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Lugo Chávez
HUGO SANTAROMITA |  EL UNIVERSAL
martes 9 de septiembre de 2008  04:47 PM

No sabemos a ciencia cierta si los paraguayos se han percatado de que la llegada al poder del ex obispo Fernando Lugo ha despertado un interés inusitado de parte del presidente venezolano Hugo Chávez por esa nación suramericana. No sabemos con certeza si los hermanos guaraníes han podido interpretar lo que viene ocurriendo, a causa de la influencia venezolana, en la vecina Bolivia, desde que Evo Morales está en la presidencia. No sabemos realmente si han podido verse en ese espejo. Presumimos que los hermanos del Chaco no tienen ni idea de lo que les sobrevendrá ante algún eventual contubernio con Chávez, si se consolidan con éste algunas ayudas de tipo económico y social, tal y como lo viene haciendo también en Cuba, Nicaragua y Ecuador, en desmedro de Venezuela. No tienen ni idea los paraguayos de lo dramáticas que se volverán sus vidas a partir de la injerencia del milico venezolano en sus tierras.

La llegada del paraguayo Lugo, un seguidor de la Teología de la Liberación, despertó las fauces del ambicioso mandatario venezolano, quien desde ya se frota las manos en busca de otro gobierno satélite que le permita extender su chequera petrolera y su retórica marxista, a cambio de la compra de lealtades internacionales. No es difícil adivinar una posible simbiosis entre los principios teológicos de izquierda -léase Leonardo Boff y Camilo Torres- y el arsenal populista de régimen venezolano, enclavados en un pueblo con muchas necesidades y, por ende, fácilmente maleable desde el punto de vista ideológico.

No sabemos con real certidumbre qué es mejor, si ayudar al pobre pueblo paraguayo en sus penurias, aun a costa de su adoctrinamiento y su alienación, o advertirle de la inconveniencia de un socio tan enfermizamente radical como Chávez, cuyo único fin es ofrecer prebendas, utilizando el arma del odio y la división, sólo a cambio de apoyo para su proyecto totalitario continental. Nadie en el mundo sabe más que los venezolanos de las reales intenciones de Chávez más allá de las fronteras venezolanas, pues, desde su arribo al poder en 1999 han sido testigos de la erosión institucional más grande en la historia de Venezuela, y de las más aberrantes y obscenas violaciones a sus derechos en el orden social, político, económico y cultural. Esto es el magro resultado moral de la pretendida revolución chavista, un proyecto pobre en contenido, y decadente por desusado y corrupto.

Cada vez que Chávez anuncia apoyos a nuevas naciones, le hunde más la espada a su país y pulveriza las esperanzas de los venezolanos, asfixiando sus gritos de libertad y de desarrollo, mientras busca exhibirse como un salvador de pueblos oprimidos fuera de los límites de su patria. Mientras en Venezuela, los hospitales se hunden en la desidia y el abandono, Chávez le entrega dinero a Cuba para apoyar su sistema de salud; mientras la vialidad en Venezuela es un desastre, Chávez abona un cheque a Paraguay para la construcción de una nueva carretera; mientras inhabilita políticamente a sus adversarios ganadores, Chávez no deja de proclamar la perfecta democracia venezolana tratando de exhibirse así ante el mundo; mientras la inseguridad acaba con los venezolanos día a día, Chávez compra armamento a Rusia para exhibir una fachada militar ante enemigos convenientemente inventados; mientras las inversiones se alejan de Venezuela por su discurso radical, Chávez se vanagloria de que el futuro está en la economía comunal y el cooperativismo socialista, un modelo de desarrollo totalmente fracasado y superado.
Aunque sea duro decirlo, el flamante presidente Lugo caerá tarde o temprano en las redes del autócrata venezolano, no sólo por sus ingentes necesidades, sino porque así lo dicta la lógica socialista, que pontifica la pobreza como el único requisito indispensable para ser tomado en cuenta por el "Papá Estado". Más allá de eso, es ser simplemente un oligarca depredador del interés colectivo y enemigo de la igualdad. Se trata de un discurso etiquetado que forma parte de la mitología chavista-fascista, utilizada con éxito hasta ahora, pero que ya viene en caída libre, lo cual podría confirmarse en las elecciones regionales venezolanas previstas para el 23 de noviembre, donde se elegirán gobernadores y alcaldes.

El pacto Lugo-Chávez está a la vuelta de la esquina. Del paraguayo dependerá no caer en las garras venezolanas, en esa excesiva dependencia que, por ejemplo, exhiben sus pares Evo Morales, el patético Daniel Ortega o el tragicómico Rafael Correa. En el caso de Lugo, la sabiduría aprendida en el seminario y el concepto católico de respeto por el derecho humano, pueden ser la diferencia entre un gobierno de amplio contenido humanista y un régimen moldeado por el odio y la exclusión, tal y como ocurre tristemente en Venezuela.

Consultor / Escritor
hugosan@cantv.net



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