Hay quienes creen que hay que apoyar y hasta aplaudir incondicionalmente
al sector político al que se pertenezca, así no
estemos del todo de acuerdo con actuaciones o hechos particulares
de aquellos con quienes más nos identificamos. Es lo
que llamamos solidarizarnos 'automáticamente' con quien
sea y frente al hecho que sea, puesto que la condición
que deba llenar es estar en oposición a quien nosotros
mismos nos oponemos. Algo así como "los amigos de mis
amigos, amigos míos son, y los enemigos de mis amigos,
también son mis enemigos". Esto no tiene de ningún
modo por qué ser así. Viene esta referencia a las
manifestaciones que se escuchan, cada vez más, de lado
y lado en el ambiente político de todos los días.
Acabadas las Olimpíadas de Beijing, es difícil
entender que algunos compatriotas casi hagan burla de la actuación
de nuestros deportistas en China. Venezuela no ganó sino
una medalla de bronce, es cierto, pero eso debe llenarnos
de orgullo y jamás provocar risa. No se puede ser tan
ruin que nos alegremos por un revés que haya sufrido
Venezuela en su actividad deportiva, solo porque lanza al
suelo las aspiraciones del gobierno nacional al querer utilizar
a la delegación olímpica para sus fines políticos.
Eso es algo tan simple como alegrarse del mal ajeno, solo
que en este caso el 'mal ajeno' son unos muchachos que han
entrenado miles de horas para cumplir un sueño y que
no tienen por qué ser blanco de los aciertos o desaciertos
políticos de chavistas u opositores.
Por otro lado, y a pesar del escepticismo reinante en el
país en estos tiempos de candidaturas, no es precisamente
lo más beneficioso votar por un candidato cualquiera,
sea de la oposición o del chavismo, solo para evitar
que el bando opuesto gane algún espacio, a sabiendas
de que ese personaje no sea precisamente el más conveniente
para nuestro Municipio o Estado. No se puede votar a ciegas.
Es absolutamente incauto ser incondicionales con la mediocridad
o la ineficiencia a costa de nuestro bienestar. Y habría
que agregar que ha habido éxitos así como fracasos
en gestiones de servidores públicos electos por el pueblo
tanto en el Gobierno como en la oposición.
La 'incondicionalidad' es reprochable cuando esconde en su
conducta la maquiavélica frase de que "el fin justifica
los medios". Y en política, desafortunadamente, ha sido
una constante que nos ha costado caro a quienes exigimos algo
más de rectitud de intenciones en las mentes de quienes
se erigen como líderes populares, que no como mesas,
para sacar de una vez por todas este país para adelante.
anamariavaleri@gmail.com
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