"Dime con quién andas y te diré quién eres"
Y a lo decían nuestras abuelas cuando un muchacho se
empeñaba en reunirse con lo peorcito del barrio; "dime
con quién andas y te diré quién eres". Me imagino,
si todas las abuelas son iguales, que en Sabaneta se escuchaba
parejo discurso, pero, como bien se dice, no hay peor sordo
que el que no quiere oír, sentencia no menos sabia que
aquella otra que expresa un pesimismo radical sobre la condición
humana: "árbol que nace torcido, nunca su rama endereza",
o la equivalente en labios que no quieren ser tan finos: "el
que nace barrigón ni que lo fajen chiquito". Mis desocupados
lectores se preguntarán por qué ese refranerío:
es que cada cierto tiempo releo el Quijote, y aunque el Caballero
de la Triste Figura le reprochaba excederse en su uso, no
es menos cierto que Sancho Panza reproducía con eso una
nada tonta filosofía popular.
Bien, el caso es que nuestro teórico de la no por nueva
menos fétida doctrina política, el "tripaflojismo
del siglo XXI", es un adicto a las malas juntas.
"No hay víctima inocente"
Comencemos por lo más lejano: nomás llegar al poder
le escribió una carta manifestando su inmenso aprecio
a un terrorista como "el Chacal", quien declaró sin vergüenza
que no existe víctima inocente. Acto seguido, cruzó
a pie la frontera iraquí para abrazar al masacrador de
los kurdos, Sadam Hussein y pasearse con él de piloto
por las aterrorizadas calles de Bagdad.
Crucemos la frontera "de a p'atrás", como diría
el Benemérito. Ahora anda brindando a palo seco (el Islam
prohíbe el alcohol) con el primer ministro de la teocracia
irania, un país donde se proclama como máxima ley
una sharia que impone condenar a muerte quien se convierta
del Islam a otra religión, lapidar a las adúlteras,
amputar la mano del ladrón (así sea un menor que
se robe un cacho de pan para no morir de hambre), arrojar
desde el aire a los homosexuales pasivos y, en ciertas regiones,
la infibulación, esto es, la amputación del clítoris
y los grandes labios de las chiquillas, para que llegadas
a la pubertad, no pudiesen tener orgasmos ni malos pensamientos.
Aliado, amigo, hermano
Vayamos al Africa. Allá su gran amigo, aliado y hermano
no es (como sí lo es de todos los hombres libres) el
inmenso Nelson Mandela, sino el tirano de Zimbabue, que con
28 años en el poder, no sólo ha perseguido implacablemente
toda oposición, sino que ha hundido a su país en
la miseria y el odio, con una inflación como el mundo
jamás ha conocido, mayor que aquella, ejemplo de todas
las historias de la economía, de la Alemania de la primera
posguerra. Fue a ese enano, y no al gigante Mandela (a quien
la Unesco le concedió en su prisión el premio Simón
Bolívar) que el atarantado de Sabaneta le obsequió
una réplica del sable del Libertador.
Cruzando los mares de vuelta a nuestro continente, el mismo
insiste en sus malas compañías. Anda de manitos
agarradas con Daniel Ortega, quien mandó a la mismísima
su prestigio ganado con el derrocamiento de Somoza, aliándose
con lo peorcito de su país, un presidente preso por ladrón
del erario público. Con lo cual demostró que no
le interesaban los principios, tan sólo reconquistar
el poder.
Perder el apoyo
Lo cual le hizo perder el apoyo de sus más prestigiosos
seguidores, Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal entre ellos.
Hoy, por donde quiera que vaya, antes que darle la mano, renuncian
a su paso las mujeres ministras, asqueadas por la presencia
de un incestuoso esclavista sexual. Por cierto, soy de quienes
creen que todo el mundo es inocente mientras no se pruebe
su culpabilidad, pero no es de creer que dos ministras vayan
a renunciar así, sobre la base de simples rumores.
Para cerrar, aquí mismo, después de que en los
días de su toma de posesión le diera una magnífica
coartada a los hampones ("si mis hijos tuvieran hambre, yo
también asaltaría un banco"), por su lenguaje y
por sus ejecutorias es un icono de sus malandros secuaces.
Lo cual no quiere decir que todos sus seguidores sean malandros,
pero sí que toditos los malandros son secuaces suyos.
¿Es todo eso consciente, o simple coincidencia? Él
mismo lo repite a cada rato: ser rico es malo. Pero a él
siempre se le enreda la lengua: lo que en realidad quiere
decir es que "ser malo es rico". Riquísimo.
La mosca del coche
Por desgracia, dos de los mejores artículos que haya
leído en mucho tiempo no han llegado a los diarios impresos.
Y, yo con mi nada inconfeso analfabetismo tecnológico,
sigo creyendo que lo que no aparece en el diario "de papel"
no se lee. Me refiero a sendos artículos escritos por
Paulina Gamus y Alcides Villalba. Si ellos quieren tildar
de plagio lo que voy a escribir a continuación, lo acepto:
pocas veces se tiene la suerte de copiar ideas tan claras
y tan bien escritas.
Ambos se refieren a ese cardumen de opinadores (aunque ellos
no los nombren, están pintando un retrato hablado entre
otros de Rafael Poleo, de Armando Durán y de Carlos Blanco),
articulistas que gastan la mayor parte de su tiempo en hacer
lo que Gamus Gallegos llama "la oposición de la oposición"
y Villalba Vera "la oposición pontificia". Para ellos
la oposición actual es, para decirlo en términos
bíblicos, "la abominación de la desolación".
¿Su pecado? Dedicarse a hacer política en lugar
de ocuparse "de los problemas del país". Como si uno
pudiese buscarle soluciones de otro modo que no fuese actuando
políticamente. Eso me trae a la memoria una fabuleta
francesa: la de la mosca del coche. La bicha se le monta en
la cabeza a un caballo, y mientras el pobre animal se agota
arrastrando un pesado coche, la mosca no cesa de molestarlo,
de metérsele por los oídos, de usar su cabeza como
letrina. Lo cual no le impide, al final, atribuirse el mérito
de haber logrado llevar a término el largo recorrido.
hemeze@cantv.net
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