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Un sacerdote en la presidencia del Paraguay
JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE |  EL UNIVERSAL
miércoles 27 de agosto de 2008  01:05 PM

Después de 61 años de dictadura del Partido Colorado, llega a la presidencia del Paraguay, un país oprimido y con un alto índice de pobreza, Fernando Lugo Méndez, un hombre nacido en el seno de una familia humilde, quien  abrazó el sacerdocio en su juventud, llegando a ser obispo de San Pedro, una región abandonada a su suerte desde siempre. La vocación política del nuevo mandatario es la consecuencia  de su propia sensibilidad social puesta en contacto con la realidad apabullante de la marginalidad y la injusticia en regiones apartadas del Ecuador y Paraguay donde, principalmente, le tocó ejercer su apostolado como sacerdote y misionero. Conoce además, la teología de la liberación,  con la cual estuvo en contacto a través de monseñor Leonidas Proaño, conocido como "el obispo de los pobres" en los Andes ecuatorianos. Se trata pues de un representante progresista, para decirlo en términos convencionales, de la Iglesia católica paraguaya, lo que lo ubica  predeciblemente en el sector de la izquierda latinoamericana. Aunque él ha tratado de evitar las etiquetas reduccionistas y simplistas que lo colocan en la órbita  de Lula o de Chávez, la sombra de este último ya se  ha dejado ver sobre el nuevo presidente, acompañándolo en algunos recorridos por el interior del país y prometiendo su consabida dosis de petróleo al pueblo paraguayo. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla de explicar como parece. Ideológicamente visto, Lugo tiene mucha más  formación y consistencia  intelectual, lo que no es óbice para que en lo sustancial, como lo es la erradicación de la pobreza y la marginalidad social, pueda coincidir con las políticas de sus gobiernos vecinos, incluido el de Evo Morales en Bolivia.

El caso de un cura alcanzando el poder, se puede decir que no es inédito en la América Latina, a pesar de que el antecedente de Jean-Bertrand Aristide en Haití,  se puede considerar un tanto diferente. "Titid", apodo que le dieron en el barrio de La Saline donde ejerció como párroco, se hizo sacerdote en 1983, a los 30 años, a nuestro modo de ver sin mucha vocación religiosa, siendo expulsado en 1988 por los Salesianos debido a su actividad política de franca exacerbación de las masas  y en abierta contradicción a su condición de clérigo. En realidad, Aristide fue un político bien educado en Haití y Europa y que terminó siendo presidente de su país y cuyos resultados conocemos todos. La situación de Lugo es diferente si se quiere, ya que este último ejerció el sacerdocio por 30 años y fue después de mucho tiempo que decidió renunciar a su obispado y al ministerio sacerdotal para hacer campaña política en contra del presidente paraguayo Nicanor Duarte y lanzarse a la carrera presidencial. No sin enfrentamientos con el Vaticano, fue sólo a raíz de su elección como presidente y forzado por las circunstancias, que el Papa Benedicto XVI le concedió la renuncia, primera vez en la historia, de su carácter clerical, obligaciones sacerdotales incluidas, por ser estas incompatibles con su nueva jerarquía política.

La teología de la liberación, amén de la fase teórica de conceptualización, había tenido hasta ahora manifestaciones políticas diversas ejercidas desde el sacerdocio, algunas de ellas al margen de toda regla  canónica o de derecho; pero por primera vez,  un sacerdote (la renuncia a la clericalidad  es una mera formalidad, pues el sacerdocio es para toda la vida), alcanza la máxima posición de un gobierno para luchar contra la injusticia  con el poder legítimo del pueblo y la legalidad de las instituciones en sus manos. Pasar de ser un mero portavoz de las desigualdades y de las inequidades de una comunidad, un testigo con ética y capacidad de entrega al prójimo, a ser un  dirigente con el compromiso, no solamente moral y social, sino también legal, de buscar soluciones a los graves problemas que arrastra el Paraguay desde hace tiempo, no va  a ser tarea fácil, pero tampoco imposible, como lo reconoció el propio Lugo el día de su juramentación.

La teoría y la praxis tienen sin embargo en Lugo y el Paraguay su gran oportunidad y escenario. En palabras de uno de los máximos exponentes de aquella corriente del pensamiento teológico-existencial latinoamericano, el jesuita Ignacio Ellacuría: "En la praxis histórica es el hombre entero quien toma sobre sus hombros el hacerse cargo de la realidad, una realidad deveniente" (…) "la verdad de la realidad no es lo ya hecho; eso sólo es una parte de la realidad". (Filosofía de la realidad histórica).   Fernando Lugo es ese hombre que se hará cargo de esa realidad socioeconómica paraguaya, con  60% de la población en estado de pobreza. Será él quien la tome sobre sus hombros… la verdad está por hacerse. Y es precisamente en el desarrollo y puesta en marcha de esa praxis, donde estará también su principal obstáculo a vencer.

xlmlf2@gmail.com



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