El contenido de la Ley de Telecomunicaciones seguramente será discutido luego del 23N
VÍCTOR SUÁREZ
Intenciones congeladas
Aparte de la generalizada protesta nacional ante el paquete
de 26 decretos-ley que el Presidente dictó a última
hora de su mandato habilitante, el contenido del que se le
quedó en la manga (Telecomunicaciones y afines, revelado
en esta columna el 17 de agosto), jurungó aun más
el avispero. En este caso sobrevino una especie de juego teatral
entre funcionarios gubernamentales que no lograron ocultar
las intenciones del Ejecutivo de regular in extremis los servicios
e imponer disposiciones que alguien calificó de contra
natura. El Tribunal Supremo avaló su carácter "orgánico",
con lo cual comprobó su existencia, pero la Asamblea
Nacional lo negó, aunque horas antes la ministra de Telecomunicaciones
lo había admitido: Días después el mismo Presidente
se ocupó de desechar su pertinencia. "¿Que yo necesite
una Ley (de Telecomunicaciones) para limitar la libertad de
expresión? Para nada", "cuando tuve la oportunidad de
oro para cerrarlos a toditos (los medios comunicación
en abril de 2002), no lo hice. No me la den otra vez", bramó
su advertencia.
Una semana después del aspaviento, los gremios, entes
y empresas involucrados aún no terminan de estudiar lo
que se ha constituido en un borrador de intenciones. Personalmente
pienso que ese proyecto se quedará deambulando en el
éter mientras pasa la tormenta electoral del 23 de noviembre,
y que luego de un período de consultas (que había
sido obviado en el primer amago) quizá sea sometido a
la consideración de la Asamblea Nacional durante el primer
semestre de 2009. Entonces el debate será más abierto
y mejor informado.
El ojo crítico nacional se ha enfocado en los aspectos
del proyecto que ha considerado más estatistas, punitivos,
controladores y lesivos a la libre competencia y a las libertades
de comercio, información y expresión. Sin embargo,
el ensamblaje legal filtrado a los medios contiene muchos
aspectos que en efecto requieren de un efectivo marco regulatorio,
el cual va mucho más allá que los relacionados con
las telecomunicaciones. Entre ellos se encuentran actividades
como el comercio electrónico, la certificación de
firmas electrónicas, la validez de la cédula electrónica
de identidad, definición de las instancias competentes,
la seguridad electrónica, la mensajería electrónica
y muchas más que contienen la electrónica como cognomento.
También requieren de regulación específica
las actividades del comercio y explotación de los recursos
satelitales, cuestión que está incluida en el proyecto.
También existen en el proyecto asuntos que por ser meros
anuncios (como el del punto único de acceso a Internet)
no necesariamente deberían formar parte de una ley, sino
de un reglamento, ajustado éste a las obligaciones y
previsiones internacionales que prescriben los organismos
encargados de la gobernabilidad mundial de la red. Y también
se acopian temas que el avance tecnológico podría
borrar en breve plazo (como la obligatoriedad de la utilización
de la Señalización Número Siete en las redes
de telecomunicaciones).
La ministra Socorro Hernández ha atinado al decir que
la creación del Ministerio de Telecomunicaciones (febrero
de 2007) requiere de "un piso (legal) para que pueda trabajar
mejor". En efecto, ese ministerio agrupa una serie de áreas
que obligan a una reestructuración de la burocracia.
Un ejemplo: Conatel, hasta ahora ente regulador de las telecom,
deberá extender su autoridad hasta los organismos que
regulan las actividades informáticas y los servicios
postales. Es pertinente el reacomodo burocrático, consecuencia
de la nueva estructura que crea.
Todas estas cosas y muchas más seguramente serán
motivo de una discusión más serena, dirigida a la
búsqueda de consensos, una vez que pase el vendaval sobrevenido
tras el descubrimiento de que alguna falla en las sincronías
gubernamentales permitió a la opinión pública
conocer y denunciar lo que se le quedó en la manga al
Presidente.
Digital en Colombia
Colombia eligió el jueves el estándar que regirá
la transición de su televisión analógica a
la digital. La Comisión Nacional de Televisión (CNTV),
organismo plural e independiente de toda tutela presidencial,
decidió que el formato será el Digital Video Broadcasting
(DVB), de origen europeo. En esa senda, hasta ahora, le acompaña
Uruguay. Se estima inicialmente una inversión de 220
millones de dólares para rehacer y habilitar las redes
públicas y privadas de televisión, que deberán
comenzar a transmitir en el nuevo formato a partir de 2010,
con la previsión de un período de 10 años para
que tenga efecto el cese de las operaciones bajo las tecnologías
que habían imperado desde que nació la TV (apagón
analógico).
La CNTV espera que en 24 meses, 25% de los colombianos accedan
a la señal digital de los canales privados abiertos,
pero no se aventuró a decir si esperaba igual disponibilidad
de las redes públicas.
Venezuela está en mora de ocho meses para anunciar su
decisión soberana, en un análisis de opciones que
no incluyó al estándar estadounidense. En Colombia,
durante dos años y medio de análisis y pruebas técnicas,
de impacto socioeconómico, encuestas a millón y
medio de televidentes, y tras siete viajes internacionales,
13 foros regionales y discusiones en el Parlamento, al descarte
fueron los formatos ATSC, desarrollado por EEUU; ISDB-T, por
Japón; DVB-T, por la Unión Europea; y DTMB, por
China.
"Colombia adoptó el estándar europeo por ser el
que mejor se ajusta a las necesidades de nuestros televidentes,
a la industria audiovisual y a la topografía colombiana",
dijo María Carolina Hoyos Turbay, directora de la CNTV.
"Buscamos tener mejor calidad de televisión para los
próximos 30 años".
La Unión Europea, a través de los organismos de
cooperación, complementó su oferta con elementos
imprescindibles para una negociación de este tipo: En
transferencia tecnológica, destinará apoyo financiero
para proyectos de investigación y desarrollo promovidos
por Colombia; instalación de una oficina para la asistencia
en la implementación de la tecnología, y, tercero,
de mucha importancia, otorgamiento de líneas de crédito
blando para financiar la digitalización de los radiodifusores.
No se prevén subsidios al público para la adquisición
de decodificadores ("son muy baratos y accesibles, esa es
la economía de escala mundial").
En sus alegatos a favor de la decisión, la CNTV señala
que el estándar DVB-T ofrece la posibilidad de implementar
servicios como movilidad, multicanalidad, alta definición
(HDTV), definición estándar (SDTV) e interactividad.
Además, que ya fue asumido por 120 países del mundo,
lo que garantiza una economía de escala que hará
que se traduzca en beneficios en materia de precios al televidente.
Adicionalmente, esto garantiza una muy buena oferta de proveedores
y apoyo técnico.
vvsuarez@cantv.net
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