Muchos de los centros médicos disponían de sistemas propios hace una y dos décadas. El profesor de las cátedras de Economía ambiental y Residuos y desechos de las universidades Metropolitana y Simón Bolívar, Vladimir Valera, señala que "la idea era que cada uno de los grandes dispensarios tuviera su propio sistema y sirviera para asistir a otros centros de salud de la zona". Pero el tiempo pasó y la mayoría de esos dispositivos se dañaron.
El hospital Domingo Luciani y hasta algunas empresas funerarias asumieron la tarea por un buen tiempo. En estos momentos, no obstante, toda la basura que sale de los hospitales caraqueños está centralizada en el relleno sanitario de La Bonanza.
Una flota de 10 camiones a cargo del Ministerio del Ambiente, así como otras de empresas privadas como Fospuca y Cotecnica están encargadas de trasladar los desechos hospitalarios al basurero municipal. "El Ministerio del Poder Popular para el Ambiente asumirá la tarea mientras exista este problema", señala el viceministro de Conservación Ambiental, Jesús Alexander Segarra.
El director de la Corporación de Servicios Metropolitanos de la Alcaldía Mayor, Florentino Rodríguez, añade que los restos patológicos son desintegrados en dos incineradores que desde hace más de un año fueron instalados en La Bonanza. Los desechos tóxicos y peligrosos son enterrados, por su parte, en un área especial de ese mismo terreno, a la que llaman celdas de seguridad.
Lo ideal es esterilizar los desechos tóxicos y peligrosos antes de que sean enterrados. "El problema es que se trata de tecnologías muy costosas", resume Valera para explicar por qué en la mayoría de los países de América latina carecen de autoclaves, una suerte de olla de presión que somete los objetos a altas temperaturas. En La Bonanza cuentan, sin embargo, con esa tecnología a pesar de que se encuentra arrumada.
El gobierno de Alfredo Peña la adquirió junto a otros siete incineradores, de los cuales sólo han instalado dos. Rodríguez tiene sobre su escritorio una torre de carpetas con los planos de lo que pudiera ser la primera planta de procesamiento de desechos hospitalarios del área metropolitana.
Se trata de un proyecto celosamente guardado, del que advierte que sólo espera por 10 millardos de bolívares. Han pasado tres años, entretanto, y la plata no llega en el preludio de unas nuevas elecciones. Ni en tiempos de campaña hay recursos para el ambiente.