La cifra ya supera en 13% a todas las muertes por la misma causa durante 2007
El costo de la violencia que lleva a cobrar venganza en cualquier
sitio público es el incremento de las víctimas que
estaban de paso y que, quizás por una casualidad, terminaron
asesinadas en una situación que les era ajena.
Sólo el fin de semana pasado, una venganza causó
la muerte de tres personas en playa Candilejas, en Catia La
Mar. Una de ellas nada tenía que ver con los asesinos,
al igual que cuatro mujeres que quedaron heridas junto al
bebé de once meses que recibió un disparo en la
cabeza y cuya situación aún es delicada.
Fuentes del Ministerio de Interior y Justicia explicaron
que la cifra de fallecidos por quedar en la línea hasta
agosto de este año es de 112 personas. Pero en todo 2007
fueron 99 fallecidos por la misma causa.
Según fuentes de la Policía Metropolitana 249 personas
resultaron heridas en medio de tiroteos, en especial en barrios
de Caracas. Las fuentes aseguran que entre jueves y domingo,
que son los días que se refuerza el Operativo de Seguridad
Urbana, se registran en promedio 7 heridos en línea de
fuego.
Pero como el caso de La Guaira, cada vez más los espacios
públicos se han hecho escenario de este tipo de muertes,
incluyendo locales nocturnos donde se supone hay un control
para evitar que entren armadas.
Estado de indefensión
Según el sociólogo Roberto Briceño León,
director de la organización Observatorio Venezolano de
la Violencia la falta de resguardo policial conlleva a que
la gente se pregunte qué puede hacer para defenderse.
Explica que "hay venganzas entre individuos y las hay por
los conflictos propios de la sociedad y porque no hay presencia
policial para garantizar la seguridad de las personas". Los
propios jóvenes en el barrio carecen de protección
y sienten que no hay justicia así que la asumen por su
propia mano.
En los estudios que ha realizado ha descubierto dos mecanismos:
unos que usan la violencia para defenderse y otro en el que
ellos creen que hace justicia; dos cosas que debe hacer el
Estado. Según Briceño lo más común en
las investigaciones que ellos realizan son los jóvenes
que dicen que debieron comprar un arma y conseguirse unos
amigos para defenderse.
Esta dinámica hace que esa violencia se traslada a cualquier
lugar de la ciudad donde se encuentren, pues no hay una voluntad
de hacer cumplir la ley y proteger a los ciudadanos.
Briceño explica que la reciprocidad negativa implica:
"Morir para vengar una 'culebra' propia o una heredada, muchos
de los jóvenes consultados cuentan que tienen una obligación
moral de salir a matar por la pérdida de un familiar".
Dice que el Estado debe tener políticas que garanticen
la aplicación de la justicia, y en la familia debe haber
una concepción de perdón, pero en el hogar actual
no se da y que lo poco que podría ofrecer se enfrenta
siempre con la realidad.
Pero para Briceño, el problema es el sistema de justicia;
no se trata estrictamente de que las modificaciones del Código
Orgánico Procesal Penal faciliten la salida de la cárcel
de personas que no están listas para ingresar a la sociedad,
no es la severidad de las penas como factor disuasivo, sino
que la gente sienta que se va a aplicar la pena porque van
a apresar al delincuente. A ésta se suma las complicidades,
pues el policía siente que al delincuente lo van a soltar
y, o no lo apresa o lo soborna.
El especialista dice que el eje de esta violencia es lo que
una señora dijo en un grupo focal el fin de semana en
Barquisimeto: "Mataron a dos de mis hermanos y quedaron como
si fuera un enfrentamiento, se le ha pagado a la policía,
pero los pobres no somos nadie y nuestros casos no se averiguan,
el asesino vive a dos cuadras de la casa".
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