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Crisis financiera de amplio espectro

El fin de la burbuja hipotecaria desinflará los precios del petróleo

El plan de rescate presentado por Bush debe ser aprobado por el Congreso estadounidense (EFE)

El gigante se resfrió y el mundo entero estornudó, en una semana que marcará la historia económica como el inicio de una crisis financiera que promete ser de largo aliento.

La quiebra de Lehman Brothers, el cuarto banco de Estados Unidos, no resulta un hecho aislado. Su desplome afectó no solo el nivel de liquidez en la tierra del Tío Sam, sino también el de muchos países que tenían su dinero en inversiones manejadas por esa institución.

La globalización le jugó de nuevo una mala pasada al mundo con una historia que lucía doméstica, pero que arrasó con las bolsas mundiales y con las inversiones de las empresas y gobiernos que confiaban su dinero a Lehman Brothers.

Aunque el estallido se concretó esta semana, la crisis marchaba a paso sigiloso desde agosto del año pasado, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés para controlar la inflación.

El detonante se presentó cuando los deudores hipotecarios de alto riesgo -también llamados tenedores de hipotecas subprime- dejaron de pagar por la subida de las tasas que, para el caso de esos créditos, eran más altas debido a que la posibilidad de impago era más elevada que con otras deudas.

Las hipotecas subprime se transaron en el mercado estadounidense en forma de bonos o titularizaciones de crédito, lo que permitió al banco que entregaba el crédito retirarla de su pasivo y transferirla a fondos de inversión o planes de pensiones.

Contagio mundial Pero debido a la agilidad con que se mueven los negocios en la economía globalizada, esos instrumentos de inversión traspasaron las fronteras de Estados Unidos y comenzaron a transarse y a cambiar de manos con bastante frecuencia, lo que implicó que no todos estaban al tanto del alto riesgo que tenían.

Cuando los deudores de las hipotecas subprime dejaron de pagar por el alza de las tasas, ya unos cuantos agentes de mercado e instituciones bancarias de gran renombre estaban llenos de papeles garantizados por estos préstamos.

La liquidez de grandes bancos y aseguradoras estadounidenses estaba sostenida con unos títulos que comenzaron a perder su valor, y ese rumor comenzó a recorrer los mercados internacionales creando volatilidad en las bolsas de valores.

El vacío de activos generado por los venidos a menos papeles hipotecarios evaporó las ganancias de las más grandes instituciones estadounidenses como Morgan Stanley, Citigroup, Merryl Lynch (comprada por Bank of America), Bearn Stearns (banco que fue vendido para salvarlo del colapso), Goldman Sachs, Lehman Brothers (que quebró esta semana), Fannie Mae, Freddi Mac y American International Group (AIG). Las tres últimas fueron estatizadas.

Los malos resultados generaron pánico en los mercados mundiales y la caída del gigantesco banco de inversión Lehman Brothers resquebrajó la estabilidad financiera en el mundo entero.

El resfriado local En Venezuela la mayoría de las instituciones bancarias se salvaron de los aprietos, tras deshacerse de los papeles de Lehman Brothers. Sin embargo, a dos bancos y al Gobierno se les quedaron los títulos en la mano.

En el caso gubernamental, un total de 300 millones de dólares (645 millones de bolívares fuertes al cambio oficial) en notas estructuradas emitidas fueron afectados por la bancarrota. Los recursos formaban parte de las inversiones que el Gobierno hizo con los recursos depositados en el Fonden, y ahora deberá asumir las pérdidas.

Pero el tema no solo se centra en la caída de los bancos más tradicionales de Estados Unidos, sino de lo que significará para el mundo el hecho de que la economía de esa nación dé un paso hacia atrás.

Como un mercado altamente consumidor, su recesión podría significar una crisis mundial que ya algunos comparan con la Gran Depresión de 1929.

Pero no todos creen que un retroceso económico profundo pueda afectar a la primera potencia mundial, al menos no con el mismo nivel de gravedad que la crisis de hace 79 años. El profesor emérito de la Universidad de Rhode Island, Maury Klein, cree que esta posibilidad aún está en debate y que nadie está seguro de lo que pasará.

"Lo que es similar en ambos casos es que tienes una situación donde comienzas a jugar en cantidades cada vez mayores con cosas que no entiendes", sostuvo a la agencia Reuters.

Con un plan de rescate multimillonario que aplicará el gobierno de George W. Bush, con el que se intentará evitar que otras empresas se contagien de la crisis que afectó a los bancos más grandes del país, algunos se preguntan si será suficiente.

El economista Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, no confía en que la inyección de recursos mejore la salud económica y que, por el contrario, "esto sólo es el principio de la crisis".

"Nos dirigimos lentamente hacia un descarrilamiento económico que exacerbará los problemas financieros. Hay una probabilidad significativa de una recesión en los próximos trimestres", dijo.

Stiglitz dijo a Efe que, sin duda, falló la regulación del sistema financiero y la aplicación de las normas por parte de la Reserva Federal.

"Se suponía que la Reserva se llevaría el ponche cuando la fiesta se volviera escandalosa, pero en su lugar echó más alcohol", enfatizó el economista.

Entre tanto, el destacado economista estadounidense Paul Krugman mantiene dudas sobre las acciones definidas por el gobierno de Bush para salvar al país de una recesión.

En su columna, que publicó ayer el periódico New York Times, resaltó que hasta los momentos no ha escuchado a la administración de Bush hablar sobre los mecanismos que se utilizarán para recapitalizar las firmas financieras con riesgo de bancarrota, sino solo a aquellas que ya quebraron.

Con el esperado desmejoramiento de la economía estadounidense en el corto plazo, la situación no le sonreirá a Venezuela. La expectativa es que la demanda petrolera baje y, con ello, el precio del hidrocarburo.

La enorme dependencia provocará que ingresen menos recursos al país, situación que ya fue asumida por el Gobierno nacional, a través de la definición de un presupuesto austero.

El presidente Hugo Chávez confía en que el panorama no será desolador para Venezuela.

"Estamos en condiciones de aguantar este terremoto financiero", sentenció ayer.

Suhelis Tejero Puntes
EL UNIVERSAL


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