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CARACAS, domingo 17 de agosto, 2008 | Actualizado hace
 
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| Entrevista // Leonardo Henríquez
El infierno Voltaire

"Creo que lo que vivimos actualmente es una comedia trágica"

Leonardo Henríquez rodó por segunda vez en el páramo merideño. En Mucuchíes transcurre el devenir del Cándido más andino de la historia
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ROBERT ANDRÉS GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
domingo 17 de agosto de 2008  12:00 AM

ROBERT ANDRÉS GÓMEZ

EL UNIVERSAL

Desde 1999, Leonardo Henríquez no se ponía tras la cámara para entregar un nuevo largometraje. Sangrador (1999), versión "libérrima" del Macbeth de William Shakespeare, fue un ejercicio que llevó al personaje isabelino a los valles del páramo. Atrapado por los clásicos y las montañas merideñas, Henríquez encierra ahora en pleno Mucuchíes las virtudes y desventuras de Cándido, el desgraciado personaje de Voltaire, víctima de El infierno perfecto.

-Después de Macbeth, el Cándido de Voltaire.

-Siempre quise estar bien acompañado... También ocurre que esas historias son cada día más contemporáneas. Creo que lo que vivimos actualmente es una comedia trágica, con momentos difíciles, pero tan surrealistas que causan hilaridad. O sea, tiempos muy volterianos.

-El infierno perfecto a fin de cuenta qué es: los celos, la avaricia...

-Es la historia de un joven con un extraordinario naufragio existencial.

-¿Cómo llevó el uso de los planos digitales...

-La manipulación de la imagen fue total. El trabajo lo hizo uno de mis alumnos de la Escuela de Medios y, de un solo golpe entré en el siglo XXI. Fue una experiencia rimbombante y muy económica. Creo que no hemos gastado más de 300.000 millones de aquéllos. El infierno es una producción en video digital, muy manoseado, con una estética barroca a veces.

-En se echa de menos al Leonardo Henríquez más incisivo.El infierno perfecto

-Es cierto, por pudor abandoné el cinismo. Recuerda que vivimos una revolución asombrosa, y no hay sino que escuchar a un ministro para provocar renunciar al cinismo. Son insuperables.

tiene mucho de Diego Rísquez. ¿No siente que le ha robado un poco la película?-El infierno perfecto

-Esa pregunta me recuerda el cuento de Woody Allen cuando decía que si Bacon escribió la obra de Shakespeare, entonces quién escribió la de Bacon... pero, en realidad, las películas de Diego las dirijo yo.

-Hay algo de "infierno perfecto" en el cine venezolano.

-Mis rodajes nunca han sido un infierno, y algunas veces han sido casi perfectos. Mis dos últimas películas las produjo Alberto Arvelo y fue una garantía de profesionalismo. Nombres como Rísquez, Jawosrki, Gramitto hicieron del rodaje un paraíso. En cuanto al cine que se realiza hoy, algo está siendo olvidado: el cine de autor. El problema consiste en que, muy a menudo, el cine actual fracasa en la taquilla y, por las concesiones, también en el contenido, produciendo peliculitas insulsas.

-¿Cómo está la cosecha de nuevos realizadores egresados de la ULA?

-Seré positivista. Muchos de los egresados están trabajando en el mercado audiovisual y se han ganado una merecida fama de talentosos. Es curioso como estos jóvenes entienden el fenómeno de la imagen, algunos son irreverentes y otros intentan narrar de forma clásica pero con contundencia generacional. Veremos qué pasa cuando crezcan, y no se desmoronen en la tentación de películas por encargo.

-¿Y en el resto del país?

-Admito, con complejos, que se está haciendo un esfuerzo enorme para producir más películas. Sería mezquino negar esa realidad. Pero, quizá, porque es mi oficio, pueda criticar los mecanismos de producción y la tontería de que debemos realizar un cine nacionalista. Cuando Chalbaud indagaba en la realidad, en la violencia y sus consecuencias, era visto como cine autoral, comprometido, muy honrado y sacralizado. Ahora bien, cuando se hace Secuestro Express algunos la llamaron basura porque mostraba lo miserable del país, como si ahora todo fuese distinto. Que alguien nos explique esa vaina... La cultura oficial jamás puede ser una panacea para no mostrar el país tal cual es. Entonces nos vamos atrás, a las engañosas historias, para realizar cine de encargo porque a algún funcionario se le ocurrió un día que esos son los temas más convenientes... Entonces, si prevalece el dogmatismo, esto terminará en la insólita circunstancia de que el cineasta o filma con miedo o será un soberano oportunista.

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