CARACAS, domingo 07 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
Ya sé que Alexis Márquez me va a caer encima, horrorizado
por el plural que encabeza estas cuartillas. Pero no es un
gazapo y para decirlo todo, no estoy muy seguro de que sea
un error, hablando en gramática. En todo caso no lo es
ni política ni históricamente. Mejor dicho, no tiene
por qué serlo, pues el plural no depende aquí de
la Real Academia ni de todos los diccionarios del mundo, sino
de nosotros mismos. Porque hay un veintitrés que los
venezolanos le regalamos a la historia y la historia nos espera
para que le regalemos otro.
Ya mis desocupados lectores adivinaron que estoy hablando,
en el primer caso, del 23 de enero de 1958, y en el segundo
del 23 de noviembre del 2008. El primer 23 significó
voltear la tortilla que se había puesto ciento diez años
menos un día antes, el 24 de enero de 1848 cuando la
horda monaguista asaltó el Congreso; y el 23 de noviembre
puede hacer otro tanto, a sesenta años menos un día
del 24 de noviembre de 1948 cuando la horda militar derrocó
a Rómulo Gallegos.
Ciento cincuenta por ciento
¿Es eso posible? Por supuesto que las habituales mouches
du coche a que, recurriendo a Lafontaine aludíamos
la semana pasada, van a decir que eso es imposible porque
la oposición no ha logrado a estas alturas una unidad
monolítica al ciento cincuenta por ciento. En lo que
nos concierne, jamás lo esperamos porque nunca faltan
los lame duck (los "patos cojos") de que suelen hablar
los gringos, y porque no confundimos unidad con unanimidad:
hace ya muchos años, la experiencia demostró que
el monolitismo era lo que Isaac Deutscher llamaba "una utopía
terrorista".
Decir esto no nos lleva a desconocer que atacar juntos, en
un solo haz, siempre es aconsejable para duplicar nuestras
fuerzas. Y en este caso, eso sí es posible en otro terreno:
en el descubrimiento del "eslabón más débil"
en la cadena enemiga. Con su megalomanía narcisista,
el Héroe del Museo Militar nos está mostrando su
juego al gritar lo de "¡Vienen por mí!", con el tono
de alguien cuyo bajo vientre es presa de uno de sus confesos
retortijones habituales.
Vayamos "por uno"
Despojemos esa frase del significado que su atribulado personalismo
le atribuye. Lo que la oposición debe dejar claro en
las venideras elecciones es que va "por uno", cualquiera que
él sea, haya nacido en Sabaneta, en Sinamaica, en San
Francisco de Tiznados o en la maternidad Concepción Palacios.
En toda la historia de Venezuela, durante el orden monárquico
español, luego con la República y por último,
desde que el general Gómez culminó la creación
del Estado venezolano, la lucha ha sido permanente por arrancar
a ese Estado parcelas de poder para dárselas a la sociedad.
En una palabra, no ha cesado el combate por la descentralización.
Como lo constató Vallenilla Lanz en su más famoso
trabajo teórico, en toda América resonaron las palabras
federación y confederación mucho antes
de que se hablase de independencia. Más tarde, en una
guerra que no por casualidad se llamó "Federal" y que
Gil Fortoul pluraliza hablando de "las guerras federales"
hasta el final del siglo, esa palabra servía para expresar
lo mismo.
El pueblo contra el populacho
O sea, un deseo de participación, lo mismo que busca
el pueblo en todas las revoluciones democráticas, al
contrario del lumpenproletariat (el "populacho") que,
como constataba Hannah Arendt, sólo busca seguir a un
líder.
La oposición democrática merecería el peor
de los destinos si desoyese ese grito de la historia. El gobierno
le está poniendo el triunfo en bandeja de plata, con
todas sus leyes promulgadas en gallos y media noche ("a la
sombra del misterio sólo trabaja el crimen"), con su
avidez centralizadora y como remate, con su plañidera
queja "¡Vienen por mí!".
Todo eso señala el camino no sólo para vencer el
autoritarismo, sino sobre todo para sumergirse "hasta los
hombros en el mar" de la máxima aspiración popular.
Y a la vez, para reivindicar lo que acaso sea la mayor conquista
de la sociedad venezolana desde que Gómez dejó este
valle de lágrimas: la descentralización. Porque
ella no es un asunto sólo administrativo, sino político:
primero con la separación de poderes, luego con la creación
de partidos, sindicatos y agremiaciones y las ONG, y con las
elecciones regionales.
"De a pa'tras"
Es toda esa andadura de la rueda de la historia que pretende
echar "de a pa'tras" (como diría el Benemérito)
el actual locatario de Miraflores. Él mismo lo dijo alguna
vez, con su incapacidad de expresar nada que no sea con slogans
vacíos y lugares comunes: "yo creo que la descentralización
es una trampa neo-liberal". Ahora bien, como muy bien lo dijo
Perogrullo, lo contrario de la descentralización es la
centralización. Que en su caso, tiene un significado
mucho más preciso que esa fórmula bastante teórica:
porque no es simple estatización, ni siquiera "gobernización",
sino "chavización", o sea, a la escala del país
lo que Barinas ha impuesto la tribu sabanetera.
De modo pues que el slogan central de la campaña opositora
debe ser ese : la defensa y ampliación de la descentralización,
de la federación en su sentido más puro, pacífico,
y no en el sacatripas del siglo XIX. Así, la pregunta
a hacer a los electores es si quieren gobernarse a sí
mismos, a su región y a su pueblo, o prefieren que lo
mande desde Caracas la cleptocracia chavera. Eso permitirá
unir las aspiraciones regionales con las nacionales en una
sola consigna: "Por la descentralización". Hacerle comprender
a los electores que frente al lloricón "¡Vienen por mi!",
lo que la oposición tiene en mente es tan viejo y sobre
todo tan válido como el padrenuestro: "Venga a Nos tu
reino".
hemeze@cantv.net
05:45 PM. Nacional y Política. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, informó además que de 183 se redujo a 56 la cifra de centros de votación que mantienen dificultades a raíz de las lluvias.
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