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| El caso
Los Plateados resurgen de la sangre

Se creyó que la banda estaba desmantelada, pero cinco muertes prueban lo contrario

Una razia en El Cementerio, luego de los crímenes de Los Plateados, terminó con tres fallecidos y más de 20 detenidos (Fernando Sánchez/archivo)
GUSTAVO RODRÍGUEZ |  EL UNIVERSAL
domingo 28 de septiembre de 2008  12:00 AM

Los traviesos chicos vieron pasar, con desinterés, a las patrullas por la parte alta del barrio. Ellos estaban recreándose y fingían tener aspecto y modos de rufianes, mientras se pavoneaban por las veredas de El Cementerio.

Un policía adornado con un traje de camuflaje y provisto de una ametralladora P90 los sorprendió.

"Váyanse a dormir, apártense, corran", les dijo el efectivo del grupo especial del Cicpc. El desinterés de los muchachos se desplomó cuando descubrieron que los funcionarios portaban la fotografía de su héroe. Su ingenua sonrisa los delató. Mostraron sus pequeños incisivos en proceso de dentición y se ocultaron detrás de la bodega del fallecido negro "Barlovento".

Los chicos, que apenas comienzan a experimentar la influencia corruptora de la calle, recordaron que presenciaron la graduación de su ídolo "El calcinado", quien a los 17 años decidió graduarse de "capo" y el 19 de mayo pasado asesinó a un policía.

Frente a la bodega donde se acostumbraban a jugar quedó el cadáver del distinguido de la Policía Metropolitana Luis Manuel Laya Torres. Para cumplir con la tradición lo despojó de su chapa de policía y la colocó sobre la espalda del fallecido.

El hábito para obtener "cartel" e ingresar al jet-set de la pandilla es considerado por los policías como una expresión de vanidad criminal, aunque esa costumbre los convierta en presas de cacería o las placas policiales terminen siendo simples trofeos de guerra para la banda conocida como "los Plateados".

"El Calcinado" fue el último mohicano de la tribu juvenil en ser encarcelado.

Cuarenta detectives apoyados en los efectivos de la Brigada de Acciones Especiales ocuparon el atestado corredor donde los infantes juegan a ser truhanes, los adultos socializan consumiendo bebidas alcohólicas, los vendedores de drogas comercializan sus sustancias y los camiones con sus mercaderías intentan circular para no caer por el desfiladero.

Algunos padres, a diferencia de lo que ocurre en la calle, intentan mantener algún nivel de control sobre sus hijos dentro del hogar. Desde las ventanas los chicos se divierten observando miles de cruces y las escenas de dolor que conllevan las inhumaciones en el Cementerio del Sur. Algunos más avezados deciden bajar hasta el camposanto para dar sus primeros pasos. Al cabo rato regresan cansados, pero con algo de dinero robado para comprar golosinas. Otros ya pervertidos por todo lo que han visto están listos para reeditar lo aprendido e ingresar a las filas de "los Nuevos Plateados".

Las detonaciones tampoco inmutaron a los chicos y se mostraron serenos al enterarse de que tres de sus contemporáneos habían fallecido. Los policías los buscaban por estar comprometidos en la masacre del barrio La Quinta donde cinco jóvenes fueron asesinados el fin de semana pasado: de sábado para domingo, los cadáveres quedaron diseminados entre los estrechos callejones y escaleras del sector Santa Eduvigis y Barrio Nuevo. Todos presentaron múltiples heridas y un disparo de gracia en la cabeza.

Los moradores identificaron a las víctimas como Jakson Smith Velásquez Rangel (18), Yorman Kelvin Rodríguez Parra (20), Richard Alexis Castillo González (19), Jefran Alexander Sánchez Camacho (18) y Freddy Sánchez Camacho, de 19 años. Estos dos últimos eran hermanos. Ambos estaban desempleados, según informaron sus familiares.

"Los Plateados" fueron noticia a partir de 2005, con una masacre en El Cementerio, y su líder fue apresado en 2007. A la banda se le atribuían unos 25 homicidios. El año pasado, las autoridades pensaban que finalmente habían erradicado a la banda, pero hace tres semanas, en una playa de Catia La Mar, resurgieron con un triple homicidio. Desde entonces, la policía ha vuelto a buscarlos.

Problema moral El evangelizador José Cortéz, miembro de la Congregación Unidos por Cristo, encogió sus hombros al ver los cadáveres de las personas que horas antes habían decretado el destierro de la hermandad y los obligaron a marcharse.

"El problema no radica en el aspecto económico de la pobreza ni en la fachada sanitaria de las viviendas y la prostitución, lo realmente grave es el asunto moral que implica la calle con todas sus tentaciones y la falta de control social", señaló un miembro de la cofradía cuando abordaba un jeep que los trasladara hasta la parte baja del barrio. "Un gánster (sic) no nace, se hace", dice un grafitti escrito sobre la pared de ladrillos rojos del deshabitado módulo de Barrio Adentro construido por el Ministerio de la Defensa en el marco del llamado "Proyecto País". Allí los críos se entrenan en las técnicas básicas de escalamiento para penetrar en sigilo en residencias y comercios.

La señora Juana Laguna Blanco, madre de "El Calcinado" y de uno de los adolescentes muertos, se presentó en el tugurio donde se produjo el intercambio de disparos para certificar el fallecimiento.

Los detectives no le prestaron atención porque se limitaban a buscar evidencias dentro del cuchitril. La cadena de custodia de evidencias además de dos pistolas y un revólver contenía unas barajitas de "las batallas de Pokemón y Pikachú", y algunos electrodomésticos de dudosa procedencia.

Las patrullas y los policías se marcharon a las nueve de la mañana. Atrás quedaron los laberintos franqueados por canales de aguas negras y niños con una atávica herencia de violencia en El Cementerio.

Ninguno se atreve a predecir el futuro de "Ñaña" y "Maneno" porque sus fotos las cargan los policías de la División contra Homicidios. Tal vez ninguno de ellos llegue a ser adulto.

grodriguez@eluniversal.com

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