CARACAS, viernes 29 de agosto, 2008 | Actualizado hace
Esta década ha sido la escuela de las verdades dolorosas.
La lección es que tenemos el gobierno que nos merecemos,
triste realidad que hemos de aceptar si algún día
aspiramos a tener algo mejor. Venezuela viaja por el siglo
XXI atrapada en una cápsula aislante, donde nada de lo
que se experimenta adentro tiene un vínculo sano con
ese mundo moderno donde están sucediendo cosas sorprendentes.
Las sociedades progresan y el progreso es un círculo
virtuoso que permite al hombre evolucionar.
Cuando existen instituciones, el ser humano progresa hacia
estadios existenciales superiores, afectándose lo más
íntimo de su esencia, mutando sus rasgos mentales y espirituales
hacia modelos nuevos, más enfocados en las preguntas
que en las respuestas. Stephen Hawking afirmó una vez
que todo el conocimiento que se ha logrado en los millones
de años que tiene nuestro planeta, no superaba ni el
1% de aquello que falta por conocer, de todos los misterios
que se asoman pero que aún no tienen respuestas. Bill
Gates sostiene que para avanzar, lo importante no reside en
las respuestas, sino en las preguntas que nos hagamos. Albert
Einstein no se cansaba en repetir que la imaginación
es más importante que el conocimiento, lo que significa
que solamente con el ejercicio imaginativo seremos capaces
de aportar nuevas respuestas, que encaminen al hombre en la
dirección correcta de su bienestar general.
La imaginación plantea los retos del mañana, las
respuestas simbolizan los niveles superados. Para que el ejercicio
imaginativo fluya, cualquier fórmula debe tener la misma
constante, que no es otra cosa que libertad. Con libertad
el hombre salvaguarda su esencia, es la mecha prendida del
alma, sin libertad el espíritu pierde su luz y queda
atrapado en las cavernas oscuras de la servidumbre.
Sociedad atrapada
En otros países hay personas diseñando cerebros
sintéticos, estaciones espaciales, trenes voladores, son
este tipo de personas las que elevan las expectativas de lo
que es posible, las que bañan al planeta en los lagos de
la esperanza. Pero en Venezuela hablar de estas cosas es parecer
extraterrestre. ¿Qué nos hace tener tan pocas expectativas?
¿Por qué se nos dificulta tanto respetarnos a nosotros
mismos? ¿Qué nos condena a la maldición de lo
mediocre, al subdesarrollo? La sociedad venezolana está
atrapada en un estadio primitivo, en esa cápsula aislante
que no es otra cosa que la máquina del tiempo averiada,
el vehículo que conduce en reversa hacia el mundo superado,
donde lo muerto cobra vida y lo vivo se va evaporando.
Tenemos una nación construida sobre mitos y leyendas,
nuestros pies caminan sobre la fantasía. Ocurre con nuestro
país que no se encara la realidad de lo que somos, se
recurre al disfraz para ocultar el miedo que no se desea confrontar.
La libertad es un trofeo del espíritu, un premio que
se gana con esfuerzo y valentía. Una persona que no se
atreva a explorar en su interior y confrontar sus temores,
será siempre un ser temeroso, incapaz de ser libre. Y
hay que ser valiente para lograrlo, porque no es fácil.
Para conocerse, el hombre tiene que superar el autoengaño,
verse a sí mismo con rigurosidad, siendo el crítico
más severo de su propia existencia. Al responsabilizarse
de sí mismo, el hombre pierde la necesidad de escaparse
a lo externo, no ansía que sea el otro quien le proporcione
la seguridad, que le convalide su vida y le reafirme su valía.
La madurez se logra cuando la persona no depende sino de sí
misma para confrontar los dilemas de la existencia.
Las sociedades son la fotografía de los individuos que
la conforman. La foto de una sociedad que progresa, consiste
en la pose sonriente de individuos libres, de personas que
hicieron el esfuerzo de asumir la responsabilidad de sus vidas
sin excusas, obviando las justificaciones tan típicas
de lo mediocre, esa inclinación a culpar a todos menos
a sí mismo de cualquier contrariedad atravesada en el
camino de la vida.
Lo que estamos experimentando es el fruto podrido que sale
de un árbol despreciado, de una sociedad que nunca se
ha tomado la molestia de pensarse en serio, de asumir la vida
con rigurosidad crítica, conociéndose de verdad,
confrontando sus demonios internos. La mitología griega
simbolizaba el interior de los hombres con la figura de monstruos
y serpientes. Solamente confrontándoles, podía vencérseles,
y únicamente tras esa lucha victoriosa el hombre podía
ser libre. Nuestros dragones y culebras somos nosotros mismos.
Esa incapacidad que tenemos de confrontar la oscuridad, el
miedo que nos da ser libres.
Lo más significativo de esta década reciente es
la connotada incapacidad de asumir las riendas de nuestras
vidas, la terca insistencia de buscar afuera lo que se encuentra
adentro. El caudillo es el mesías de las almas perdidas,
las que ansían la salvación porque están condenadas.
Una sociedad necesitada de salvadores está muerta, es
una sociedad esclava. Y Venezuela suelta el ancla en esa mar,
por eso se ahoga.
Salida electoral
¿Qué está haciendo la dirigencia? ¿Cuáles
son sus prioridades? Eso que llaman "oposición", ¿en
qué se diferencia de la morisqueta que hoy muerde el poder?
¿En qué rincón dejó abandonada la brújula
del destino? ¿Hacia dónde creen que debe dirigirse
Venezuela? La insistencia en una salida electoral a esta locura
que vivimos es la respuesta obvia cuando no se hacen las preguntas
correctas, cuando se dan patadas de ahogado por no haber aprendido
a nadar.
Una sociedad libre protege su libertad y la defiende con
la vida, porque sabe que sin ella nada vale la pena, cualquier
cosa que se haga sin libertad es lo mismo que vivir en un
cementerio. El miedo que no se confronta es cobardía,
la valentía es el miedo superado.
¿A qué le teme la sociedad venezolana? Todo lo
que vemos en el "poder" es un espejismo, fantasmas producidos
por las sombras del miedo. El niño que grita: "El emperador
está desnudo", lo hace porque no teme, el resto prefiere
verlo vestido porque esa ilusión les facilita el escape
de sí mismos, de la responsabilidad que implica ser emperadores
de su propias vidas.
Todo dirigente de una sociedad esclava es un ser de naturaleza
vil, alguien que se desprecia a sí mismo y, en consecuencia,
deprecia todo lo demás, por eso es el líder de los
esclavos, su más fiel representante. El escenario que
tenemos lo montamos nosotros. Cada quien en su esfera individual
decidió ser esclavo. Por eso los dirigentes no prometen
libertad, y sí aseguran perpetuar la esclavitud, ser
el nuevo caudillo, el gran salvador.
Venezuela busca "el líder" porque nuestra sociedad vive
de la magia, de los mitos y leyendas de un alma que, por cobarde,
se niega a crecer. La dirigencia venezolana insiste en salir
caminando por la puerta principal de una casa que está
ardiendo en llamas; Sunset boulevard, la anciana decrépita
que se cree diva.
Esta década lamentable es una escuela porque se han
impartido todas las lecciones de lo que somos, el porqué
llegamos a esto. Pero la desgracia reside en que en esta escuela
casi todos los alumnos son flojos, lanzan taquitos y hacen
burlitas a los compañeritos mientras muy pocos estudian.
Los alumnos de esta Venezuela buscan respuestas fáciles,
en chuletas; hacerse las preguntas es mucho esfuerzo. El día
en cada quien asuma su propio destino, ese será el día
en que cada quien será libre y Venezuela dejará
de ser esclava.
jcsa@post.harvard.edu
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