No sabemos a ciencia cierta si los paraguayos se han percatado
de que la llegada al poder del ex obispo Fernando Lugo ha
despertado un interés inusitado de parte del presidente
venezolano Hugo Chávez por esa nación suramericana.
No sabemos con certeza si los hermanos guaraníes han
podido interpretar lo que viene ocurriendo, a causa de la
influencia venezolana, en la vecina Bolivia, desde que Evo
Morales está en la presidencia. No sabemos realmente
si han podido verse en ese espejo. Presumimos que los hermanos
del Chaco no tienen ni idea de lo que les sobrevendrá
ante algún eventual contubernio con Chávez, si se
consolidan con éste algunas ayudas de tipo económico
y social, tal y como lo viene haciendo también en Cuba,
Nicaragua y Ecuador, en desmedro de Venezuela. No tienen ni
idea los paraguayos de lo dramáticas que se volverán
sus vidas a partir de la injerencia del milico venezolano
en sus tierras.
La llegada del paraguayo Lugo, un seguidor de la Teología
de la Liberación, despertó las fauces del ambicioso
mandatario venezolano, quien desde ya se frota las manos en
busca de otro gobierno satélite que le permita extender
su chequera petrolera y su retórica marxista, a cambio
de la compra de lealtades internacionales. No es difícil
adivinar una posible simbiosis entre los principios teológicos
de izquierda -léase Leonardo Boff y Camilo Torres- y
el arsenal populista de régimen venezolano, enclavados
en un pueblo con muchas necesidades y, por ende, fácilmente
maleable desde el punto de vista ideológico.
No sabemos con real certidumbre qué es mejor, si ayudar
al pobre pueblo paraguayo en sus penurias, aun a costa de
su adoctrinamiento y su alienación, o advertirle de la
inconveniencia de un socio tan enfermizamente radical como
Chávez, cuyo único fin es ofrecer prebendas, utilizando
el arma del odio y la división, sólo a cambio de
apoyo para su proyecto totalitario continental. Nadie en el
mundo sabe más que los venezolanos de las reales intenciones
de Chávez más allá de las fronteras venezolanas,
pues, desde su arribo al poder en 1999 han sido testigos de
la erosión institucional más grande en la historia
de Venezuela, y de las más aberrantes y obscenas violaciones
a sus derechos en el orden social, político, económico
y cultural. Esto es el magro resultado moral de la pretendida
revolución chavista, un proyecto pobre en contenido,
y decadente por desusado y corrupto.
Cada vez que Chávez anuncia apoyos a nuevas naciones,
le hunde más la espada a su país y pulveriza las
esperanzas de los venezolanos, asfixiando sus gritos de libertad
y de desarrollo, mientras busca exhibirse como un salvador
de pueblos oprimidos fuera de los límites de su patria.
Mientras en Venezuela, los hospitales se hunden en la desidia
y el abandono, Chávez le entrega dinero a Cuba para apoyar
su sistema de salud; mientras la vialidad en Venezuela es
un desastre, Chávez abona un cheque a Paraguay para la
construcción de una nueva carretera; mientras inhabilita
políticamente a sus adversarios ganadores, Chávez
no deja de proclamar la perfecta democracia venezolana tratando
de exhibirse así ante el mundo; mientras la inseguridad
acaba con los venezolanos día a día, Chávez
compra armamento a Rusia para exhibir una fachada militar
ante enemigos convenientemente inventados; mientras las inversiones
se alejan de Venezuela por su discurso radical, Chávez
se vanagloria de que el futuro está en la economía
comunal y el cooperativismo socialista, un modelo de desarrollo
totalmente fracasado y superado.
Aunque sea duro decirlo, el flamante presidente Lugo caerá
tarde o temprano en las redes del autócrata venezolano,
no sólo por sus ingentes necesidades, sino porque así
lo dicta la lógica socialista, que pontifica la pobreza
como el único requisito indispensable para ser tomado
en cuenta por el "Papá Estado". Más allá de
eso, es ser simplemente un oligarca depredador del interés
colectivo y enemigo de la igualdad. Se trata de un discurso
etiquetado que forma parte de la mitología chavista-fascista,
utilizada con éxito hasta ahora, pero que ya viene en
caída libre, lo cual podría confirmarse en las elecciones
regionales venezolanas previstas para el 23 de noviembre,
donde se elegirán gobernadores y alcaldes.
El pacto Lugo-Chávez está a la vuelta de la esquina.
Del paraguayo dependerá no caer en las garras venezolanas,
en esa excesiva dependencia que, por ejemplo, exhiben sus
pares Evo Morales, el patético Daniel Ortega o el tragicómico
Rafael Correa. En el caso de Lugo, la sabiduría aprendida
en el seminario y el concepto católico de respeto por
el derecho humano, pueden ser la diferencia entre un gobierno
de amplio contenido humanista y un régimen moldeado por
el odio y la exclusión, tal y como ocurre tristemente
en Venezuela.
Consultor / Escritor
hugosan@cantv.net
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

