Para asegurar su permanencia en el poder, el Presidente necesita reencontrarse con el triunfo
No es nada agradable estar en una onda pesimista, pues la
idea de ver esfumarse la democracia es desconsoladora para
cualquier persona que busque progreso personal y bienestar
para su familia. La tristeza de ver un pueblo sumiso, entregado
al populismo y al estatismo, lo hace sentir a uno distante,
extraño, relegado. La pérdida de valores e instituciones
en Venezuela es sencillamente abismal.
Escribo este artículo a tres meses de las elecciones
regionales, y siento que el libreto está ya escrito.
Vislumbro que el 24N el Presidente de la República anunciará
con sus típicos desafiantes insultos y su clara soberbia,
que el país se ha teñido de rojo, que el gobierno
ganó una buena cantidad de gobernaciones y alcaldías,
y que eso constituye un voto de confianza al socialismo del
siglo XXI.
Anunciará que ahora el pueblo si conoce el socialismo,
pues el pasado 2D, el imperialismo logró confundir al
electorado, el cual ahora tendrá una nueva oportunidad
para revertir ese grave error de rechazar una patria monótona,
unicolor y controladora de todas las conductas humanas.
Ese será el día del anuncio más importante
del Presidente: la necesidad de reformar la Constitución
para insistir con las ideas socialistas, aunque en el fondo
lo único que busque sea la reelección indefinida.
Aquí todos, chavistas y no chavistas, saben que el Presidente
no está dispuesto a salir luego de casi tres períodos
presidenciales, pues eso es ajeno a una "revolución"
destinada a perpetrarse en el tiempo, al viejo estilo antillano.
Para asegurarse su eterna permanencia en el poder, el Presidente
necesita reencontrarse con el triunfo electoral, ese que se
le esfumó el 2D. Por eso, utilizará todos los recursos
estatales para las campañas de sus secuaces. Pondrá
mayor atención en donde lo desfavorecen las encuestas,
tal y como hemos visto ya en Petare, Guárico y Carabobo,
mientras que el CNE finge demencia frente a tal atropello.
Probablemente ese dinero electoral logre su cometido, pues
la pérdida de valores de los venezolanos permite este
tráfico de conciencias, esta subasta de principios.
Por eso el gobierno ha decidido controlar todos los sectores
productivos, para poder influir directamente en los trabajadores,
en los padres de familia.
Ojalá estuviera equivocado y existiese una fuerza opositora
capaz de resistir esta envestida hegemónica, destinada
a complacer la eternidad en el poder. Pero ahora sólo
percibo confusión, ingenuidad, egoísmo y flojera.
Creí que la unidad era otra cosa, pensé que era
un compromiso más serio y firme frente a la reconquista
de la democracia.
rchavero@hotmail.com
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