Dalia Contreras regresó al país con la única presea criolla lograda en Pekín
JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ
EL UNIVERSAL
Cuando Dalia Contreras viajó a Pekín, lo hizo como
una representante marginada por los pronósticos en la
delegación venezolana. Era, sencillamente, la otra dama
dentro del taekwondo, después de la laureada Adriana
Carmona, única criolla con dos medallas olímpicas.
Ayer, la misma Dalia regresó al país, pero fue
recibida como una reina, por la puerta grande, y recibiendo
aplausos como cualquier estrella de cine.
No era para menos, se trataba de la única atleta venezolana
que logró una medalla en Pekín, la que puso al país
en el medallero, y le dio final a la amarga espera de todos
aquellos que se trasnocharon, con tal de ser testigos de las
"medallas que prometieron".
Dalia como que lo sabía, porque lo primero que dijo
públicamente, fue "gracias Venezuela por el apoyo y este
recibimiento". Lo hizo pegada a su madre, Carmen Teresa, a
quien le colocó la medalla de bronce, como diciéndole
"me gradué".
Una pequeña tarima se colocó en el terminal del
aeropuerto Simón Bolívar de Caracas, para recibirla
con música de su tierra natal, la larense. Y es que el
escenario estaba en torno a ella, con la pantalla gigante
rememorando su proeza olímpica.
Luego de las notas del Himno Nacional, fue llevada junto
a su "anillo de seguridad" a la rueda de prensa.
Acompañada del resto de taekwondistas olímpicos,
además de los representantes del canotaje, Dalia escondió
el cansancio del largo viaje desde Asia, con una contagiante
sonrisa, la cual no se perturbó durante la ronda de preguntas.
"No fui la favorita, así que no tuve ninguna presión,
sólo me sentí decepcionada cuando perdí el
combate y tuve que ir al repechaje. Luego pude mentalizarme
y ganar el bronce", detalló la misma que en Atenas 2004
quedó eliminada en los cuartos de final, a tiro del medallero.
Su bronce llegó en el mismo día de su cumpleaños
25, por lo que su celebración fue múltiple. "Me
quedé muda como por media hora tratando de asimilar lo
que había hecho. Luego recibí la llamada de mi mamá
cantándome el cumpleaños y ahí me puse más
chiquitica (risas)", detalló la competidora de la categoría
de 49 kilos.
El trabajo en equipo
Para Dalia, la unión de la delegación de taekwondo
ha sido vital en su logro, y así lo reconoció en
el acto.
"Hung Ki Kim (presidente de la Federación) ha sido como
un padre para mí. Nuestro equipo siempre estuvo junto,
dándonos apoyo y esa ha sido la clave del éxito
de este deporte".
El arduo trabajo de Dalia llegó a su meta, y de momento,
no quiere hablar de su agenda futura en este deporte. "Ahora
voy a Puerto La Cruz, donde me espera mi otra familia", soltó
mientras se retiraba custodiada por los de seguridad.
En tierras orientales le espera su novio, el también
taekwondista, Quidio Quero. El sábado viajará a
Lara.
En oriente u occidente, también será tratada como
reina.
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