CARACAS, viernes 26 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
10:26 AM
San Sebastián.- El argentino Daniel
Burman da un salto generacional en "El nido vacío", un
retrato de la crisis de mediana edad de un literato de éxito,
y el coreano Kim Ki-duk se sumerge en un personal relato del
mundo de los sueños, en la jornada final de la Sección
Oficial del Festival de Cine de San Sebastián.
"El nido vacío" se refiere al conocido síndrome
que sufren los padres cuando sus hijos abandonan el hogar
en esta cinta que sirve a Burman para trasladar la crisis
de los 30 -hilo conductor de casi todas sus películas-
a la de los 50.
Esta coproducción hispano-argentina, "una muestra de
la extraña y compleja relación de inversión
de amor entre padres e hijos", apunta su director, está
protagonizada por Oscar Martínez y Cecilia Roth, y ha
abierto la jornada final de esta 56 edición del Festival
con un claro vínculo con el cine de Woody Allen, destacó
Efe.
Burman, consagrado gracias a "El abrazo partido", entiende
que este cambio generacional que ha abordado en su nueva película
"simplemente ayuda a contextualizar la historia, como lo puede
hacer el emplazamiento geográfico. Los conflictos y miedos
que nos asaltan -dijo- suelen ser los mismos a cualquier edad".
En el proceso de adaptación que vive este literato en
"El nido vacío" surgen destellos de fantasía en
forma de escenas musicales "que sólo representan un leve
corrimiento de la realidad, el que aplicamos todas las personas
cada día para aliviar el aburrimiento".
"Escapar a lugares cercanos nos ayuda a tomar una perspectiva
diferente de las cosas", defiende Bruman, y es precisamente
lo que hace este padre hastiado y algo perdido en la cinta.
Siempre inéditas son las conexiones con las que el coreano
Kim Ki-duk ata a sus personajes. En su nueva película,
"Bi Mong", impide a sus dos protagonistas escapar de un destino
inexorable.
Dos desconocidos descubren estar relacionados entre sí.
Cada vez que él duerme, ella ejecuta inconscientemente
sus sueños, que además están relacionados con
el pasado sentimental de ambos.
La poética de Kim Ki-duk vista en "La isla", "Primavera,
verano, otoño, invierno... primavera" -Premio del Público
en San Sebastián en 2003- o la reciente "Aliento" surge
en este nuevo trabajo como un juego de contrastes en el que
sus dos personajes principales encarnan el ying y el yang
del desamor.
Él convive en sus sueños con la mujer que dice
amar, mientras que ella persigue sonámbula al hombre
que dice odiar.
El coreano, que no asiste al Festival porque se está
recuperando de un reciente accidente de automóvil, habló
hoy con los periodistas a través de videoconferencia
y explicó que en "Bi Mong" desarrolla "una historia
de amor, el tema universal del hombre, incidiendo en el pasado
de sus dos protagonistas, que está representado por el
mundo de los sueños y que condiciona el presente y futuro
de ambos".
"El amor es un círculo de celos, ira y felicidad y cuando
termina se mantiene vivo gracias a los recuerdos, que son
finalmente los que nos gobiernan", explica el director acerca
de este complejo relato que no encuentra un desarrollo a la
altura de su estimulante planteamiento.
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