CARACAS, miércoles 03 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
04:18 PM
París.-Un provocador francés lleva
ocho años invadiendo anónimamente rincones de ciudades
del mundo entero con mosaicos inspirados en los pixelados
"marcianitos" de la primera generación de videojuegos
de los años 80, en un proyecto bautizado "Space Invaders".
En lo alto de la plaza Bolívar, en el distrito 19 de
París, una pareja que bebe cerveza en la terraza de un
bar portugués regentado por árabes señala el
cartel que indica que están en la "Rue Clavel" y se echan
a reír.
Justo encima del rótulo de letras blancas, un mosaico
cuadriculado de igual tamaño muestra a un pequeño
extraterrestre verde sobre fondo amarillo que vigila la calle
de este barrio popular. La chica, que ronda la treintena,
se acerca y captura la imagen en su teléfono móvil.
Como ella, son muchos los curiosos que fotografían estos
coloridos detalles urbanos y que después cuelgan las
fotos en internet.
Sólo "una pequeña parte" de las invasiones están
recogidas en la web aunque "se pueden descubrir muchos más
en sitios comunitarios como flickr.com", explica en una auto-entrevista
en su página en internet (space-invaders.com) el propio
creador del proyecto, que insiste en conservar el anonimato.
En la red pueden encontrarse fotos de marcianitos bilbaínos,
madrileños, barceloneses o valencianos realizados por
él, aunque otros han ido más lejos y han decidido
convertirse también en invasores, acto que el creador
original entiende como un homenaje muy positivo.
"He pensado en la idea de poner a punto una estrategia de
invasión en grupo, pero es muy difícil delegar este
trabajo", señala el autor, que no anima a sus seguidores
a imitarle pero que tampoco condena que otros contribuyan
activamente a desarrollar su legado anónimo.
La invasión del espacio recuerda vagamente a la película
francesa "Le fabuleux destin d'Amelie Poulain", en la que
el padre de la protagonista recibía fotografías
del extraviado gnomo de su jardín con monumentos de diferentes
ciudades de fondo.
"Tu gnomo desapareció", le decía Amelie a su padre
en el filme de Jean-Pierre Jeunet, realizado años después
de que naciese el proyecto "Space Invaders".
"Está en Moscú. Ninguna explicación", contestaba
él, que no podía entender que un inanimado gnomo
de jardín se hubiese lanzado a recorrer el mundo, en
una metáfora que se servía del absurdo para simbolizar
la evasión de la rutina de la que vivía preso el
dueño del gnomo y del jardín.
El trabajo de este "invasor" francés está emparentado
también con el "street-art", evolución del "graffiti"
que ha recurrido a formatos como las pegatinas, las emulsiones
fotográficas, las plantillas o los mosaicos.
Muchos de ellos son una forma artística de protesta,
como los mensajes de "Banksy", probablemente el artista urbano
y globalizado más célebre del mundo, que ha desplegado
por paredes de distintos países dibujos que denuncian
una sociedad acorazada, vigilada y militarizada que convierte
a niños inocentes en las primeras víctimas de su
paranoia.
Pero "Invader" considera que el único acto político
de su trabajo es adherir sus mosaicos al mobiliario urbano
de las ciudades, sin permiso, y asegura que prefiere la "experimentación"
a la "contestación", sin olvidar la "dimensión lúdica"
de su proyecto.
En la sección de viajes de cualquier librería se
pueden encontrar guías que intentan adecuarse a diferentes
perfiles turísticos. Abundan ediciones que sugieren recorridos
gastronómicos, visitas a museos, exteriores filmados
en cine o paseos por las boutiques más exclusivas de
la ciudad...
¿Y por qué no señalar en mapas los guiños
artísticos con los que "Invader" ha dejado su huella
en más de 35 ciudades?
"Los planos de las ciudades son elementos importantes de
mis conquistas territoriales. Por cada ciudad invadida tengo
uno en el que indico la posición de cada pieza colocada",
afirma en su página web este enigmático provocador
urbano que tiene editados mapas de París, Los Ángeles,
Manchester, Viena, Nueva York, Rotterdam o Tokio, entre otras.
Los mapas, que después distribuye en la ciudad y vende
en su sitio de internet, recuerdan el curso de la hazaña,
comenta el autor, quien personalmente se describe como un
"invasor" para escaparse del debate sobre si es un "artista"
o un "contaminador" urbano, reseñó Efe.
También en la misma línea, ahora ha decidido incluir
en su registro imágenes creadas a partir del famoso cubo
de Rubick, que le permite, desde la misma estética retro,
ochentera y tecnológica, añadir colores a una paleta
que ya no estará monopolizada por "marcianitos".
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