CARACAS, jueves 02 de octubre, 2008 | Actualizado hace
Cuando todo se vale, todo se acepta y todo es permitido,
inevitablemente llega al caos. ¡Ley social, entropía
de la inteligencia, ponderación de la razón! El
ejemplo más cercano la crisis financiera americana que
muestra lo que pasa cuando se exacerba el espíritu delictivo
del dinero. Pero lo más atroz es la hecatombe que se
cierne sobre Venezuela.
El dinero y su efecto narcótico convierten en ciegos,
sordos y mudos a instituciones e individuos. Y es entonces
cuando cual personaje apocalíptico, con sonrisa burlona
e imparcial, llega la tragedia y se afinca sobre los pueblos.
Y mientras esto pasa los gobernantes, con una especie de gozo
morboso, engañan y siguen destruyendo cimientos que la
humanidad ha logrado edificar después de largas desventuras
y aprendizajes.
En los países subdesarrollados el efecto letal de la
riqueza sin control es gigantesco. Si en los desarrollados
hace quebrar grandes sistemas financieros, en los países
como Venezuela, destruye principios elementales indispensables
para una vida social medianamente estable. Allá las hipotecas
subprime o dinero ultrabarato, no son las únicas
pero sí las grandes responsable en parte de la crisis.
Aquí el dinero migaja compra y humilla a los más
pobres. El dinero bochorno o "basura" consigue solidaridad
con otros gobiernos mientras el ciudadano venezolano se vuelve
cada día más miserable. Hay un dinero maldito que
regalan a terroristas y narcos mientras que en el país
mueran centenares de seres en manos de la delincuencia. Y
está el dinero putrefacto con el cual amarran incondicionales,
esos que hasta amenazan con la muerte para vengar aunque sea
un sutil rasguño al jefe.
En las naciones ricas el dinero sin control sacude los cimientos
económicos y éticos, en las menos ricas además
convierte en llagas los fundamentos universales de la evolución
del homo. Después de siglos de experiencias los pueblos
han aprendido que sin mecanismos que generen equilibrio social,
como son las leyes y las instituciones, la condición
pensante se deshilacha asquerosamente pues siempre existirán
individuos que sus diseños mentales les lleva a abusar,
burlarse y engañar a los demás. Y es cuando la tragedia
social toca las profundidades del infierno pues el trastorno
delirante conduce al mandatario a creerse que se ha transformado
en "Hombre dinero...".
emocion@cantv.net
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