Los Ángeles.-Jason Statham vuelve a
ponerse tras un volante en el filme futurista "Death Race",
que se estrena este viernes en EEUU, en el que presos condenados
a cadena perpetua compiten como pilotos gladiadores en carreras
a muerte por su libertad.
La película, basada en una adaptación de "Death
Race 2000" (1975) protagonizada por David Carradine y Sylvester
Stallone, recupera la estética apocalíptica de una
sociedad decadente y postindustrial que fuera popular en producciones
de Hollywood en los 80.
En esta ocasión, el papel principal recae sobre Jason
Statham, un actor que se siente como pez en el agua en películas
de acción, especialmente cuando hay coches de por medio.
Este intérprete, de origen británico, es el "tipo
duro" de la saga "Transporter" -la tercera parte llegará
a los cines en noviembre-, en la que conduce un BMW, y también
aparece en "The Italian Job" (2003), donde los vehículos
Mini forman casi parte del reparto.
En "Death Race", Statham se pone en la piel de un ex piloto
de fórmula Nascar (Jensen Ames) que es acusado falsamente
de asesinato y termina encerrado en una prisión de alta
seguridad.
La única opción del protagonista para probar su
inocencia será competir en las mortíferas carreras
que organiza la directora de la cárcel Isla Terminal
(Joan Allen), que se han convertido en un fenómeno de
máxima audiencia a través de sus retransmisiones
por internet.
Hennessey, el personaje de Allen (actriz de "The Bourne Supremacy",
2004, y "The Bourne Ultimatum", 2007) garantiza la libertad
al recluso que gane cinco carreras en una competición
en la que todo vale para llegar a la meta.
"Ésta es la clase de película de autos que
yo querría ir a ver. He hecho otras de las que estoy
muy orgulloso, pero esta ciertamente encaja con mi gusto personal
y me gastaría los 10 dólares de la entrada", aseguró
Statham.
El director del filme, Paul W.S. Anderson ("Resident Evil",
2002, "AVP: Alien vs. Predator", 2004), que también desempeñó
tareas de productor y guionista, explicó que su intención
con "Death Race" era reinventar las películas de coches.
"Yo soy de una generación de cineastas que viven en
los efectos digitales pero creo que los espectadores están
un poco cansados de esto, la idea era hacer algo como 'The
French Connection' (1971), donde las carreras de coches eran
reales y esa era su fuerza, los accidentes se producían
de verdad", comentó.
Los vehículos utilizados, inspirados en modelos fabricados
desde los años 50, fueron construidos y modificados para
parecer manufacturados en un taller de una cárcel en
la que los "presos no tienen nada que perder y sí mucho
que ganar si corren", dijo Anderson.
"Son como los gladiadores de nuestro tiempo y el circuito
es el coliseo. Statham, además, tiene el perfil duro
de aquellos jóvenes (Charles) Bronson, (Clint) Eastwood
y Steve McQueen", señaló el director.
La película presenta a una Joan Allen encarnando a una
mujer perversa, algo que no es habitual en esta actriz, y
el debut en un largometraje de la joven latina de origen cubano
Natalie Martínez, cuyo personaje hace las veces de copiloto
de Jensen Ames.
La trepidante historia guarda muchos paralelismos con "The
Running Man" (1987), protagonizada por Arnold Schwarzenegger,
en la que en un futuro próximo (2019) unos reos son forzados
a participar en un programa de televisión que tiene como
premio la libertad, si sobreviven, reseñó Efe.
"Death Race" rememora así mismo la rudeza de sociedades
en declive que reflejaron clásicos del cine como "Blade
Runner" (1982) o "Mad Max" (1979).