Los únicos que apoyan al Ineficaz son aquéllos,
que junto con él, se han vivido la petroplata recibida
en los últimos 10 años, que prudencialmente presumimos
totaliza unos 1.000.000.000.000 de dólares, equivalente
a 2.150 billones de bolívares (al cambio no censurado).
Es decir, más de 12 presupuestos del año 2008. Esta
cantidad habría sido suficiente para construir 20 millones
de viviendas, en Venezuela y a los precios actuales.
Por el contrario, lo único que ha hecho el Ineficaz
con ese dineral ha sido repartir la pobreza a más, incrementar
el desempleo real, destruir miles de fuentes de trabajo, patrocinar
el genocidio hamponil y resucitar enfermedades. Todas, tropelías
propias de los dictadores comunistas y enfiladas hacia un
único objetivo: concentración del poder material
en poquísimas manos; en el caso venezolano, en 2.
El Ineficaz ha ido reduciendo paulatinamente las oportunidades
de riqueza material a pocos. En tal virtud, la verdadera intención
de la destrucción de PDVSA, a través de despidos
antijurídicos de casi 20 mil trabajadores, fue acabar
con un importante sector de la clase media alta que ellos
representaban, quienes a su vez conformaban familias educadas
-de ahí su potencial peligrosidad- que fácilmente
contabilizaban unas 100 mil personas. A su vez, esa PDVSA
de verdad (no la rojita de mentirita del Ineficaz) era fuente
de trabajo indirecto de contratistas, que acomodaban un aproximado
de 500 mil personas más circunscritas a la actividad
petrolera de entonces. En un solo movimiento de tablero, el
Ineficaz dio al traste con 600 mil miembros de la casi extinta
clase media venezolana. ¡Una victoria nada pírrica!
En paralelo, el Ineficaz et al. han movido la riqueza alrededor
de pequeñas cofradías, muchas pertenecientes a la
invernante y comunista clase profesoral, albergada en las
universidades nacionales y pendejamente subvencionada por
la IV República por más de 40 años. La mayoría
son miembros del despoder público. Sin embargo, la jugada
maestra fue enseñar la zanahoria al burro, quien ahora
se siente poderoso con sus soles, y con su injustificado y
abultado patrimonio.
En pocas palabras, el Ineficaz ha usado la riqueza de todos
los venezolanos para dar felicidad a muy pocos. Si así
son las cosas, debemos concluir que algo más deberá
estar sucediendo en Venezuela y con los venezolanos, porque
jamás 2 millones de personas felices suman más que
26 millones infelices. ¿Será que algunos juegan
con dos camisetas, que se cambian durante los recesos… electorales?
Con tanta petroplata en sólo 2 manos, es de perogrullo
esperar que la comunidad internacional ni se inmute ante las
acciones tiránicas notorias del dueño de las manos.
Ejemplos: ¿Qué le importó al Rey abrazar al
Ineficaz por unos nanosegundos, si tal abrazo costó mucho
oro venezolano? ¿Qué interés tendría EEUU
en exterminar rápidamente al Ineficaz -como lo hizo con
Hussein- si los 100 mil barriles diarios de petróleo
venezolano los recibe puntual y dócilmente?
¿Se arriesgaría EEUU a cambiar de proveedor confiable
por uno democrático, que potencialmente pudiera echarle
vainas? De hecho, esa fue precisamente la garantía que
presuntamente su embajador arrancó al lloroso Ineficaz,
la gatopardiana y mágica madrugada del 16 de agosto de
2004.
Por ello es que nuevamente emplazo a la clase media venezolana,
a la Iglesia, los estudiantes, los obreros y campesinos, a
aplicar YA el 350 constitu-cional. Nadie recuperará la
República por nosotros.
Abogado/ romerromero@interlink.net.ve
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