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Dolor y rabia
ALBERTO MORYUSEF |  EL UNIVERSAL
martes 22 de julio de 2008  06:19 PM

Israel y el pueblo judío están de luto por la confirmación de la muerte de dos de sus hijos, los soldados Eldad Regev y Ehud Goldwasser. Habían sido secuestrados en la misma acción en la que fueron muertos sus compañeros de patrulla, cuando fue atacada sin provocación dentro de territorio israelí en el verano de 2006, acción que desató la segunda guerra del Líbano. Después de matarlos, los terroristas retuvieron sus cadáveres a sabiendas de que para Israel el cuerpo sin vida de uno de los suyos tiene un valor casi tan infinito como el de la vida misma. La distorsionada mente de Nasrallah, el líder del  Hezbollah, sabía que los podía usar como moneda de cambio de colegas presos en Israel. Al hacerlo, estos terroristas, amparados por los gobiernos del Líbano, Siria e Irán, y la complacencia de medio mundo, confiesan a sí mismos lo poco que valen.

Los cuerpos fueron devueltos como resultado de un intercambio de prisioneros acordado con la organización criminal, quien llegó al clímax del cinismo y la crueldad al dejar abierta hasta último minuto la posibilidad de que estuvieran vivos. No tuvieron reparos en presentarse ante la Cruz Roja con un par de ataúdes.

Al dolor de la pérdida en Israel se une la consternación que produce ver como la triste escena de la entrega de los cuerpos es seguida por los festejos en el Líbano y los territorios palestinos por la liberación por parte de Israel de cinco terroristas convictos y confesos, incluyendo al asesino de niños Samir Kuntar, quien pagaba cadena perpetua desde 1980. Las felicitaciones a Kuntar salieron incluso de la oficina del presidente de la Autoridad Palestina, el socio "moderado" con quien cuenta Israel para llegar a la paz con los árabes palestinos. El paquete que Israel devuelve incluye decenas de cadáveres de otros "combatientes" árabes.

Mientras tanto, otro soldado israelí, Guilad Shavit, sigue secuestrado desde hace dos años, quién sabe en que condiciones, por las milicias del Hamas que han hecho de Gaza su predio de terror.

Desde este lado del mundo nos toca adicionalmente presenciar como algunos medios de comunicación, principalmente los oficialistas, mediante el manejo intencionado del lenguaje y la distorsión de los hechos, se ponen del lado de los terroristas. No hay mejor manera de atragantarse el desayuno que viendo la cobertura de las noticias del Medio Oriente que hace Telesur.

El intercambio de los soldados muertos por terroristas palestinos vivos y coleando responde quizás, además del deber del Estado de darles sepultura y terminar con dos años de agonía para sus familiares y amigos, a la agenda de las veladas conversaciones de "paz" con Siria. Se entrecomilla paz, pues la política de esa región ha demostrado que esa palabra no siempre significa lo mismo que  shalom para los judíos. Por eso, ver liberar asesinos a cambio de promesas es difícil de aceptar.

Intentemos entenderlo a través de Smadar Haran, viuda y madre de las tres victimas del  sangriento debut de Samir Kuntar en 1979. En días pasados la señora Haran, a raíz del anuncio del posible intercambio, le sugirió al gobierno de Olmert proceder. "Les pido que no piensen en mi dolor personal" escribió "y que tomen decisiones de acuerdo con el interés del Estado".

Un Estado de Israel que hoy llora a Eldad y a Udi, con la misma fuerza que reza por el regreso de Gilad sano y salvo.

moryu@unete.com.ve



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