Los ajustes solicitados por mayoristas y transportistas no se han concedido
MARIANNA PÁRRAGA
EL UNIVERSAL
La estatización de servicios como la electricidad y
la telefonía y el posterior anuncio de la toma de las
empresas productoras de acero y cemento le garantiza al Ejecutivo
el control sobre actividades productivas y rentables, particularmente
en los casos en que está involucrada la exportación
de materias primas.
Sin embargo, el proceso de toma de control de empresas relacionadas
con el mercado interno de combustibles no promete sino sumar
números rojos a las cuentas del Estado, al tratarse de
negocios que siguen tratando de nadar contra la corriente
de las regulaciones para evitar una estrepitosa quiebra.
El caso de los mayoristas de combustible -los que colocan
la marca a las estaciones de servicio- es uno de los más
ilustrativos, pues los márgenes de comercialización
de los cuales dependen sus ingresos están paralizados
desde 2002. Mientras a duras penas los dueños de las
estaciones y los transportistas de gasolina recibieron ajustes
en los últimos años, principalmente para cubrir
sus costos laborales, los mayoristas han tenido que hacer
maromas para rendir los BsF 0,00589 que les quedan por cada
litro vendido.
En consecuencia, las transnacionales que participan como
mayoristas en el mercado interno han paralizado el proceso
de inversión que iniciaron entre fines de los 90 y principios
de esta década, mientras que los privados nacionales
se han debido conformar con absorber las estaciones abandonadas
por otros.
Tras la salida de Shell en 2005 de un grupo de 190 estaciones
que abanderaba y el anuncio de Mobil de que traspasaría
90 gasolineras por la partida de Exxon Mobil del país
en 2007, las únicas transnacionales que se mantienen
activas, más por inercia que por interés, son BP
y Texaco con unas 180 bombas.
De ese modo, la mayor participación privada en el mercado
interno les corresponde a los mayoristas nacionales Trébol
Gas, Llanopetrol, CCM, Petrocanarias, Petrolia y Betapetrol,
que en conjunto abanderan unas 670 estaciones de servicio.
Son estas compañías, que sin distinción pasarán
a manos del Estado según la Ley Orgánica de Reordenamiento
del Mercado Interno de Combustibles Líquidos, las que
presentan peor situación económica.
Un estudio hecho en 2006 por la Cámara Venezolana de
Mayoristas de Hidrocarburos indica que para poner sus cuentas
en orden necesitaban para ese momento un alza de 93% en los
márgenes, que no se les concedió.
Flota barata
Mientras el costo de los repuestos sigue en alza y los fletes
se ajustan con suerte una vez al año, la situación
de las firmas de transporte de combustible podría calificarse
de precaria.
En 2006, el gremio pidió un ajuste de 0,00975 bolívares
fuertes por litro y se le concedió un aumento de BsF
0,003, un tercio de lo solicitado. En noviembre del año
pasado, y en medio de protestas laborales y amenazas de paro
de los choferes, el Ministerio de Energía y Petróleo
les permitió otro ajuste, esta vez de BsF 0,0031 en promedio,
que en su mayoría debió ser trasladado a los salarios
del personal.
Los efectos de la congelación de los márgenes de
los transportistas también son visibles: han salido de
circulación decenas de unidades, cuyo costo de reparación
no ha podido ser asumido por las compañías, las
rutas más largas cuentan cada vez con menos cisternas
y la compra de gandolas nuevas prácticamente se restringe
a las cooperativas, que han recibido laxos financiamientos
de Pdvsa.
Tal como ocurre con los surtidores y tanques adquiridos por
los mayoristas, el valor en libros de los activos de transporte
se ha depreciado aceleradamente. Consultado sobre las razones
que motivan a Pdvsa a hacerse de una flota casi obsoleta de
transporte, el titular del Menpet y presidente de Pdvsa, Rafael
Ramírez, indicó que por ahora eso es lo que hay,
pero a futuro la estatal petrolera prevé incorporar 15%
más de unidades.
Este fenómeno genera preocupación entre las empresas
sujetas a la posibilidad de expropiación que contempla
la nueva ley, pues su artículo 9° indica que sólo
se reconocerá el valor en libros y las inversiones hechas.
Para los privados, esto se traduce hoy en montos irrisorios
que no serán suficientes para compensar la pérdida
de sus compañías. Mientras, para Pdvsa significa
la absorción de actividades atomizadas y con poca o nula
rentabilidad, así como la obligación de trabajar
en forma directa y permanente con miles de dueños independientes
de estaciones de servicio, cuyos estados financieros se encuentran
tanto o más deteriorados que los del resto de los integrantes
de la cadena de comercialización del combustible.
"Los privados no pueden alegar que por culpa del margen no
están funcionando. Si no se les puede pedir que trabajen
a pérdida, el Estado restablecerá entonces el concepto
de servicio público que debe tener el mercado interno",
dijo Ramírez.
mparraga@eluniversal.com
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