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Producir ambiente
JOSÉ GERARDO GUARISMA ÁLVAREZ |  EL UNIVERSAL
sábado 30 de agosto de 2008  03:10 PM

El título de este artículo, pudiera resultar para muchos contradictorio, dada la  circunstancia que al hablar del ambiente, acostumbramos  referimos a él sólo en términos de conservación. Es hora de comenzar a observar al ser humano como un potencial factor beneficioso para el ambiente. Tenemos una matriz de opinión estructurada que nos señala de antemano que las actividades humanas son dañinas para el mismo. Establecemos o pretendemos establecer una conducta orientada a reducir el consumo de energía, a disminuir la emanación de gases de efecto invernadero como también el impacto de la polución en las grandes ciudades. Sin duda, tales acciones son importantes, diríase indispensables para disminuir la contaminación. Pero más allá de realizar acciones en la que todos coincidimos, creo que también es hora de replantearnos la situación, la de revertirla, a través de la solución que mencionamos en el título del artículo: producir ambiente.

Con esto queremos destacar una segunda línea de acción. Que no tiene que ver con exclusivamente mitigar, sino con mejorar activamente los estándares ambientales. Pensar que debemos redireccionar nuestras acciones, nuestras tecnologías, nuestro pensamiento y terminemos de actuar sobre el ambiente en términos de explotación. Debemos, antes bien con nuestras actividades, comenzar a realizar una acción inaplazable, tanto como la disminución de la emanación de  gases nocivos: se trata de sembrar ambiente. Se trata de sembrar agua, de sembrar árboles, de sembrar aire, se trata de crear ambiente.

En la naturaleza tenemos muy cerca de nosotros a las grandes maestras de la producción ambiental: las plantas. Ellas resolvieron el problema miles de millones de años antes de aparición del ser humano sobre la faz de la Tierra. Elaboraron sus finos  tejidos de carbono a partir de la extraordinaria utilización de la energía solar para romper las condiciones de un ambiente hostil y generaron la producción ambiental con una diversidad de posibilidades que permitió la supervivencia de la vida aún en medio de desastres catastróficos producidos por el impacto de cuerpos celestes como cometas, asteroides y meteoros.

De alguna manera, el reto que se le presenta a toda la civilización, es rediseñar su proceso de crecimiento en términos ambientales, creando tecnologías "verdes" orientadas a realizarse no solo protegiendo o resguardando al ambiente, sino también dirigidas a propiciar su desarrollo. Toda acción de producción de bienes o servicios que la especie humana realice y que no sea cónsona con el desarrollo ecológico, sencillamente le dará la espalda a la supervivencia de toda la vida sobre el planeta. De allí que una extensa área de conocimiento por desarrollar sea el relacionado con las interacciones que nuestras actividades tienen con los indicadores del ambiente. La clave se encuentra sin duda en el denso significado de la palabra equilibrio. De la sabia y profunda enseñanza natural, filosófica y espiritual que supone su aprendizaje real, depende el futuro de nuestra presencia en el universo.

Es por ello que la educación habrá que replanteársela en todos los aspectos. Porque hasta ahora, la tendencia ha sido la de abordarla a través de estudios aislados no relacionados, bajo el falso paradigma de la inconexión de saberes supuestamente de naturaleza diferente. El estudio de la creatividad ha dado al traste con esa forma de pensar. Hoy sabemos de la íntima relación entre arte y ciencia es indisoluble, que las preguntas de uno encuentran respuestas en el otro, que la comunicación en estas dos grandes búsquedas del pensamiento no son más que los brazos de una acción mancomunada, una acción en donde los rostros de Jano, el dios  bifronte, se reúnen para generar la creación humana.
Para producir los efectos esperados de esta nueva forma de educar, debemos prepararnos como docentes ambientales, para procurarnos las herramientas necesarias que nos permitan evaluar los resultados positivos de las acciones emprendidas por la sociedad en esa dirección. Para poder educar y reforzar conductas en la dirección correcta, debemos difundir, reconocer y premiar a quien lo haga bien, sin mezquindades. Si algo no admite egoísmo ni desconsideraciones, es el tratamiento del ambiente. Él nos revela que solo la armonía de la acción mancomunada en procura de su bienestar, puede representar para todos la mejor calidad de vida a la que aspiramos. Pero para eso debemos producir buenos resultados ecológicos. Para eso, debemos producir ambiente.

josegerardoguarismaalvarez@gmail.com
Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua



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