Moscú ha demostrado lo que es capaz de hacer para defender su zona de influencia
EL UNIVERSAL
Desafiante como en los tiempos de la Guerra Fría, Rusia
ha demostrado en las últimas semanas su capacidad de
acción y reacción a la hora de defender sus intereses
en medio de fuertes turbulencias políticas y militares
que vuelven a enfrentar a las potencias occidentales con el
Gobierno de Moscú.
Las pretensiones de Georgia de querer solucionar por la fuerza
la política separatista de Osetia del Sur y Abjasia,
al final generó lo que Tbilisi buscaba aplacar: la independencia
de las dos provincias. Rusia reconoció el martes sus
autonomías y les ha garantizado "todo la protección
necesaria", con lo que el conflicto toma otro matiz.
El problema de estos enfrentamientos, con Estados Unidos
y la Unión Europea (UE) en pleno debate de liderazgo,
es que Moscú ha terminado de alimentar las ambiciones
separatistas que se respiraban en el Cáucaso tras la
disolución de la Unión Soviética (URSS) en
1991, en lo que las potencias occidentales también tienen
parte de culpa al reconocer la autonomía de Kosovo (a
la que se opone Moscú) en marzo de este año.
Con enclaves separatistas en Moldavia, Crimea, Ucrania y
Azerbaiyán, incluso dentro de Rusia con la República
de Tatarstán, rica en petróleo, Occidente teme el
surgimiento de pequeños Estados satélite de las
decisiones del Gobierno de Moscú y el Kremlin.
A partir de ahora, gobiernos pro rusos, como China e incluso
Venezuela, tendrán que decidir si reconocen a estos dos
Estados, con lo que se abre un nuevo flanco de discusiones.
El presidente Hugo Chávez ya expresó el viernes
su apoyo a "la posición digna de Rusia" ante Georgia,
y acusó al Gobierno de EEUU de orquestar el conflicto
en el Cáucaso.
Lo que olvidó, sin embargo, el presidente Chávez
es que la guerra en Georgia no se debió al interés
de EEUU o incluso la UE de "imponer un presidente títere
al servicio de Washington" como aseguró, sino a la independencia
de dos territorios.
El Gobierno chino ha sido más cauto, así como las
naciones centroasiáticas que forman con Rusia la Organización
de Cooperación de Shanghai (OCS), que evitaron el jueves
respaldar por completo a Moscú.
"Será muy difícil que Pekín apoye a Rusia
en esto, ellos también tienen regiones secesionistas.
Reconocer a Osetia del Sur y Abjasia sería contradecir
el discurso chino", comenta un diplomático taiwanés.
La prensa europea ha reflejado el primer fracaso diplomático
del presidente ruso Dmitri Medvédev en su afán porque
la OCS respalde sus acciones.
Un editorial del diario español El País advierte
que a partir de ahora Rusia seguirá invitando a sus aliados
a reconocer a estos dos Estados independientes, "por lo que
Gobiernos enfrentados con EEUU o la UE tendrán algo que
ofrecer a Rusia a cambio de su apoyo". Ya con Venezuela lo
consiguió.
El verdadero rostro
Para Matthew Clements, experto del Instituto Británico
Jane's de Análisis Militar, con las acciones de Rusia,
"Occidente ha despertado y se ha dado cuenta del verdadero
poder que tiene ese país ahora, que desea ser tomada
en cuenta como una verdadera potencia".
Lo cierto es que a Rusia siempre le preocupó la concepción
occidental de sus "ex satélites".
Lo demostró la URSS en Checoslovaquia en 1968, y Rusia
en Chechenia en 1994, cuando el presidente Borís Yeltsin
declaró una guerra que costó miles de vidas, para
aplacar así la política secesionista que encauzaba
esa República. Ahora Moscú se enfrenta a sus propias
contradicciones históricas.
En los últimos cinco años, Rusia ha querido dejar
claro su esfera de influencia, algo que tras la caída
de la URSS no había podido hacer porque sus ex satélites
estaba apoyados por EEUU.
Por ello, la concentración de fuerzas militares de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
cerca de Rusia, así como su apoyo a gobiernos hostiles
a Moscú; sumado al emplazamiento del escudo antimisiles
de EEUU en Polonia, mantienen preocupados a Medvédev
y a su premier, Vladímir Putin.
Los analistas han descartado que se vaya a producir una nueva
carrera armamentista entre Rusia y Occidente y, sobre todo,
que se genere otra Guerra Fría, porque no hay tendencias
ideológicas entre ambos bandos.
Europa atada
Rusia es la mayor fuente de energía para la UE: satisface
cerca de 25% del consumo europeo de petróleo y gas natural.
De los 27 países del grupo, 11 obtienen más de la
mitad de su gas de Rusia, por lo que enfrentarse a Moscú
significaría poner en vilo la economía de Europa,
en tiempos cuando los precios del barril de petróleo
se tambalean.
Por el momento la retórica de culpabilidad seguirá
incrementándose a medida que las partes en conflicto
quieran demostrar quién hizo mal o bien, o peor aun,
quién es más poderoso.
Para algunos se está dando la oportunidad de una UE
más ampliada hacia el Este, pero el interés ruso
por demostrar que no se deja intimidar chocará con la
visión europea de que todo se soluciona con diálogo,
defendiendo, claro está, sus intereses; pero el verdadero
riesgo es que la crisis termine por involucrar al mundo entero.
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