El reforzamiento de los controles del gobierno llevarán a fracasos aun mayores
Los artículos de primera necesidad que son sometidos
a controles estatales, se convierten en bienes escasos, y
cuando los controles se llevan a extremos de socialización,
se convierten en bienes raros, tal como ocurre en Cuba y ocurría
en otros países comunistas. Una parte de las 26 leyes-decreto
dictadas hace poco como regalo de vacaciones escolares a los
venezolanos, está dirigida precisamente a someter a designio
estatal la producción, comercio y distribución de
este tipo de bienes. Las consecuencias no serán diferentes.
El argumento según el cual los bienes esenciales deben
quedar bajo control y dirección de los angelicales burócratas
del gobierno para velar por el interés social es tan
falso como el billete de un bolívar.
El Estado además de incapaz para calcular la demanda,
es torpe para reaccionar a las necesidades de los consumidores
y virtualmente ciego para evolucionar o corregir sus propios
errores, incluyendo los mecanismos para ajustar la producción
a las realidades del consumo.
Hartamente demostrado ha quedado que la empresa moderna es
el mejor instrumento para procesar la casi infinita información
que se genera del funcionamiento libre de los mercados, desde
los gustos hasta las innovaciones tecnológicas, desde
el cálculo de costos y la orientación de los excedentes
hacia la inversión nueva y la ampliación de las
capacidades existentes.
Bajo el mito de los controles que buscan la "justicia", los
gobiernos venezolanos han inhibido, por décadas, la producción
de alimentos, desde caraotas hasta leche, conduciendo a una
reducción considerable en el coeficiente de autoabastecimiento
de innumerables rubros. El reforzamiento de los controles
que ahora se propone el gobierno, así como la socialización
de empresas importantes en los circuitos comerciales y productivos,
llevarán a fracasos aun mayores. Proclamando la autarquía,
se obtiene mayor dependencia de las importaciones. Con el
argumento de la soberanía alimentaria, lo que se alcanza
es menos producción y más escasez. La maravilla
del libre cambio es que cada quien produce lo que la gente
más le pide. La tiniebla del control estatal es lo contrario;
somete a la gente a lo que el poder quiere.
El gobierno busca convertir a su socialismo de Estado en
un valor en sí mismo, sin importar los resultados. Y
como quien no teme lo más, no teme lo menos, de allí
a regimentar la vida particular de personas simples y comunes,
bajo la misma bandera roja, no hay sino un paso.
El gobierno ha provocado premeditamente o por error las situaciones
que luego viene utilizando hipócritamente como excusas
para actuar en contra de personas y empresas. En esto deja
en evidencia "su" primera
necesidad: la acumulación infinita de poder político
y económico, muy distinta a las necesidades primeras
que tiene la gente.
El enorme poder mediático del régimen quiere convencer
al pueblo de que lo que es bueno para el gobierno es bueno
para el país (¡como si fuera algo así como el General
Motors!). Esta misión imposible se le va a complicar
mucho más en los meses que vienen de deterioro mayor
en los indicadores económicos.
En muchos sentidos, el gobierno en lugar de orquestar soluciones
se está convirtiendo en el principal problema del país,
y mientras más inventa más yerra. Lo contrario al
consejo de Simón Rodríguez.
defontiveros@cantv.net
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