CARACAS, miércoles 03 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
07:42 AM
Washington.- Los bebés cuyas madres
padecieron depresión antes de quedarse embarazadas son
mas sensibles a presentar patrones de sueño caóticos,
señala un estudio difundido hoy por la Universidad de
Michigan (UM), en EE.UU.
De este modo, los niños nacidos de madres con cuadros
depresivos toman más siestas durante el día, requieren
más tiempo para calmarse por la noche y se despiertan
más a menudo, informó Efe.
Sin embargo, "esto no significa que los hijos de madres con
depresión estén condenados a seguir los pasos de
sus progenitoras, aún cuando esta enfermedad tiende a
continuar en la familia", señaló en un comunicado
Roseanne Armitage, responsable del equipo del Laboratorio
de Sueño y Cronofisiología de la UM.
Asimismo, la experta alerta que los padres y madres que no
han sufrido depresiones tampoco pueden ignorar la importancia
del sueño de sus recién nacidos.
Armitage presentará los resultados completos de este
estudio la próxima semana en la reunión de la Sociedad
del Sueño en Glasgow (Escocia).
Según explicó el laboratorio de esta universidad,
"los seis primeros meses de vida de un bebé son cruciales
para el desarrollo de patrones regulares de sueño y vigilia,
conocidos como ritmos circadianos, que todo niño necesita
para un futuro saludable".
Por este motivo, las familias, especialmente las que presentan
historiales depresivos, deben prestar mucha atención
a las condiciones que crean para el sueño de sus infantes
desde el nacimiento.
"La privación crónica del sueño está
relacionada con un riesgo elevado de depresión en todas
las personas, pero en las nuevas madres, debido a los cambios
hormonales y la necesidad de recuperarse del embarazo y del
parto, la privación del sueño puede ser realmente
un problema", dice el estudio.
Los niños de cortas edades necesitan una siesta durante
el día para obtener todo el sueño que necesitan,
de 11 a 18 horas en los primeros dos meses después del
nacimiento, de 11 a 15 horas en los próximos diez meses
y de 12 a 14 horas entre el primer y el tercer año.
"El mantenimiento de un horario muy regular para dormir es
increíblemente importante", anotó Armitage, quien
añadió que "tanto para adultos, niños o bebés
cuanto más estable sea la hora de ir a dormir menos caótico
es el sueño durante la noche".
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