CARACAS, miércoles 03 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
En 1793, durante la Revolución Francesa, Jacques Brissot,
líder de los Girondinos, definió la anarquía
de la siguiente manera: "Leyes que no son llevadas a efecto,
autoridades sin fuerza y despreciadas, crímenes sin castigo,
la propiedad atacada, la seguridad de los individuos violada,
la moral del pueblo corrompida, no hay Constitución,
no hay Gobierno, no hay Justicia, éstas son las características
de la anarquía". El tema venia a colación en vista
del pedimento de supresión de los Enragés, "rabiosos",
una suerte de movimiento político radical, similar en
cierta forma, a lo que sería un partido político
hoy en día, y a quienes el propio Brissot había
tildado de anarquistas. Más allá del intento de
conceptualización, con el propósito de descalificar
a sus adversarios, Brissot nos dejó una lista de conductas
y de rasgos que servirían, como una especie de camisa
hecha a la medida, para saber cuando estamos en presencia
de una situación anárquica. De hecho, la definición
alcanzaba a una buena parte de las situaciones políticas
que se habrían de dar dentro de la propia dinámica
de violencia de la Revolución Francesa. Unos pocos años
más tarde, el Directorio dio su propia definición
de anarquía para referirse a los abusos de Robespierre
y algunos de sus partidarios, llamándolos tiranos, hombres
cubiertos con crímenes, manchados de sangre, engordados
por la rapiña, que predican la libertad pero practican
el despotismo, que hablan de fraternidad pero matan a sus
hermanos, etc. Esta acusación de anarquistas a quienes
habían gobernado cerca de un año los destinos de
Francia y de la Revolución no deja de llamar la
atención por la paradoja que encierra, pues los gobiernos
se hicieron para regular y normar, es decir, para evitar la
anarquía y el caos. Por eso la pregunta, ¿puede
un gobierno ser anarquista? tiene relevancia en cualquier
época. La respuesta parece obvia en el caso de referencia.
Sobre todo cuando el de Robespierre y los Jacobinos fue un
gobierno en plena revolución, o sea, revolucionario.
Sin embargo, hay que tener claro que la anarquía no es
necesariamente una consecuencia del "anarquismo" como posición
ideológica y que no se necesita ser un "anarquista" de
convicción para crear anarquía. Es por ello, que
un gobierno ineficaz en sus políticas económico
sociales, o despótico en sus actuaciones, concentrando
más poder del que le está permitido, violando la
Constitución que lo eligió y abusando de sus privilegios
para mantenerse en el poder, se puede considerar anárquico
y, por lo tanto, generador de anarquía. Más aún
en el caso de un gobierno que se dice revolucionario y que
como resultado de ello socava las instituciones y se lleva
las leyes por delante. En el caso venezolano no se puede negar
la situación de anarquía en que vivimos. Si la propiedad,
la división político-territorial, los símbolos
patrios, los principios económicos universales y, en
una palabra, la norma que se tiene como Constitución
no se respeta, se causa anarquía.
Pero la relación entre la Revolución Francesa y
lo que pretende hacer este gobierno va mas allá de la
anarquía, y aunque es puramente nominal, existe en la
mente de su principal ideólogo, veamos: La Asamblea Nacional
Constituyente de 1999, con el mismo nombre de la de 1789;
Constitución Bolivariana, emulando la primera constitución
francesa de 1791; IV República por aquello del Anciano
Régimen; nueva geometría del poder, copiado del
régimen federalista de autogobierno comunal revolucionario
francés, con asambleas populares, secciones, consejos
comunales y milicias, cuyo ejemplo más desarrollado fue
la Comuna de París; milicias, en nuestro caso ejercito
paralelo, ejemplo tomado del ejército revolucionario
o pueblo armado, como consecuencia de la abolición del
ejército tradicional francés; expropiación
de empresas, toma de RCTV y botados de Pdvsa, simbolizando
la abolición de los privilegios a la nobleza; círculos
bolivarianos, versión criolla de los "sans-culottes";
ideología socialista-bolivariana, a falta de los enciclopedistas
y una Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano,
y así pudiéramos seguir. La Revolución Francesa
duró diez años, terminando con el "coup d'État"
del 18 Brumario de 1799. De los dos Napoleones que surgieron
con la Revolución, el primero, el del golpe de Estado,
este régimen se ha cuidado de que no aparezca, pelando
cual cebolla las camadas de oficiales, controlando los ascensos
y dando jubilaciones adelantadas. El otro, el que se hizo
coronar Emperador, se puede decir que ya lo tenemos.
xlmlf2@gmail.com
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