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Epítome

Esta anarquía permite, tolera o quizás fomenta una industria armamentista clandestina

GUSTAVO LINARES BENZO |  EL UNIVERSAL
domingo 12 de octubre de 2008  12:00 AM

Epítome: Resumen o compendio de una obra extensa, que expone lo más fundamental o preciso de la materia tratada en ella". Así el Diccionario de la Real Academia. Pues acabamos de vivir el epítome de los diez años de Chávez: una fábrica clandestina de balas en Petare. Esta muestra emblemática de desarrollo endógeno, de Pyme revolucionaria, ahorra mucha tinta y espacio mediático: cuando usted oiga hablar al Presidente o a sus personas, recuerde que este Gobierno permite fabricar municiones a sus espaldas.

Habría que decir que esta anarquía permite, tolera o quizás fomenta una industria armamentista clandestina, porque cualquier teoría del Estado, desde el far right hasta el maoísmo, afirma sin ambages que la fuerza de las armas debe ser controlada por el Gobierno. Impedir que nos matemos unos a otros es el cometido esencial del Poder Público, y resulta que cada vez más ello parece estar fuera de los objetivos del socialismo del siglo XXI.

Esta política industrial del chavismo -no olvidemos la granada en el 23 de enero de hace pocas semanas: ¿habrá también una fábrica de minas personales?- tiene como contraste paradójico la nacionalización de tantas cosas que sí podrían estar en manos privadas, de hecho estuvieron, como los teléfonos o la luz eléctrica. El Gobierno nacionaliza con furor la economía y privatiza el poder de fuego, las armas y la violencia: el mundo al revés.

No se trata de criticar a discreción la nacionalización, proceso muy discutible, sino de anotar dos lemas esenciales: el que mucho abarca poco aprieta y zapatero a tus zapatos. Antes de producir ocumo, el gobierno debe controlar las armas; antes de poner inyecciones, Petróleos de Venezuela debe producir petróleo. Si ese Gobierno se dedica a las verduras, le montarán un enriquecedor de uranio en Catia. (Ha habido otros gobiernos que han hecho muchas cosas, pero casi todas mejor que éste: su agenda telefónica tiene más nombres; la del Presidente no pasa de cinco).

La fábrica de balas es epítome también porque el malandro se ha convertido en el Juan Bimba de estos años. El campesino que se superaba, al que Rómulo Gallegos y Andrés Eloy le enseñaban a leer, ha sido sustituido por el motorizado malsín (no el trabajador, que son tantos). Moto, misión y pistola.

glinares@cjlegal.net



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