"Pataleé, lloré, mis amigos tuvieron que aguantarme. Dejar de hacer la voz de Homero fue para mí como un divorcio"
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(Foto: N. Rocco)
JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
"¡Maldita sea!". Fue lo primero que dijo Humberto Vélez
cuando en mayo de 1990 un delegado de la cadena Fox le señaló
con vehemencia mientras gritaba en inglés "¡Eso, eso
es exactamente lo que estábamos buscando!".
El mexicano había sido escogido para doblar en español
a quien con el tiempo sería el personaje animado más
popular del Planeta: Homero Simpson. Sólo que él
al principio lo odió, y se dijo a manera de consuelo:
"Lo bueno es que en tres meses Los Simpsons irá
al cementerio de series olvidadas y no tendré que hacer
más a ese estúpido mono".
Los tres meses se convirtieron en quince años y el odio,
como tantas veces sucede, devengó en amor. Un amor tan
fuerte que cuando un problema sindical entre su empresa de
doblaje y el Sindicato de Actores hace cinco años lo
separó para siempre de Homero Simpson, Vélez lloró
y se emborrachó. Los últimos quince años de
su vida habían girado en torno a ese personaje, y de
pronto no tenía bajo sus pies piso para sostenerse, para
bailar ni para dar el salto. Era el peor de los divorcios.
Vélez pudo reencontrarse con sus seguidores, durante
la visita a Caracas que realizó el pasado fin de semana
como invitado especial de la III Convención del Cómic
Japonés. Todavía hoy tiene el consuelo que le brinda
cada fan que le conoce. Varían las caras pero no la frase;
todos le dicen: "Homero Simpson eres tú". Él ha
terminado creyéndoselo a fuerza de escucharlo. Para casi
todos los que crecieron viendo la legendaria serie, las voces
de hoy son hechas por farsantes.
-¿Qué le parece la voz actual de Homero?
- Nunca la he escuchado, pero en cualquier caso no puedo
ser objetivo en este tema. Por lograda que sea, jamás
voy a creer que es mejor que la mía. Modestia, por favor
apártate, ya ves. Pero una cosa puedo decir: a quien
hoy hace de Homero en español no lo conoce nadie, y a
mí, 5 años después, me siguen invitando para
talleres de doblaje en todo el mundo.
-¿Cómo llegó a ser la voz de Homero Simpson?
-Por casting. Un señor de Fox tenía tiempo buscando
una voz para Homero, y un día se presentó en la
compañía Audio Master 3.000, donde yo trabajaba.
Cuando me tocó el turno, él se volteó para
no verme y yo empecé a hacer mi interpretación.
De repente se voltea y grita. "That's exactly what I want".
A mí no me gustaba el personaje y pensé que fracasaría.
Por suerte para el mundo, me equivoqué.
-¿Por qué escogió esa voz?
-Homero tiene un ligero retardo, y eso se tiene que notar
cuando habla. Luego toma cerveza y fuma, lo que achatarra
la garganta. Tiene algo de libidinoso y no tiene control sobre
sí mismo, de ahí los altos y los bajos en sus expresiones.
Todo eso traté de expresarlo en su voz.
-¿Por qué dejó de doblarlo?
-A todos nos sacaron. Fue un lío sindical en el que
no teníamos nada que ver porque nosotros no pedíamos
nada. La Fox presionó y dijo que el doblaje se hiciera
con cualquiera, y eso fue precisamente lo que hicieron.
-Corrió el rumor de que el grupo original doblaría
la película aunque ya no estaba haciendo la serie...
-Eso no pasó de ser un buen deseo de nuestros seguidores.
-¿Acaso un doblaje no puede hacerlo cualquiera?
-Eso es lo que se piensa y es lo que se hace para justificar
los pésimos sueldos: contratar a cualquiera. Pero miren
los resultados. Un buen doblaje tiene que ser llevado a cabo
por personas que tengan formación actoral. Doblar es
actuar. Yo no sólo hice la voz de Homero, yo fui Homero
y, como me dice toda persona que me topo en la calle, soy
Homero. En mi caso fue además una vocación, pues
aunque estuve y aún estoy en el mundo de la actuación,
desde los 11 años supe que lo mío era el doblaje.
-¿Aún trabaja en ese campo?
-Claro. Soy Winnie Pooh, Tony Soprano, el papá de Ugly
Betty, Saúl en Brothers and Sisters y un personaje
de Naruto cuyo nombre no recuerdo. También doy
clases de doblaje en el Forum Shakespeare.
-¿Extraña a Homero?
-El primer año lo extrañé muchísimo,
tanto que me hacía gracia. Fue como una ruptura amorosa,
tal cual: lloré, pataleé, mis amigos tuvieron que
aguantarme. Ahora ya lo superé, pues estoy en otras cosas,
aunque creo que ya para siempre la gente me identificará,
sobre todo con Homero. A la distancia lo veo como un matrimonio
que duró 15 años, con la ternura con que recordamos
a alguien que nos ayudó a crecer, a ser mejores.
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