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Los cuentos de hadas
JULIO DÁVILA CÁRDENAS |  EL UNIVERSAL
jueves 28 de agosto de 2008  10:06 AM

Desde hace mucho tiempo el país viene oyendo cuentos que de no ser porque provienen  de quien conocemos, podrían ser calificados con entera justicia, de historias fantásticas que se ubican en un mundo irreal y lleno de maravillas. Es así como hemos oído la promesa de acabar con "los niños de la calle" en un año y han transcurrido casi diez sin que se haya dado cumplimiento al juramento de renunciar, si no lo lograba. Hoy, esos niños de la calle se convirtieron en azotes de barrios y aprendices en las cárceles.

Cuando se aproximan los procesos electorales se exacerba la vena de la imaginación, basta recordar aquella oferta, que se podría catalogar como una de las máximas expresiones de la cursilería política, que trató de  convertir el odio en amor; aquella de cambiarle el destino al Palacio de Miraflores para que funcionara allí una universidad; la de mudarse de La Casona para su antiguo apartamento y tantas otras. Mientras tanto, no se construyen calles en las ciudades, el tráfico se torna insoportable, los hospitales se deterioran cada vez más, lo mismo que las escuelas, pero sí hay dinero para construir refinerías y casas en Cuba, Nicaragua y Bolivia.

En estos días hemos escuchado que se va a comenzar la construcción de innumerables autopistas para mejorar la red vial del Guárico y más aún, se alza la voz para ofrecer la ejecución de una "superautopista" de seiscientos kilómetros que habrá de unir a San Fernando de Apure con Tucupita. Esos anuncios nos recuerdan la inauguración de cien universidades y la promesa de construir un millón de casas.

El problema estriba en la locuacidad del "generalísimo". Parece, a similitud del ex presidente mexicano Luis Echeverría, "un predicador que padece de incontinencia verbal, que tiene una necesidad 'casi fisiológica' de hablar para todo el mundo", como señalara en alguna oportunidad el intelectual mexicano Daniel Cosío Villegas, o quien creía "que su voz sería escuchada y atendida por todos los mexicanos, desde luego, pero también por los grandes monarcas y los poderosos jefes del universo". Echeverría, al menos, no tuvo rey que lo mandara a callar.

Por el camino que vamos, a los venezolanos nos quedan todavía muchos cuentos por oír, pero nos corresponde a nosotros desprendernos del cuentacuentos y comenzar a escuchar historias verdaderas y planes concretos que puedan ser efectivamente realizados. Para esto se hace necesario que exista un acuerdo unitario; que se dejen a un lado las aspiraciones individuales en detrimento del colectivo y se piense en el país y su gente. No estamos para cuentos de hadas, vamos a prepararnos para obtener aquello para lo cual estamos condenados: ¡el éxito!

jdavilac@cantv.net



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