CARACAS, martes 02 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
Después de que Cristo confiara las llaves del reino
de los cielos a Pedro otorgándole un lugar prominente
entre los apóstoles, sobreviene una escena que contrasta
y hasta rompe con el clima de confianza e intimidad suscitada
entre el discípulo y el Maestro. Jesús les anuncia
a los doce que debe subir a Jerusalén para morir por
la remisión de los pecados, pero al tercer día resucitaría.
Pedro entonces se lo llevó aparte y trató de disuadirlo
diciéndole: "No lo permita Dios, Señor. Esto no
te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro
y le dijo: ¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes
hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no
es de Dios, sino de los hombres". (Mt. 16,23)
Valores
Para Jesús la escala de valores estaba muy bien definida:
ante todo está cumplir la voluntad de Dios, pase lo que
pase y caiga quien caiga. Por permanecer fiel a la verdad
no temió quedarse solo. Recordemos el día en que
se reveló como el pan vivo bajado del cielo prefigurando
la última cena en la cual nos dejaría su Cuerpo
y su Sangre en el sacramento de la Eucaristía. El pueblo
lo abandonó y hasta sus discípulos lo criticaron
diciendo: "Esta doctrina es inadmisible, ¿quién
puede aceptarla? (Jn. 6,60)
Tampoco temió ser condenado a muerte cuando Caifás
le preguntó directamente si él era el Mesías,
el Hijo de Dios. Jesús respondió: "Tú lo has
dicho; y además os digo que veréis al Hijo del hombre
sentado a la diestra del Todopoderoso cuando venga de nuevo
sobre las nubes del cielo". (Mt. 26, 64)
De cara a Dios
¡Qué valor y qué testimonio nos da Jesús para
actuar siempre de cara a Dios y no de cara a los hombres!
Cuando se nos presenten ocasiones de caer en pecado debemos
repetir las mismas palabras, con la misma fuerza y contundencia:
"Apártate de mí Satanás".
Aunque me tenga que quedar solo, pero no voy a emborracharme,
no voy a robar, no voy a consumir droga, no voy a ser infiel.
Es mejor quedarse solo, pero con el alma tranquila, que rodeado
del halago de los necios y con el alma muerta. Cuando sienta
la tentación de traicionar mis principios por dinero,
por vanidad o por soberbia, diré: ¡Apártate de mí
Satanás!
Superar tentaciones
El pecado no es el modo de pensar de Dios, sino del diablo.
La mejor forma de superar una tentación es huyendo de
ella sin ponerme a negociar o creyendo que tengo la fuerza
para vencerla, ¡qué magnífica lección nos dejó
Jesús: ante todo ésta, ser fiel a mi conciencia
y vivir de cara a Dios!
jmotaolaurruchi@legionaries.org
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