Chávez se propone conservar el poder si puede y hasta donde más no pueda
Al finalizar mi escritura sobre nuestra historia del siglo
XX y acerca de la década iniciada a su término,
quedé persuadido como nunca antes sobre la naturaleza
sinuosa del régimen hoy imperante en Venezuela. Su calificativo
es de difícil fijación, por cuanto lo observamos
a la luz de sus testimonios y acciones y sólo en el marco
de la experiencia conocida. Mas, sean cuales fueren éstos,
lo único cierto es que Hugo Chávez se propone conservar
el poder si puede y hasta donde más no pueda, al precio
que fuere y para ejercerlo con la fruición de los déspotas,
así José Miguel Insulza crea lo contrario.
Han sido tantos sus atropellos que en la suma se pierde la
cuenta y la capacidad para relacionarlos. Lo más fácil
es el borrón y cuenta nuevas y la consideración
del último dislate como si fuese el primero. De allí
que cada vez que este gendarme del siglo XXI dicta decretos
leyes bajo la mirada complaciente de la escribanía palaciega
que es nuestro Supremo Tribunal, los analistas, al rompe,
regresamos a lo habitual: deshojamos las normas de aquéllos
para saber si son o no constitucionales o si esconden o no
un contrabando dictatorial. Y basta. No dudo que esta actitud
-que ha sido la mía- tenga su explicación en un
"defecto profesional" propio a nuestra madura "sociedad" democrática:
mirar el día a día tras el lente de las leyes para
medir a cada asociado de la polis en sus afectos o desafectos
por la democracia. Pero lo cierto es que se trata de un ejercicio
ya inútil y hasta tramposo, pues nos mantiene paralizados
de voluntad creadora y nos transforma en médicos forenses
o cronistas de tragedias consumadas.
¡Que Chávez es marxista, no es la cuestión! Él
reconoció serlo en su libro Habla el Comandante,
en 1998. Luego lo negó como Castro negó ser comunista
en 1959. ¡Que adora a Fidel, nunca lo ha ocultado! Lo visitó
al apenas abandonar la cárcel de Yare y allá, en
La Habana, juntos sellaron su matrimonio político. ¡Que
nunca creyó en la vía electoral y luego la asumió
a conveniencia, es una verdad del tamaño de un templo!
¡Y que medra frustrado por saber que perdió su derecho
al uniforme de soldado -de allí que reformara recién
la ley militar para volver a ser militar activo por voluntad
propia- ni qué dudarlo! Tiene arrestos que lo llevan
a creerse redentor de la Humanidad, lo que no debe sorprender.
La historia de tanto en tanto pare a estos sujetos inicuos,
quienes en medio del delirio sumen a sus pueblos en catástrofes
inenarrables.
Fascista, comunista, autócrata, dictador militar, gendarme,
pequeño caporal o cabito al mejor estilo de Cipriano
Castro, Comandante en Jefe como Juan Vicente Gómez o
líder de otro Ideal Nacional que llevará la grandeza
de Venezuela hasta todos los rincones de la tierra como lo
soñó Marcos Pérez Jiménez, eso y más
es Chávez de conjunto, pero no es lo importante.
La diferencia entre él y los regímenes que en el
pasado oprimieran a nuestro pueblo y su libertad en nombre
de los más puros ideales, es que avanza hacia el comunismo
de manos de los cheques del capitalismo y su autocracia la
instaura a fuerza de manipular votos. El resto, el Socialismo
del Siglo XXI o el arrumado de papeles producido por esta
suerte de "demoautócrata" durante su "década de
plata" y a la espera de su "década de oro" (2010-2020),
como la Agenda Alternativa Bolivariana, el Plan de Desarrollo
Económico, la Agenda Bolivariana de Coyuntura, La Nueva
Etapa, o los Cinco Motores de la Revolución que impulsaran
la Reforma Constitucional Socialista, no son sino eso: papeles
que como río sin madre nos venden su gobierno a perpetuidad.
Nada menos.
Lo que cabe, pues, es poner de lado el diagnóstico e
imaginar una alternativa más propia del mundo tecnológicamente
globalizado, pero que dé respuesta afectiva y efectiva
al lastre de exclusiones que arrastra tras de sí y en
su anomia de coyuntura. Por lo pronto, en medio del caos y
hasta que no se procure construir seriamente otro modelo e
institucionalidad extraños a la circunstancia o a la
polaridad improductiva en vigor, el espacio lo seguirán
copando estos traficantes de ilusiones; que eso son Chávez,
Morales, Correa, y pare de contar. La vuelta a la realidad
de sus víctimas habrá lugar una vez se agote el
espectáculo de estos histriones; pero las carencias de
aquellas regresaran de nuevo y otro brujo se les hará
presente, su falta una opción veraz y movilizadora.
Urge otro proyecto democrático digerible, moderno e
inclusivo, que sea la imagen del hombre de a pié y que
venga atado a su dignidad inmanente; que no sea, como en el
pasado, expresión arquitectónica del Estado, de
nuestros partidos, de nuestros candidatos, por buenos o males
que hubiesen sido o todavía nos parezcan. Así de
elemental.
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