Todas esas leyes son la saga de una gran equivocación que se le quiere imponer la sociedad
Estamos presenciando un nuevo episodio de esa carrera que
constituye la trama de la política venezolana de los
últimos años. La carrera entre, por un lado, un
Chávez que concentra poder y más poder, para disponer
de instrumentos de control y represión que le permitan
enfrentar el gran malestar que se va acumulando; y, por otro
lado, la constitución de una mayoría adversa al
proyecto político de ese personaje.
En cada uno de esos episodios, Chávez ha ido subiendo
la apuesta. Los poderes de los que en cada oleada se dota
parecen en cada ocasión definitivamente abrumadores.
"Ahora sí que llegamos al llegadero"; "ahora sí
que llegó el comunismo"; "ahora si que pasamos la raya
amarilla". Es una manera de verlo. Otra manera es contemplar
cómo cada uno de esos avances lo que deja es un gran
vacío por detrás.
Que cada uno de esos movimientos que parece correr más
allá la línea de lo que el gobierno controla, no
significa en realidad que Chávez y su círculo consolidan
sus posiciones, sino que multiplican mucho más allá
de sus verdaderas capacidades los trozos de terreno que supuestamente
toman bajo su control, con el resultado de que en realidad
no controlan bien casi ninguno.
Una permanente huida hacia delante que, en términos
militares, lo que hace es alargar mucho las líneas, haciéndolas
frágiles y quebradizas, debilitando cada vez más
cada uno de los eslabones. La ineficiencia se transmite, se
contagia y se potencia a lo largo y en el interior de esa
red con una gran rapidez, con crecimiento exponencial.
Estatizan Cemex, pero el Ministerio de la Vivienda sigue
siendo un emporio de ineficiencia. Lo será más,
en la medida en que estatizar Cemex obliga a trasladar a la
gerencia de esa empresa cuadros rojitos que escasean de lo
lindo. "Impresionante" la estatización del caso, pero
el resultado neto es que Cemex trabajará peor y lo mismo
ocurrirá con el pobre ministerio. ¿Es eso verdadero
poder? Otra: le quiere quitar a las gobernaciones y alcaldías
facultades, para concentrarlas en el poder central, que se
responsabilizará así de problemas que no va a poder
resolver, justamente por haber centralizado su solución.
No ocurre del mismo modo en todos los sectores. El sector
empresarial, por ejemplo, ve cómo en efecto se acumulan
requisitos, controles, trámites, que lo cercan, lo maniatan,
lo amenazan. Pero su reacción natural, no invertir, no
arriesgar, protegerse como puede, tiene como consecuencia
obligar al gobierno a multiplicar su presencia, regular más,
intervenir más, crear más "empresas", diseminar,
difuminar, sus pobrísimas reservas de talento.
Proliferan así las protestas por motivos que no hacen
sino crecer en número y variedad, ante un gobierno que
se las arregla para disminuir día tras día su capacidad
de resolver los problemas que dan lugar a ellas y al que esas
protestas sociales desorganizan y dispersan todavía más.
De esto no se debe concluir que hay que dejar que el gobierno
entonces "avance" y se debilite. Ni hablar. Afortunadamente,
no es así como ocurre la cosa. A cada paso que Chávez
da, el país que adversa ese proyecto se coloca a la altura
del nuevo episodio y presenta el combate que corresponde.
No como producto de ningún plan de resistencia, o de
alguna estrategia especialmente diseñada. Es la reacción
de una sociedad democrática cuyo instinto le dice que
debe combatir. Pero el que ello ocurra es esencial para que
esa dinámica debilitadora a la que hacía referencia
tenga lugar.
Que el gobierno no dé ni un paso en su afán de
controlarlo todo, sin que encuentre el desafío, la resistencia,
la denuncia, la demanda, el vituperio, la protesta, la exasperación
si es el caso, que el país logre poner en pie en cada
momento. Sin perder de vista las grandes ocasiones: el 23
de noviembre será uno de esos días donde toda esa
cadena de insatisfacciones, de malestares, podrá expresarse
concentradamente.
Todas esas decisiones, todas esas leyes de Chávez son
la saga de una gran equivocación en marcha, que se le
quiere imponer a una sociedad que no la admite. La carrera
de la que hablaba al principio la tiene perdida este mandón,
porque los problemas del país son reales, mientras que
la capacidad del gobierno es una entelequia que, mientras
más extiende su dominio nominal, en más anémica
se convierte.
La tiene perdida Chávez, porque quiere ir contra la
realidad de esta sociedad. Y, como leí en Proust
el otro día, "la realidad es el más hábil de
los enemigos".
dburbaneja@gmail.com
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