Con el cemento, aerolíneas, la banca y la producción agrícola chantajeará al país
Lo saben sus obsecuentes clones y aún así le siguen
el juego: el tipo lo quiere todo para él solito. Para
ellos, las sobras, que por muy doradas que sean, son despojos
inmorales por las que siguen pagando el muy alto precio de
la entrega sin condiciones (cosa que no hacen ni siquiera
por sus parejas de vida), y siempre denigrados porque se saben,
y así lo sienten, prensados por donde se exprime mejor
el amargo jugo castrador de las voluntades.
El tipo no paga siempre el mismo precio por sus chantajes.
Con los de arriba y con los de abajo. Allí están
sus peones de primera línea, a quienes, según los
antojos de sus graciosos intestinos, cuyos desvaríos
ha hecho públicos recientemente, quita de aquí y
pone allá. El vicepresidente de hoy será mañana
ministro de no importa qué cosa, presidente del Consejo
Nacional Electoral, alcalde, animador de televisión (en
el 8 o en Tves), defensor del pueblo, presidente de Cantv,
gobernador y otra vez vicepresidente. En la planilla que describe
el perfil de esos cargos el único dato que importa es
el que dice "lealtad al tipo", al lado de la cual se lee:
Sí - No.
A los de arriba los chantajea con cargos, con comisiones,
con dólares del imperio, con embajadas, con viviendas
y con fincas que les quita a otros para asignárselas
a los, por ahora, "suyos" (cuando dejen de serlo se las hará
quitar). Los que mueren con la estrella aún de su lado,
son objeto de sus cursilísimas alabanzas, llenas de patriotería,
de fabulaciones trasnochadas, mentiras y fanatismo bolivariano.
A muchos de los que al principio obsequió con el veneno
de su verbo halagüeño. Idos hoy (o botados) de su
redil, les agrede ahora con el veneno de su verbo ofensivo
y con las descargas de sus venganzas. Entonces el Estado estaba
allí para que ellos lo usaran a su antojo y en su beneficio,
cosa que muchos hicieron. Ahora el Estado está allí
para usarlo en contra de ellos, con su monumental fuerza destructiva
institucional.
A los de abajo los chantajea con migajas. Es la peor de las
humillaciones, porque para lograr el chantaje el tipo se vale
de los bienes fundamentales para la subsistencia. Ordena ejecutar
políticas económicas que han minado el aparato productivo
del país y que sólo pueden producir escasez. Una
vez instalada la escasez, y cuando la angustia de no poder
alimentar a sus hijos toma cuerpo en las mentes de las indefensas
madres, de las agobiadas familias, el tipo ordena operativos
para distribuir alimentos y mostrarse como el gran proveedor,
el indispensable.
Así será con las telecomunicaciones, con el cemento,
con la banca, con la electricidad, con la producción
agrícola, con las habitaciones de hotel, con las líneas
aéreas. Las usará para chantajear al país y
para drenar su insaciable e irracional sed de venganza, por
la que se cuelan sus resentimientos, que le quitan el sueño
y lo tienen abotagado.
abenavideslagrecca@gmail.com
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