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Primera necesidad

El reforzamiento de los controles del gobierno llevarán a fracasos aun mayores

DOMINGO FONTIVEROS |  EL UNIVERSAL
domingo 31 de agosto de 2008  12:00 AM

Los artículos de primera necesidad que son sometidos a controles estatales, se convierten en bienes escasos, y cuando los controles se llevan a extremos de socialización, se convierten en bienes raros, tal como ocurre en Cuba y ocurría en otros países comunistas. Una parte de las 26 leyes-decreto dictadas hace poco como regalo de vacaciones escolares a los venezolanos, está dirigida precisamente a someter a designio estatal la producción, comercio y distribución de este tipo de bienes. Las consecuencias no serán diferentes.

El argumento según el cual los bienes esenciales deben quedar bajo control y dirección de los angelicales burócratas del gobierno para velar por el interés social es tan falso como el billete de un bolívar.

El Estado además de incapaz para calcular la demanda, es torpe para reaccionar a las necesidades de los consumidores y virtualmente ciego para evolucionar o corregir sus propios errores, incluyendo los mecanismos para ajustar la producción a las realidades del consumo.

Hartamente demostrado ha quedado que la empresa moderna es el mejor instrumento para procesar la casi infinita información que se genera del funcionamiento libre de los mercados, desde los gustos hasta las innovaciones tecnológicas, desde el cálculo de costos y la orientación de los excedentes hacia la inversión nueva y la ampliación de las capacidades existentes.

Bajo el mito de los controles que buscan la "justicia", los gobiernos venezolanos han inhibido, por décadas, la producción de alimentos, desde caraotas hasta leche, conduciendo a una reducción considerable en el coeficiente de autoabastecimiento de innumerables rubros. El reforzamiento de los controles que ahora se propone el gobierno, así como la socialización de empresas importantes en los circuitos comerciales y productivos, llevarán a fracasos aun mayores. Proclamando la autarquía, se obtiene mayor dependencia de las importaciones. Con el argumento de la soberanía alimentaria, lo que se alcanza es menos producción y más escasez. La maravilla del libre cambio es que cada quien produce lo que la gente más le pide. La tiniebla del control estatal es lo contrario; somete a la gente a lo que el poder quiere.

El gobierno busca convertir a su socialismo de Estado en un valor en sí mismo, sin importar los resultados. Y como quien no teme lo más, no teme lo menos, de allí a regimentar la vida particular de personas simples y comunes, bajo la misma bandera roja, no hay sino un paso.

El gobierno ha provocado premeditamente o por error las situaciones que luego viene utilizando hipócritamente como excusas para actuar en contra de personas y empresas. En esto deja en evidencia "su" primera

necesidad: la acumulación infinita de poder político y económico, muy distinta a las necesidades primeras que tiene la gente.

El enorme poder mediático del régimen quiere convencer al pueblo de que lo que es bueno para el gobierno es bueno para el país (¡como si fuera algo así como el General Motors!). Esta misión imposible se le va a complicar mucho más en los meses que vienen de deterioro mayor en los indicadores económicos.

En muchos sentidos, el gobierno en lugar de orquestar soluciones se está convirtiendo en el principal problema del país, y mientras más inventa más yerra. Lo contrario al consejo de Simón Rodríguez.

defontiveros@cantv.net



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