15 de octubre, 2008 | Actualizado hace
11:34 AM
San Juan.- Abrumado por las dudas luego
de recibir órdenes de juzgar a un joven sospechoso de
terrorismo en la prisión militar estadounidense de Guantánamo,
el teniente coronel Darrel Vandeveld consultó a un sacerdote
online acerca de esas cortes marciales. El sacerdote le aconsejó
que no continuara con esos procesos.
Vandeveld describió en detalle la crisis de conciencia
que sufrió por el tratamiento que recibían los prisioneros,
así como las cuestiones éticas surgidas del manejo
de esos casos. Finalmente, renunció a sus tareas el mes
pasado, informó AP.
"Comienzo a experimentar graves recelos acerca de lo que
estoy haciendo, y sobre lo que estamos haciendo como país''
con los prisioneros, escribió Vandeveld en un mensaje
por correo electrónico el 5 de agosto. "No deseo participar
más en el sistema, pero no tengo elvalor de renunciar.
Estoy casado, tengo cuatro hijos, y no sólo ellos sufrirán:
también perderé gran cantidad de amigos''.
Vandeveld ha lanzado una serie de críticas sobre los
tribunales tras denunciar que el gobierno ocultó evidencias
que habrían atenuado los cargos contra los detenidos.
Pero su intercambio de mensajes con el sacerdote y otras declaraciones
sugieren que abandonó su cargo de fiscal incómodo
con el tratamiento que se le da a los sospechosos de terrorismo
en la base militar situada en Cuba.
Vandeveld, de 48 años, veterano de los conflictos en
Irak y en Afganistán, declaró que fue a Guantánamo
en el 2007 como un "verdadero creyente'' en el sistema usado
por el Pentágono para procesar a sospechosos de terrorismo.
Se le asignó como fiscal el caso de Mohamed Jawad, un
afgano acusado de lanzar una granada que hirió a dos
soldados estadounidenses y a su intérprete en Kabul,
en el 2002. Pero Vandeveld dijo que la evidencia que examinó,
parte de la cual no fue entregada a los abogados defensores,
sugiere que el acusado tenía menos de 18 años de
edad -un menor de edad para la justicia de Estados Unidos-
y que tal vez habría sido drogado antes del ataque.
También vio otros documentos que indicaban que Jawad
fue sometido a períodos prolongados en los que se le
impedía dormir. De acuerdo a la Convención de Ginebra,
se trata de un procedimiento ilegal.
En sus mensajes por correo electrónico al sacerdote,
y de los cuales informó inicialmente el periódico
Los Angeles Times, el ex fiscal dijo que aunque los detenidos
podían ser culpables, existían escasas intenciones
de rehabilitarlos. Vandeveld dijo que en su opinión,
enseñar tolerancia podría ``poner fin al odio''
de los prisioneros de Guantánamo.
El padre John Dear, un jesuita y activista social, alentó
a Vandeveld a renunciar, diciéndole que el operativo
de Estados Unidos en Guantánamo era ``una farsa''.
"Dios no desea que usted participe en injusticia alguna,
y (la prisión de Guantánamo) es tan mala ... que
estoy orando para que usted renuncie y comience una nueva
vida'', escribió el sacerdote en un mensaje.
El jefe de la fiscalía en Guantánamo, coronel Lawrence
Morris, dijo que Vandeveld nunca le planteó sus problemas
a él. También negó que el gobierno haya retenido
evidencia.
Vandeveld renunció en septiembre, pero no se fue con
la boca cerrada. En cambio, se comunicó con el abogado
defensor de Jawad, el mayor de la fuerza aérea David
Frakt, y ofreció una declaración y un testimonio
jurado describiendo las fallas en el manejo de las evidencias
sobre los detenidos.
Se trata de al menos el cuarto fiscal que renuncia a su cargo
ante los tribunales militares. Otros han acusado a sus superiores
de intromisiones políticas o de engañar de manera
deliberada a altos funcionarios del Pentágono acerca
de las evidencias sobre los detenidos.
En su testimonio del 26 de septiembre, Vandeveld dijo que
su decisión de abandonar su cargo fue influenciada por
detalles sobre la historia de Jawad y por la evolución
que experimentó en sus puntos de vista sobre la justicia.
"Creo más en una justicia reparadora que en una aplicación
mecánica de la ley'', dijo Vandeveld, quien renunció
luego que sus superiores rechazaron su recomendación
de dar a Jawad una sentencia más liviana.
Añadió que los abogados defensores muy difícilmente
puedan recibir todas las evidencias posibles en sus casos
por la desorganización en la oficina del fiscal y por
las dificultades de conseguir documentos de las fuerzas armadas,
de la CIA, del FBI y de otras agencias.
Jawad, ahora de 23 años de edad, será llevado a
juicio en enero acusado de crímenes de guerra. Podría
ser condenado a cadena perpetua.
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