CARACAS, martes 23 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
En diciembre del 2008 se cumplirán 10 años desde
la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela.
El Presidente Chávez fue elegido con el compromiso de
reformar el profundamente desacreditado sistema político
venezolano. Su primer logro importante, la sanción de
una nueva Constitución en 1999, fue una oportunidad extraordinaria
para que el país fortaleciera el estado de derecho y
la protección de los derechos humanos. La Constitución
de 1999 amplió significativamente la protección
de los derechos humanos, por ejemplo, al otorgarle prevalencia
a las obligaciones jurídicas internacionales en esta
materia por sobre las leyes internas. También creó
un nuevo Tribunal Supremo de Justicia e intentó dotarlo
de la independencia institucional necesaria para actuar como
el último garante de los derechos fundamentales.
Sin embargo, esta oportunidad histórica ha sido, en
gran medida, desperdiciada. El revés más dramático
se produjo en abril de 2002, cuando un golpe de estado destituyó
temporalmente a Chávez de su cargo y lo reemplazó
con un presidente de facto quien, en su primer acto de gobierno,
disolvió las instituciones democráticas del país,
suspendió la legislatura y desarticuló al Tribunal
Supremo. A las 40 horas el golpe había llegado a su fin,
Chávez volvió a ocupar su cargo y se restableció
el orden constitucional. No obstante, si bien esta desestabilización
de la democracia venezolana duró menos de dos días,
ha acechado a la política de ese país desde entonces
al darle al gobierno un pretexto para adoptar una amplio espectro
de medidas que han debilitado garantías fundamentales
establecidas en la Constitución de 1999.
La discriminación política ha sido una característica
definitoria de la presidencia de Chávez. En algunas oportunidades,
el presidente mismo ha respaldado abiertamente actos de discriminación.
En términos más generales, ha incentivado a sus
subordinados a tomar medidas discriminatorias al tachar sistemáticamente
a sus opositores de conspiradores antidemocráticos y
golpistas, independientemente de que éstos tuvieran o
no alguna relación con el golpe de 2002.
Otra característica definitoria de la presidencia de
Chávez ha sido el desprecio manifiesto del principio
de separación de poderes consagrado en la Constitución
de 1999 y, en especial, de la idea que un poder judicial independiente
es indispensable para proteger derechos fundamentales. Después
del golpe de 2002, lo más perjudicial para el estado
de derecho en Venezuela fue que en 2004 Chávez y sus
aliados coparan el Tribunal Supremo con aliados del gobierno.
Ante la ausencia de una fiscalización judicial creíble,
el gobierno de Chávez ha aplicado políticas con
frecuencia discriminatorias que han afectado el derecho a
la libertad de expresión de los periodistas, el derecho
a la libertad de asociación de los trabajadores y la
capacidad de la sociedad civil de promover los derechos humanos
en Venezuela.
Este libro examina el estado de la democracia venezolana
actual desde una perspectiva de derechos humanos. No aborda
todas las cuestiones urgentes de derechos humanos que enfrenta
el país hoy en día, muchas de las cuales son anteriores
a la presidencia de Chávez. Más bien, se concentra
en el impacto que las políticas del gobierno de Chávez
han tenido sobre instituciones que desempeñan un rol
fundamental para asegurar el respeto de los derechos humanos:
los tribunales, los medios de comunicación, los sindicatos
y la sociedad civil.
Las conclusiones del libro se basan, principalmente, en una
investigación desarrollada por Human Rights Watch durante
varias visitas a Venezuela entre diciembre de 2006 y julio
de 2008. También utiliza información obtenida durante
visitas previas, realizadas a partir del año 2002. Human
Rights Watch llevó a cabo extensas entrevistas con funcionarios
del gobierno, autoridades judiciales, juristas, académicos,
defensores de derechos humanos, sindicalistas y periodistas
en Venezuela.
Discriminación política
El gobierno del Presidente Chávez ha tolerado, alentado
y participado en una amplia variedad de actos discriminatorios
contra opositores políticos y críticos. El capítulo
2 documenta de qué forma el gobierno ha:
- Despedido a opositores políticos de algunas instituciones
estatales y de la compañía petrolera estatal y puesto
sus nombres en listas negras;
- Negado a algunos ciudadanos el acceso a programas
sociales como consecuencia de sus opiniones políticas;
y
- Discriminado contra los medios de comunicación,
los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil en
respuesta a sus críticas o a su actividad política.
Chávez asumió la presidencia, en parte, gracias
a la promesa de liberar a Venezuela de sus arraigados patrones
de exclusión política. Sin embargo, si bien su gobierno
logró eliminar los patrones existentes, los ha reemplazado
con nuevas formas de discriminación contra sus críticos
y opositores.
Aunque Chávez mismo ha reconocido, en algunas oportunidades,
que la discriminación política es un problema serio
y se ha manifestado en contra de ella, sus expresiones habituales
de intolerancia política han servido para fomentar los
actos discriminatorios de sus partidarios. En alguna ocasión,
Chávez ha defendido abiertamente la discriminación
política contra sus opositores. Por ejemplo, lo
ha hecho al respaldar en público las declaraciones de
su ministro de energía cuando éste manifestó
que la compañía petrolera estatal removería
a los empleados que no apoyaran al presidente.
Human Rights Watch recomienda al gobierno venezolano que
adopte medidas concretas para poner fin a la discriminación
política. Específicamente, el presidente y otros
altos funcionarios deben abstenerse de pronunciamientos pudieran
interpretarse como un respaldo a la discriminación política.
El gobierno debería dar instrucciones claras, a todos
los funcionarios del gobierno, que prohíban expresamente
la discriminación política en la contratación
y el despido de empleados, así como en el acceso a programas
estatales. También debería investigar oportuna y
seriamente todas las acusaciones creíbles de discriminación
política, así como sancionar a los funcionarios
responsables de los actos de discriminación.
Las cortes
El gobierno del Presidente Chávez ha logrado, en la
práctica, neutralizar al poder judicial como un poder
independiente. El capítulo 3 documenta cómo el presidente
y sus partidarios en 2004 coparon con sus aliados al Tribunal
Supremo de Justicia, y cómo el tribunal ha, en gran medida,
abdicado su rol como control de las acciones arbitrarias del
estado y garante de las libertades públicas.
Cuando Chávez asumió la presidencia, contaba con
un amplio apoyo para depurar a un poder judicial disfuncional
y profundamente desacreditado. La Constitución de 1999
creó un nuevo Tribunal Supremo con la intención
de garantizar su integridad e independencia. Sin embargo,
en 2004, Chávez firmó una ley que hizo posible que
sus partidarios en la Asamblea Nacional depuraran al máximo
tribunal y nombraran a sus aliados, modificando significativamente
su composición a favor del gobierno.
La coalición gobernante utilizó esta ley para designar
magistrados afines cubriendo las 12 nuevas vacantes (en un
tribunal que antes tenía 20 miembros) con aliados políticos.
Este nuevo Tribunal Supremo de Justicia posteriormente destituyó
y designó a cientos de jueces de los tribunales inferiores.
Desde que se modificó significativamente la composición
del Tribunal Supremo a favor del gobierno, el máximo
tribunal ha respondido a las medidas del gobierno que amenazan
los derechos fundamentales, en general, con pasividad y aquiescencia.
En especial, no ha actuado para contrarrestar ataques a la
separación de poderes, como la mencionada ley de 2004
que permitió copar al Tribunal Supremo con aliados del
gobierno y, más recientemente, el paquete de reformas
constitucionales de 2007. Tampoco ha salvaguardado derechos
fundamentales en casos prominentes sobre medios de comunicación
y sindicatos.
Human Rights Watch recomienda que se adopten medidas para
revertir el daño causado por la ley de 2004 que permitió
copar al máximo tribunal con aliados del gobierno. Luego
de las próximas elecciones legislativas en 2010, la nueva
Asamblea Nacional debería intentar restablecer la legitimidad
del Tribunal Supremo de Justicia, a través de, por ejemplo,
un proceso único de ratificación que requiera una
mayoría de dos tercios de los votos para cada uno de
los actuales magistrados que fueron designados desde la sanción
de la ley de 2004.
Quienes reemplacen a los magistrados que no reciban la ratificación
de la Asamblea Nacional deben ser designados con un quórum
similar mediante un proceso abierto, transparente e independiente.
Mientras tanto y de inmediato, la legislatura también
debería derogar las disposiciones de la ley de 2004 que
permiten que los magistrados puedan ser destituidos mediante
una mayoría simple de votos.
Los medios de comunicación
El gobierno del Presidente Chávez ha socavado la libertad
de expresión en Venezuela a través de diversas medidas
que buscan alterar el control y el contenido de los medios.
El capítulo 4 documenta de qué forma el gobierno
y sus seguidores en la legislatura han:
- Ampliado el alcance de las "leyes de desacato", que castigan
las expresiones sobre funcionarios del gobierno consideradas
irrespetuosas, y endurecido las penas por calumnias e injurias;
- Ampliado la vaga definición de "incitación"
y endurecido las sanciones correspondientes, lo cual permite
la suspensión arbitraria de canales de TV y radio;
- Restringido el acceso a información pública;
y
- Abusado del control estatal sobre las frecuencias de radio
y televisión para amenazar y discriminar a estaciones
con una programación claramente crítica.
En Venezuela aún existe un dinámico debate público,
en el cual los medios opositores al gobierno pueden hacer
oír sus críticas y aquellos afines a Chávez
expresan su defensa del gobierno. Sin embargo, mientras Chávez
enfrentaba a casi una totalidad de medios privados hostiles
al momento del golpe de 2002, desde entonces ha logrado que
la balanza de los medios de comunicación se incline,
en forma significativa, a favor del gobierno.
Este cambio no se ha producido porque se haya promovido la
existencia de medios más plurales, sino porque se actuó
contra los medios de comunicación opositores y, al mismo
tiempo, se promovieron medios estatales que reflejan únicamente
los puntos de vista de los partidarios de Chávez.
Al expandir y endurecer las penas por delitos que penalizan
expresiones y por violaciones a las normas sobre regulación
de los medios, Chávez y sus partidarios en la legislatura
fortalecieron la capacidad del gobierno de limitar la libertad
de expresión y crearon poderosos incentivos para que
los opositores se autocensuren. Periodistas que trabajan para
medios de la oposición han sido procesados como consecuencia
de estas leyes durante los últimos años, lo cual
genera presión sobre estos medios para moderar el tono
de sus críticas. Si el gobierno, amparándose en
estas nuevas disposiciones, decidiera iniciar investigaciones
más activamente, se reduciría drásticamente
el espacio para el debate político y la libre expresión
en Venezuela.
Hay un ámbito en el cual la política gubernamental
sobre medios sí ha tenido resultados positivos en la
transmisión de radio y televisión a nivel comunitario.
El gobierno ha apoyado en forma activa la creación de
estaciones de radio y TV comunitarias, cuya transmisión
contribuye al pluralismo y a la diversidad de los medios en
Venezuela.
Human Rights Watch recomienda que la legislatura venezolana
derogue todas las leyes existentes que infringen el derecho
internacional sobre libertad de expresión, incluidas
las leyes "de desacato", las leyes que penalizan la difamación
de funcionarios públicos e instituciones, y las disposiciones
excesivamente amplias sobre "incitación" incluidas en
sus normas sobre difusión de radio y televisión.
También debería dictar leyes para garantizar efectivamente
y sin discriminación el derecho constitucional de acceso
a la información. Además, después de
las elecciones legislativas de 2010, la Asamblea Nacional
debería crear un ente estatal que administre las frecuencias
de radio y televisión y haga cumplir las leyes sobre
esta materia. Deberían adoptarse las medidas necesarias
para que este nuevo ente posea la autonomía institucional
que CONATEL tiene en teoría, pero carece en la práctica.
Los sindicatos
El gobierno del Presidente Chávez ha intentado rehacer
el movimiento sindical venezolano a través de fórmulasque
vulneran principios básicos sobre libertad de asociación.
El capítulo 5 documenta de qué forma el gobierno
ha:
- Socavado el derecho de los trabajadores de elegir
a sus representantes, al ordenar la supervisión y el
reconocimiento estatal de elecciones sindicales;
- Denegado a los sindicatos cuyos resultados electorales
no fueron aprobados por el estado el derecho de negociar contratos
colectivos;
- Debilitado el derecho de los trabajadores de afiliarse
libremente al sindicato de su preferencia, al favorecer a
los sindicatos alineados con el gobierno; y
- Menoscabado el derecho de huelga de los trabajadores
al prohibir huelgas legítimas y tomar represalias masivas
contra trabajadores petroleros huelguistas.
El presidente Chávez y sus partidarios han intentado
justificar estas acciones como parte de una iniciativa más
amplia para "democratizar" al movimiento sindical ante supuestos
líderes sindicales corruptos y sin independencia. Sin
embargo, despedir a trabajadores por ejercer su derecho de
huelga, denegarles su derecho a negociar contratos colectivos
y discriminarlos debido a su ideología política
no promueve la democracia sindical.
Más aún, uno de los principios fundamentales del
derecho internacional laboral dispone que los estados no deben
interferir en los asuntos internos de los sindicatos, incluidas
las elecciones de sus dirigentes. El objeto de esta prohibición-consagrada
en los convenios de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) de los cuales Venezuela es estado parte-es evitar
la manipulación política y el control estatal que,
a menudo, pueden ser consecuencia de la injerencia estatal
en los asuntos sindicales y que infringen el derecho a la
libertad sindical de los trabajadores.
Mediante la violación sistemática del derecho de
libertad sindical de los trabajadores, el gobierno de Chávez
ha perjudicado a los sindicatos existentes y ha favorecido
a nuevos sindicatos paralelos que apoyan su agenda política.
Por ejemplo, les ha negado a sindicatos existentes el derecho
de negociación colectiva hasta que celebren elecciones
reconocidas por el estado, las cuales las autoridades electorales
demoran e incluso suspenden.
Mientras tanto, el gobierno negocia con nuevos sindicatos
afines a Chávez, que se encuentran exentos de los requisitos
electorales. Ha despedido e incluido en listas negras a miles
de trabajadores de la compañía petrolera estatal
que participaron en una huelga legítima, y posteriormente
ha amenazado con despedir a todos los demás trabajadores
que no apoyaran a Chávez. También ha promovido la
creación de organizaciones de trabajadores alternativas
que podrían usarse para debilitar la actividad sindical
legítima, atentar contra los sindicatos existentes y
eludir las leyes laborales del país.
Human Rights Watch recomienda que el gobierno deje de interferir
en los asuntos sindicales y de realizar actos de discriminación
política contra los trabajadores. En especial, el gobierno
debería promover legislación que establezca que
el control y el reconocimiento estatal de elecciones sindicales
sean estrictamente optativos (a menos que exista una orden
judicial) y que elimine la discreción política en
la selección de las contrapartes para realizar negociaciones
colectivas.
También debería abstenerse de aplicar represalias
contra los trabajadores que participen en huelgas legítimas
así como permitir las huelgas basadas en demandas sobre
políticas económicas y sociales, tal como lo exige
el derecho internacional.
Asimismo, debería modificar la legislación existente
y propuesta sobre asociaciones de trabajadores alternativas,
a fin de asegurar que éstas no sean usadas para someter
a los sindicatos al control estatal, bloquear la actividad
sindical legítima o evadir la legislación laboral
nacional.
La sociedad civil
El gobierno del Presidente Chávez ha debilitado su propia
capacidad para abordar los problemas de derechos humanos de
Venezuela, que existen desde hace tiempo, al adoptar una actitud
de confrontación agresiva frente a los defensores de
derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil.
El capítulo 6 documenta de qué forma el gobierno
ha:
- Sometido a los defensores de derechos humanos a investigaciones
penales sobre la base de acusaciones infundadas o extremadamente
exageradas;
- Intentado desacreditar y perjudicar a las organizaciones
de derechos humanos a través de acusaciones infundadas
de complicidad en la subversión;
- Intentado excluir a las organizaciones que recibían
financiamiento del exterior de la participación en foros
internacionales; e
- Impulsado legislación que permitiría la interferencia
estatal arbitraria en la búsqueda de fondos y en las
operaciones de las organizaciones de derechos humanos.
El presidente Chávez y sus partidarios han intentado
justificar estas medidas argumentando que las organizaciones
de la sociedad civil perseguían una agenda política
partidista que buscaba desestabilizar al país y derrocar
al presidente. Sin embargo, si bien es razonable que el gobierno
investigue y juzgue las denuncias creíbles de actividad
delictiva y que legisle sobre el financiamiento del exterior
de las organizaciones de la sociedad civil para promover mayor
transparencia, las medidas adoptadas por el gobierno de Chávez
han excedido las formas legítimas de rendición de
cuentas y reglamentación.
Dada la gravedad de los problemas de derechos fundamentales
que enfrenta Venezuela, el gobierno podría beneficiarse
enormemente de la experiencia y los aportes de los defensores
y las organizaciones de derechos humanos del país para
ayudar a desarrollar e implementar las reformas necesarias.
Sin embargo, las autoridades han hostigado, intimidado y
marginado de las discusiones sobre políticas públicas
a los principales defensores de derechos humanos. En una medida
excepcional, el gobierno incorporó diversos expertos
de la sociedad civil en una comisión para analizar y
realizar propuestas para reformar las fuerzas policiales de
Venezuela. Lamentablemente, sin embargo, la comisión
sobre reforma de la policía es sólo la excepción
que confirma la regla sobre el costo que acarrea la postura
de confrontación del gobierno frente a la sociedad civil
venezolana.
El gobierno de Chávez debería abandonar su postura
de confrontación agresiva frente a los defensores de
derechos humanos y a las organizaciones de la sociedad civil.
Como lo demuestra la experiencia sobre la reforma policial,
incluso en el medio de una situación política polarizada,
es posible lograr un compromiso constructivo que contribuya
a encontrar soluciones para los problemas crónicos de
derechos humanos que enfrenta el país.
El futuro de la democracia venezolana
Las recomendaciones incluidas en este informe son totalmente
consistentes con el objetivo más amplio de la Constitución
de 1999-objetivo apoyado públicamente por el gobierno
de Chávez-de promover una democracia más inclusiva
en Venezuela. De hecho, Human Rights Watch considera que los
pasos recomendados son prerrequisitos para cualquier intento
serio de conseguir este ambicioso y vital propósito.
Los ciudadanos de un país no pueden participar en la
política de manera plena y equitativa cuando sus derechos
a la libertad de expresión y asociación están
en peligro. Asegurar el ejercicio de estos derechos esenciales
requiere más que garantías constitucionales y discurso
político. Hacen falta instituciones que sean capaces
de hacer frente y terminar con prácticas estatales abusivas.
Por sobre todo, es necesario un poder judicial independiente,
competente y con credibilidad.
Asimismo, es crítico que las instituciones no estatales-tales
como los medios de comunicación, los sindicatos y la
sociedad civil-no sean sujetas a discriminación política
ni a represalias por parte del gobierno.
El Presidente Chávez ha buscado activamente proyectarse
como un defensor de la democracia, no sólo en Venezuela,
sino en toda América Latina. Sin embargo, su presunto
compromiso con esta causa es contradictorio con el desprecio,
por parte de su gobierno, de garantías institucionales
y derechos fundamentales indispensables para la participación
democrática.
Venezuela no logrará obtener un progreso real y sostenido
hacia el fortalecimiento de su democracia-ni tampoco ser un
modelo útil para otros países de la región-mientras
su gobierno continúe despreciando los principios de derechos
humanos establecidos en su propia Constitución.
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